Estado de emergencia: Sin agua ni alimentos, familias de Somalia abandonan sus tierras

Sin agua ni alimentos, familias de Somalia abandonan sus tierras

En Somalia, los animales de granja están muriendo. Los pozos de agua se han secado; los cultivos han fracasado. Sin comida, agua o dinero, la gente atraviesa sus tierras a través de un largo y seco recorrido hasta la ciudad más cercana, en busca de ayuda.

Una sequía de dos años -la peor desde la década de 1970 en el golpeado norte de Somalia- causó la muerte del 75 por ciento del ganado del país y dejó a los pastores desamparados. En el sur, mayormente controlado por el grupo extremista Shabab, vinculado con Al Qaeda, la situación es casi igual de sombría.

Más de la mitad de la población estimada del país, cerca de 12 millones, necesita ayuda de emergencia, lo cual marca un fuerte aumento de la cifra registrada en septiembre pasado, cuando se estimaba que cinco millones de individuos estaban en situación de urgencia. Somalia ha declarado el estado de emergencia para cerca de 336,000 niños con desnutrición severa.

Según organizaciones de ayuda humanitaria, la crisis del hambre es una señal de la catastrófica hambruna de 2011, cuando 260,000 personas murieron, mayormente mujeres y niños, muchos de ellos por no poder salir de las zonas controladas por Shabab. La nación necesita ahora una afluencia masiva de ayuda.

“Estamos sin duda en una crisis, pero la situación empeorará, especialmente si las lluvias de abril no son fuertes”, afirmó el Dr. Fatoumata Nafo-Traoré,  director de la Federación Internacional de Sociedades de la Media Luna Roja (IFRC, por sus siglas en inglés) para África. “Necesitamos actuar con decisión, masivamente, y debemos hacerlo ahora si queremos evitar una repetición de las terribles escenas de 2011”.

Las advertencias de la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna fueron en gran parte ignoradas por la comunidad internacional en 2011. Esa actitud es considerada por muchos como la causa del fallecimiento de tantas personas. Frente a los mismos signos de advertencia esta vez, las organizaciones humanitarias esperan ahora poder hacer las cosas bien.

Sin embargo, una explosión de diversas crisis en África ha puesto bajo severa presión tanto a las agencias de trabajo humanitario como a los donantes. Más de 17 millones de personas en el Cuerno de África y África oriental necesitan ayuda, y otras emergencias también se registran en Nigeria, el sur de África y Madagascar. En algunos países, Nigeria y Sudán del Sur, la crisis ha sido desencadenada por las luchas.

En Kenia, el gobierno declaró la emergencia nacional el pasado jueves, y Etiopía se enfrenta a su mayor sequía en medio siglo, informó Nafo-Traoré. Sudán del Sur también declaró la emergencia.

Desde la caída del dictador Mohamed Siad Barre, en 1991, Somalia ha enfrentado múltiples calamidades: grandes hambrunas (en 1991-1992 y 2011), sequías recurrentes, guerras de clanes y la insurgencia islamista.

“Ya no hablamos de sequía ni de sequía severa”, aseguró Richard Trenchard, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación en ese país. “Lo que estamos viendo es una alerta de hambruna. Si no hacemos ahora mismo una intervención masiva, veremos que algunas áreas de Somalia caerán en hambruna en julio”.

Trenchard fue testigo reciente de mujeres y niños que fueron obligados a abandonar sus aldeas, síntoma de la catástrofe que se avecina. En el sur, “todos dejaron sus granjas agropastoriles cuando su ganado murió”, afirmó. “No tenían agua porque no tenían dinero para comprarla. Habían llegado al punto crítico de no poder hacer lo que sabían”.

En el norte, las familias no tienen granjas sino que dependen exclusivamente de la cría de ovejas, cabras y camellos, muchos de los cuales murieron en la sequía porque tampoco había dinero para comprar el agua suficiente para mantenerlos vivos. El precio de un contenedor de 20 litros de agua se ha triplicado a 15 dólares, lo cual está fuera del alcance de la mayoría; los precios de los alimentos también se dispararon.

“He visto niños horriblemente desnutridos. Conocí a Sayeed, quien tenía cinco años pero el cuerpo y el peso de un bebé de 11 meses”, afirmó Trenchard. “La gente está empezando a moverse. Cuando se produce un desplazamiento masivo, significa que los sistemas rurales se han derrumbado”, aseguró.

La única esperanza de evitar el hambre y el desplazamiento rural masivo sería mediante una rápida asistencia a las familias, que incluya efectivo para permitirles comprar agua, y mantenerse -a sí mismos y sus animales- con vida, explicó Trenchard. “El efectivo es clave en este momento; poner dinero en los bolsillos de esta gente para que puedan comprar comida y agua”.

Las Naciones Unidas y los organismos humanitarios han lanzado un llamamiento de $864 millones para ayudar a los somalíes, pero el alcance de la sequía en muchos países africanos ha generado que el Programa Mundial de Alimentos reduzca las raciones de ayuda. Para diciembre, la convocatoria había sido cubierta en un 47%.

En 2011, Shabab, un grupo designado como terrorista en los EE.UU., controlaba gran parte de Somalia, lo cual complicaba el envío de ayuda. En algunos casos, el grupo se negaba a dejar salir a la gente de sus aldeas, especialmente a los hombres en edad de combatir, que a menudo eran reclutados por la fuerza. Otra complicación fue la confusión sobre si las organizaciones de ayuda que intentaban llevar alimentos a territorios controlados por el grupo extremista podrían ser sancionadas por los EE.UU. por cooperar con terroristas.

Miles de somalíes lograron caminar hacia el norte de Kenia, hacia el campo de refugiados de Dadaab, en 2011. Pero desde entonces, después de una serie de mortales ataques terroristas, los refugiados somalíes comenzaron a ser menos bienvenidos en Kenia, y el gobierno de ese país está construyendo un muro fronterizo de 440 millas para mantener a Shabab fuera de su territorio. Además, anunció planes para cerrar Dadaab. El cierre del campamento fue revocado el jueves por la Corte Suprema de Kenia, pero el gobierno anunció que apelará, lo cual plantea serios interrogantes sobre dónde acudirán los somalíes desesperados.

La hambruna es un término técnico que se mide por varios marcadores, entre ellos mortalidad infantil, mortalidad general y otros factores. El retraso en la recopilación y publicación de estos datos significa que las hambrunas a menudo no se declaran hasta varios meses después de su aparición. En 2011, la mitad de quienes murieron lo hicieron antes de que el fenómeno se declarara, en julio de ese año.

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Traducción: Valeria Agis

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