Refugio en una exestación de autobuses de Santa Ana ofrece alivio a desamparados

Alguna vez, Denise Aken manejó una pensión para huéspedes en Anaheim. Sin embargo, la pérdida del empleo y una enfermedad la dejaron en la calle, cerca del Centro Cívico de Santa Ana, donde lucha por hallar un espacio seguro para esparcir sus pertenencias y descansar.

Antes de ello, cuando necesitaba trasladarse, “debía convencer a alguien de que cuidara mis cosas, y me preguntaba si todo estaría allí cuando regresara”, cuenta. Pero desde la reciente apertura del refugio temporal en una antigua terminal de autobuses, la mujer afirma que siente menos temor.

“Tengo un rincón propio”, señala Aken, de 58 años. “Hay contenedores para almacenamiento. Hay cuartos de baño y pronto instalarán duchas. He esperado un largo tiempo para ingresar en las listas de viviendas del gobierno, y este es un buen sitio hasta que eso ocurra”.

El refugio es una respuesta parcial al creciente problema de las personas sin hogar que afecta a la ciudad, sede de la mayoría de las oficinas gubernamentales y administrativas del condado de Orange. La Junta de Supervisores también ha dado el visto bueno para construir en Anaheim el primer refugio de personas sin hogar que funcione todo el año; se espera que esté terminado para fines de 2017.

En las últimas semanas, los líderes del condado de Orange se han enfrentado a una creciente presión para abordar el problema del campamento de desamparados en el Centro Cívico, que llegó a las 450 personas y provocó la preocupación por la seguridad y los bienes de empleados y vecinos, quienes reportan a menudo haber visto jeringas y heces en la calle, o sufrido peleas y acosos.

En septiembre pasado, el Concejo de Santa Ana declaró una “crisis de salud pública” en el área, convocó a la policía para reforzar la aplicación de la ley e instó a los supervisores a idear una estrategia de limpieza.

El refugio de transición, llamado Courtyard y ubicado en 400 Santa Ana Blvd., abrió el 5 de octubre pasado. Al día siguiente, 93 personas se habían presentado para pasar la noche allí.

Susan Price, la zar de las personas sin hogar contratada por funcionarios del condado de Orange en mayo último para coordinar estos servicios, espera que esos números se eleven rápidamente. La capacidad máxima del lugar es de 300 personas. La estructura tiene partes al aire libre, y otras cubiertas.

Para muchos de los desamparados, la apertura del refugio no podría haber sido más oportuna. “En las calles te roban todo. He perdido seis teléfonos, cinco bicicletas, una computadora portátil y mis únicos zapatos. La gente no tiene respeto”, señaló Miguel Hurtado, un exdirector de escuela de adultos del valle de Coachella quien atravesó una racha difícil y no pudo seguir pagando su alquiler. A los 69 años, intenta proporcionar refugio a sus tres hijas, de 17, 19 y 21 años. “Deseo, y ellas desean, un sitio seguro”.

La familia solía tener “un sitio bastante privado”, fuera de la oficina del defensor público del condado, hasta comienzos de la semana pasada, cuando un policía los despertó en mitad de la noche y les exigió que se trasladaran. Hurtado había leído acerca de Courtyard y llevó a sus hijas hasta las instalaciones. El viernes, aguardaron en la fila para tomar sándwiches de pavo, refrescos de uva y chips, como almuerzo.

“Para muchos de nosotros, finalmente hay mesas para comer otra vez”, expresó el hombre. “No es necesario estar en el suelo con la comida, como los animales”.

Las autoridades señalan que quieren operar el refugio con menos reglas y restricciones, que pueden disuadir a muchos desamparados de acercarse, y brindar manejo de casos y servicios integrales. “Mire la entrada. No requisamos a la gente”, indicó Price. “No ponemos muchas barreras, para que muchas más personas se sientan bienvenidas”.

El condado ordenó que el refugio abriera dentro de los 30 días de la votación de los supervisores, en septiembre último, que aprobó el plan de vivienda y garantizó un contrato de $1.4 millones a Midnight Mission, una agencia sin fines de lucro con sede Los Ángeles, para que maneje el sitio.

La Junta también asignó $150,000 a City net, una organización no lucrativa de Long Beach, para coordinar las comidas y brindar asistencia a los desamparados. “Estamos aquí para ayudar a las personas crónicamente sin hogar”, señaló Mike Arnold, CEO de Midnight Mission. “Cuanto más tiempo esta población no tiene opciones, más difícil y costoso es para ellos garantizar la estabilidad. Sólo le pedimos a la gente que viene que no use drogas. No queremos que sean un peligro para ellos ni para otros. Intentaremos saber quiénes son, qué necesitan y conectarlos con los servicios apropiados”.

El condado compró originalmente la terminal de autobuses en diciembre pasado, por $3.3 millones. En una maniobra sin precedentes, los desamparados podrán mantener a sus mascotas con ellos, y las parejas -casadas o no- podrán permanecer juntas sin ser obligadas a ocupar cuartos femeninos y masculinos, precisó Arnold. Se instalarán cubículos para dar mayor privacidad.

Cerca del 75% de los recursos para desamparados del condado de Orange son destinados a familias y mujeres, informó Price. A menudo, los hombres y las mujeres solteros son ignorados. “Queremos que la gente sepa que no rechazamos a nadie. Es un espacio comunitario”, remarcó.

Juan Mejía, un exjardinero de 72 años, está agradecido de poder pasar allí las noches con su compañero felino, Precious Midnight, una gatita blanca y negra que sus amigos hallaron en Delhi Park. “Mira lo que te trajo tu abuelo”, le dice al animal, mientras la coloca en su caja para terminar su almuerzo.

“Hay muchos peligros en las calles que nos obligan a buscar otras opciones”, sostiene este nativo de Santa Ana. Algunos de sus amigos sin hogar asistieron a las reuniones del Concejo, a fines del verano y comienzos del otoño, y allí escucharon acerca de las posibles soluciones de vivienda. “Siempre que no haya peleas”, dijo Mejía acerca del refugio, “nosotros nos quedaremos”.

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Traducción: Valeria Agis

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