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Primeras evidencias fósiles del homo sapiens halladas en Marruecos podrían reescribir la historia de nuestra especie

Durante mucho tiempo, los antropólogos han buscado la localización exacta del proverbial “Jardín del Edén”, la región de nuestro planeta donde surgieron los primeros homo sapiens.

Durante las dos últimas décadas, una combinación de evidencia genética y datos de registros fósiles llevaron a los científicos a concluir que los primeros miembros de nuestra especie evolucionaron en el este de África, cerca de 200,000 años atrás.

Sin embargo, un nuevo descubrimiento sugiere una historia más compleja para el origen de los seres humanos. En un par de artículos publicados este miércoles en Nature, un equipo internacional de investigadores describió unos 22 fósiles humanos del oeste de Marruecos que poseen 300,000 años de antigüedad.

Según los autores, se trata de la evidencia más temprana del homo sapiens jamás descubierta, y con mucha diferencia de las anteriores.

La inesperada ubicación del hallazgo, junto con los descubrimientos anteriores de los primeros restos humanos -que datan de hace 260,000 años en Sudáfrica y 195,000 años en Etiopía-, pone en duda la historia de que los primeros miembros de nuestra especie evolucionaron en una única región del continente africano, conforme los autores.

“Nuestros resultados desafían este postulado varias veces”, afirmó el paleontólogo Jean-Jacques Hublin, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, de Alemania, quien dirigió el trabajo. “No hay un Jardín del Edén en África; o en todo caso, si existe tal sitio, es África misma, es de todo el tamaño del continente”.

La primera mandíbula adulta casi completa descubierta en el sitio de Jebel Irhoud. La forma del hueso y los dientes la asignan claramente a la raíz de nuestro propio linaje, sostienen los autores del estudio (Jean-Jacques Hublin / Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva).
La primera mandíbula adulta casi completa descubierta en el sitio de Jebel Irhoud. La forma del hueso y los dientes la asignan claramente a la raíz de nuestro propio linaje, sostienen los autores del estudio (Jean-Jacques Hublin / Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva). (Jean-Jacques Hublin / Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology)
Con paleoantropología virtual, los investigadores pueden reconstruir la mandíbula de un fósil conocido como Irhoud 11, que podría haber pertenecido a uno de los primeros homo sapiens descubiertos (Jean-Jacques Hublin / Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva)

No todos los fósiles catalogados en los estudios son nuevos descubrimientos. Seis de los 22 ejemplares fueron hallados por primera vez en la década de 1960, como resultado de operaciones mineras de barita en Jebel Irhoud, el sitio arqueológico localizado entre Marrakesh y la costa atlántica de Marruecos.

Al momento del descubrimiento inicial, los científicos concluyeron que los fósiles tenían unos 40,000 años de antigüedad. Sin embargo, esa fecha no pareció apropiada para muchos investigadores. “La anterior estimación de la edad del homínido de Jebel Irhoud nunca tuvo mucho sentido”, afirmó Curtis Marean, arqueólogo del Instituto de Orígenes Humanos de la Universidad Estatal de Arizona en Tempe, quien no participó del trabajo nuevo.

La forma de los huesos fosilizados parecía demasiado primitiva para su supuesta edad, relativamente joven, remarcó. Además, la evidencia de plantas y minerales hallada en la misma ubicación que los huesos no coincidía con las condiciones ambientales que se hubieran registrado en la zona hace 40,000 años.

Hublin y sus colegas también sintieron que los fósiles habían sido catalogados inadecuadamente y quisieron hacer algo al respecto. Así, visitaron Jebel Irhoud varias veces entre las décadas de 1980 y 1990, y oficialmente reanudaron las excavaciones en 2004.

Los investigadores creen que el sitio fue alguna vez una cueva, que probablemente dio abrigo a pequeños grupos de los primeros seres humanos, quienes llegaban a la zona para cazar gacelas y cebras. Sus herramientas de pedernal, afiladas en formas puntiagudas -como puntas de lanza-, parecen estar hechas de un material recogido por lo menos a 15 millas de distancia.

“Esto sugiere que visitaron otros lugares para recolectar pedernal, y luego lo transportaron a sitios como Jebel Irhoud, donde podían detenerse y reequipar su armamento”, afirmó Shannon McPherron, arqueóloga del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva que fue parte del estudio.

Durante el curso del trabajo, el equipo descubrió otros 16 huesos homínidos adicionales, así como objetos de piedra consistentes con el comienzo del Mesolítico. También hallaron huesos de gacelas y cebras, que sugieren que los animales eran deliberadamente sacrificados y cocinados sobre el fuego.

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Algunas de las herramientas del Mesolítico halladas en Jebel Irhoud, Marruecos. Son comunes las formas puntiagudas (a-i), así como las lascas de Levallois (j-k).
Algunas de las herramientas del Mesolítico halladas en Jebel Irhoud, Marruecos. Son comunes las formas puntiagudas (a-i), así como las lascas de Levallois (j-k). (Mohammed Kamal / Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology)

La mayor suerte de los investigadores llegó cuando encontraron varios trozos quemados de artefactos de pedernal, enterrados junto a los fósiles. El equipo pudo fechar el pedernal quemado usando un proceso llamado termoluminiscencia, que les permitió determinar que los fósiles tenían unos 300,000 años de antigüedad, lo cual los convierte en los más antiguos restos de homo sapiens.

“Fue un gran ‘¡Guau!”, afirmó Hublin. “Las nuevas fechas nos convencieron de que este material representó la raíz misma de nuestra especie”.

Entre los fósiles recién descubiertos se encontró un cráneo adulto que comprendía una caja craneal distendida y fragmentos de un rostro, y una mandíbula inferior casi completa. También había un maxilar (que comprende la mandíbula superior y la cavidad sinusal), así como varios dientes y otros trozos de esqueleto.

Un análisis más profundo reveló que los 22 ejemplares provinieron de un total de cinco individuos; tres adultos bastante jóvenes, un adolescente y un niño de entre siete años y medio, y ocho años de edad.

Para clarificar, estos homo sapiens de 300,000 años no eran nuestros gemelos, anatómicamente hablando; lejos de ello.

Los autores apuntaron que estos primeros humanos poseían una extraña mezcla de características; algunas nos resultarían muy familiares, mientras que otras nos parecerían extremadamente primitivas. Por ejemplo, sus rostros eran lo suficientemente parecidos a los de los humanos modernos; si uno viera hoy a estos individuos caminando por la calle, probablemente no se daría cuenta de la diferencia, afirmó Hublin. Sin embargo, la forma de su caja craneal sugiere que tenían un cerebro más grande pero mucho más primitivo que el que tenemos hoy.

Una reconstrucción compuesta de los primeros fósiles conocidos del homo sapiens, hallados en Jebel Irhoud, Marruecos. (Philipp Gunz / Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology)
Dos vistas de una reconstrucción compuesta de los primeros fósiles conocidos del homo sapiens, hallados en Jebel Irhoud, Marruecos. La reconstrucción se basa en microtomografías computarizadas de múltiples fósiles originales
Dos vistas de una reconstrucción compuesta de los primeros fósiles conocidos del homo sapiens, hallados en Jebel Irhoud, Marruecos. La reconstrucción se basa en microtomografías computarizadas de múltiples fósiles originales. (Philipp Gunz / Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology)

Esto implica que diferentes partes de la anatomía humana evolucionaron a ritmos diferentes, según los investigadores

““Algunas cosas evolucionaron tempranamente hacia la forma moderna, y otras demoraron mucho más en alcanzar las condiciones actuales”, estimó Hublin. “En resumen, la historia de nuestra evolución durante los pasados 300,000 años es mayormente la evolución de nuestros cerebros”;

La historia de nuestra evolución por los pasados tres mil años es principalmente, la evolución de nuestro cerebro.

— Jean-Jacques Hublin, líder del estudio en el Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva

Algunos expertos han cuestionado si un ser humano primitivo con un cerebro tan distinto del nuestro puede ser considerado de todos modos parte de la misma especie.

Richard Potts, director del Programa de Orígenes Humanos en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, en Washington, la afirmación del equipo, que sostiene haber hallado un homo sapiens temprano, no tiene pleno sustento.

“Dada la preservación fragmentada de los hallazgos, los autores hacen un buen trabajo de análisis”, sostuvo Potts, quien no estuvo involucrado con el nuevo trabajo. El experto agregó que aunque las dos cajas craneales descubiertas en el lugar están fuera del rango de los humanos modernos, también lo están otros fósiles de África y Europa que son claramente homo sapiens. “Así que está bien”, dijo.

Marean se mostró menos seguro. “Creo que necesitamos más puntos de referencia antes de saber si es homo sapiens o no”, dijo.

Desafortunadamente, esos puntos de referencia probablemente sean difíciles de conseguir. Los sitios con tanta antigüedad son extremadamente inusuales en África, y debido al clima cálido, el ADN casi nunca se conserva en especímenes fosilizados.

Mientras tanto, Hublin y su equipo afirmaron que sus hallazgos ofrecen una nueva historia de cómo, cuándo y dónde emergió nuestra especie.

Jean-Jacques Hublin señala un cráneo humano fracturado, cuyas órbitas o cuencas oculares son visibles justo a la altura de su dedo.
Jean-Jacques Hublin señala un cráneo humano fracturado, cuyas órbitas o cuencas oculares son visibles justo a la altura de su dedo. (Shannon McPherron / Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology)

“Apoyamos la noción de que alrededor de 300,000 años atrás, formas muy tempranas de homo sapiens ya estaban dispersas por el continente”, dijo.

Según esta nueva versión del origen de nuestra especie, los primeros humanos evolucionaron en relativo aislamiento en diferentes partes de África, con períodos ocasionales de conexión entre diferentes poblaciones que fueron posibles gracias a condiciones ambientales muy diferentes de las que vemos hoy en día.

Por ejemplo, entre 330,000 y 300,000 años atrás, las lluvias monzónicas veraniegas cayeron más al norte de lo habitual, causando que el Sahara se volviera frondoso y verde. Eso provocó que este gran paraje inhóspito fuera una región acogedora, de grandes lagos y praderas, detalló Hublin.

Quizás diferentes grupos de los primeros homo sapiens se encontraron entre sí durante la caza e intercambiaron innovaciones tecnológicas, además de ADN. “Cualquier mutación favorable se podría haber extendido de una población a otra, impulsada por la selección positiva”, explicó Hublin.

Para Potts, podría ser posible. “Este punto de vista promovido por Hublin no es sencillo, pero es factible”, agregó. “Seguramente será puesto a prueba una y otra vez por descubrimientos de fósiles africanos en este importante período de tiempo”.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis

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