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Por qué las clases deben comenzar más tarde en el día

Por qué las clases deben comenzar más tarde en el día

Cada otoño, adolescentes aturdidos se resignan a otro año de lucha contra su reloj biológico para poder llegar a clase a tiempo. Es bien sabido que los jóvenes que no descansan por lo menos con ocho horas de sueño durante la noche se enfrentan a una serie de problemas.

Es por eso que, tanto la Academia Americana de Pediatría como los Centros para el Control de Enfermedades recomiendan cambios en el horario de clases de secundaria y preparatoria, y sugieren comenzar a las 8:30 a.m. o más tarde. Sin embargo, durante el año escolar 2011-2012 -las estadísticas más recientes con las que se cuenta- solamente el 17.7% de la media pública de la nación, en escuelas secundarias, preparatorias y combinadas, ingresaron a las 8:30, y casi el 40% comenzaron antes de las 8 a.m. En California, el promedio de inicio de clases es a las 8:07 a.m.

Muchos distritos son reacios a cambiar sus horarios porque ven la modificación como una opción demasiado cara y poco ágil. Pero esa idea es una mirada a corto plazo. A la larga, iniciar las clases más tarde podría, en realidad, ahorrar dinero a las escuelas, y beneficiar a la sociedad en general.

Entrar más tarde a clases podría significar menos faltas a la escuela -las ausencias cayeron un 15% en el condado de Bonneville, Idaho, cuando se instituyó un cambio de este tipo, según reportó el Children’s National Medical Center en 2014. En estados como California, donde la financiación estatal de las escuelas está ligada a la asistencia, se deduce que comenzar más tarde podría traducirse en dólares extra.

Megan Reilly, directora de finanzas del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD), estimó que el aumento de asistencia de sólo un 1% en todo el distrito traería fondos adicionales de $40 millones por año.

Otros estudios también muestran que, cuando el día escolar comienza más tarde y los adolescentes duermen más, tanto las calificaciones como los resultados de los exámenes estandarizados suben. Un economista de la Universidad de Colby, Finley Edwards, descubrió que un retraso de una hora en el inicio de la jornada escolar aumentó los resultados de los exámenes de matemáticas y  lectura en tres puntos porcentuales. Aún más sorprendente, los estudiantes que tenían antes un menor puntaje mostraron los mayores cambios.

En comparación con otras estrategias para aumentar el rendimiento, retrasar el inicio del día escolar es fácil y eficiente. Teny M. Shapiro, economista de la Universidad de Santa Clara, estima que un cambio de una hora produce los mismos beneficios que la reducción de tamaño de las clases a un tercio de su tamaño actual, o la sustitución de un maestro con 50% de eficacia por uno con un 84% de eficiencia.

Otro problema potencial que las escuelas comúnmente plantean es que iniciar la jornada más tarde llevaría a los niños a faltar a las clases del final del día con el fin de asistir a eventos deportivos, o que las tasas de participación en atletismo disminuirían. Algunas de estas preocupaciones podrían ser ciertas; pero, por otro lado, no hay razón para creer que más horas de sueño se traducirían en un menor número de lesiones deportivas en los estudiantes -y, a su vez, un menor número de horas perdidas en clase y en el campo deportivo-.

Los estudiantes atletas que duermen lo suficiente son mucho menos propensos a sufrir una lesión. En un estudio de 2012, realizado entre atletas de escuelas secundarias y preparatorias de Los Ángeles, los investigadores descubrieron que dormir menos de ocho horas era el predictor más fuerte de una lesión. Dos tercios de los atletas que no cumplían con este umbral se habían lastimado.

Otro estudio, en Carolina del Norte, mostró que más de una cuarta parte de los atletas de secundaria lesionados perdía, al menos, una semana de juego. Mientras que menos del 20% de las lesiones habían requerido tratamiento en salas de emergencia, según el reporte, los costos eran significativos de todas formas: incluso las lesiones menores ascendían a casi $ 1 millón al año en gastos médicos.

Pero los adolescentes con sueño no son sólo un problema en la escuela. Cuando están detrás del volante contribuyen a lo que la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico llama el “peligro extremo” de conducir con sueño, que tiene un coste social anual estimado de $ 109 millones de dólares.

"Los adolescentes y adultos jóvenes están involucrados en más de la mitad de todos los accidentes por sueño", señaló Jonathan Adkins, director ejecutivo de Governors Highway Safety Association. Más allá de los problemas de seguridad obvios, hay un correlativo aumento de las primas de seguros de automóviles, y un estudio de 2013 realizado por InsuranceQuotes.com detectó que las tasas de los californianos saltan un promedio del 62% luego de una reclamación.

Nuevamente, comenzar las clases más tarde mejora la situación. En Lexington, Kentucky, los accidentes de automóviles de adolescentes de entre 17 y 18 años de edad se redujeron un 16.5% en los dos años siguientes al cambio de horario de clases. Durante el mismo período, la tasa de accidentes para este grupo de edad aumentó un 7.8% en otras partes del estado.

Como si todo esto fuera poco, los adolescentes que no duermen lo suficiente tienen un mayor riesgo de consumo de drogas y alcohol, depresión y suicidio. El título de un informe de 2014 publicado en Journal of Youth and Adolescence lo dice todo: “Desvelados en Fairfax: la diferencia que una hora más de sueño puede hacer respecto a la desesperanza, las ideas suicidas y el uso de sustancias en los adolescentes”.

En la primera mitad del siglo 20, la escuela comenzaba más tarde. Los distritos implementaron inicios tempranos por razones de eficiencia y reducción de costos; los sistemas de autobuses, por ejemplo, llevaron a adoptar horas de inicio escalonadas para las escuelas primarias, secundarias y preparatorias -éstas últimas son las que comienzan más temprano-. En ese momento, los riesgos de la falta de sueño adolescente no eran ampliamente conocidos. Las escuelas ya no tienen esa excusa.

Si se cambia la hora de inicio de clases, es posible que haya que cambiar los horarios de autobuses o alterar los cronogramas de práctica de equipos. Pero eso no es nada en comparación con lo que se ganaría.

Lisa L. Lewis vive en Redlands, donde la preparatoria comienza a las 7:30 a.m. Su último artículo para Los Angeles Times fue acerca del cierre de escuelas.

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Traducción: Diana Cervantes

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