Votantes de Iowa tienen diferentes miedos y realidades

Votantes de Iowa tienen diferentes miedos y realidades

Se conocieron hace décadas, cuando se casaron, y las tres cuñadas todavía se juntan cada semana en la repostería Dutch para platicar enmedio del dulce olor de la harina y azúcar que flota en el aire.

Pero a pesar del acogedor ambiente en la parte oeste del estado, ellas pueden sentir como el país debajo de sus pies se erosiona bajo las amenazas de la inmoralidad y el terrorismo.

"Nunca pensé que viviríamos con tanto miedo", dice Joanne Niezen, mientras su café se enfría ante ella.

También hay incertidumbre del otro lado del estado, aunque por distintas razones.

En el pueblo estudiantil de Iowa City, con su escena de música alegre y la publicidad del restaurante que reza "pensamiento fresco y comida saludable", Veronica Tessler se preocupa de los ataques contra los inmigrantes y la desigualdad económica que aún se mantiene años después de la Gran Recesión.

"Realmente temo por nuestro país", dice Tessler, quien dejó su trabajo en una fundación de política exterior para abrir una tienda de yogurt congelado cerca del campus de la Universidad de Iowa .

El sentido de temor es casi lo único que une a Orange City, un bastión de conservatismo religioso, y Iowa City, conocida por su liberalismo regulador de valores. Juntas, ambas ciudades no solo son el extremo geográfico del estado, sino también lo son del espectro político con el que Iowa se dispone a empezar el proceso de candidaturas para la presidencia, cuando inicien con sus comités electorales el lunes por la noche.

Las dos comunidades, localizadas en los condados de mayores diferencias partidistas en el estado, reflejan el enorme abismo político aquí y en el resto del país, una división que el presidente Obama fue incapaz de curar y que podría ser insuperable para quien tome su lugar. 

"Los republicanos ven un país en el que el gobierno es muy grande en casa y muy débil fuera de ella. Los demócratas ven un país en el que la economía es inoperante", dice David Nagle, un abogado demócrata que solía representar en el Congreso a Iowa City y el condado Johnson. "Es como dos trenes en la noche, que van en direcciones opuestas".

Pero la división va mucho más allá de sus profundos desacuerdos. Aunque las tensiones partidistas no son nada nuevo, se han profundizado e intensificado durante las presidencias de George W. Bush y Barack Obama, pues los partidos se han alejado por los temas de edad, raza y cultura. El resultado es un Estados Unidos dividido y desconfiado.

Hoy, como lo muestran las polarizantes conversaciones en Iowa, los votantes de cada lado con frecuencia consiguen sus noticias de fuentes diferentes, se preocupan de problemas diferentes y ven a adversarios políticos con desconfianza y desprecio. La visión de un votante para América no es nada menos que la pesadilla del otro; es común oír a los candidatos de la parte contraria ser descritos como "preocupante" "de miedo" o "loco".

En 2014, un importante estudio de la organización apartidista Pew Research Center, encontró que más de una tercera parte de los republicanos y apenas poco más de la cuarta parte de los demócratas —especialmente aquellos más involucrados en política— van tan lejos como describir al partido contrario como "una amenaza al bienestar nacional".

En el condado Johnson, conocido cariñosa y burlonamente como "la República de la gente", la vida en Iowa City gira alrededor de la universidad, con jóvenes que constantemente se brincan clases o se encierran en cafeterías con audífonos y tarea.

Obama es principalmente visto con gratitud o, en el peor de los casos, decepción por haber fallado en concretar una agenda más liberal.

Las posturas de los ciudadanos son evidentes en el Hamburg Inn, donde jarras etiquetadas con los nombres de los candidatos presidenciales están organizadas en la ventana; algunas de las jarras republicanas están casi vacías, mientras que un segundo contenedor fue rellenado para Bernie Sanders, un socialista demócrata, pues el primero se chorreó.

Tessler, de 30 años, es voluntaría en la campaña de Sanders, y está alarmada por lo que escucha de las bocas de sus contendientes republicanos.

En respuesta a la propuesta de Donald Trump de prohibir la entrada a EE.UU. a los musulmanes, ella ayudó a hacer playeras para protestar contra su visita a Iowa City el pasado miércoles. "Apoyo a mis vecinos musulmanes", dice.

Ella no ignora las amenazas del terrorismo. Pero al mismo tiempo es la hija de un judío soviético que escapó a Los Ángeles en 1973, y cree que los republicanos están culpando a los inmigrantes y refugiados.

"Esos no son los ideales americanos", dice.

Para muchos en Iowa City, asuntos como la desigualdad económica y los préstamos estudiantiles se sienten como algo más urgente, no el miedo a un ataque terrorista.

"ISIS podría hacer algo terrible en donde sea", dice Chuck Michaelson, de 61 años, un instructor de piano que vive en el cercano Coralville, refiriéndose a las siglas con las que se le conoce a la milicia del Estado Islámico. "Pero la posibilidad de que algo así suceda es remota. Es como que te caiga un rayo".

A unas 300 millas de ahí, en Orange City, a lo largo de una vasta extensión de fértiles granjas, los miedos del terrorismo son evidentes, a pesar de la lejanía del lugar.

"El asunto ese de ISIS me asusta", dice Bob Hulstein, de 64 años, quien publica el periódico de Orange City y es dueño de un negocio de impresió junto con su cuñado Dave Pluim, de 51.

Tras los ataques en París y San Bernardino, Hulstein dijo "Tengo miedo que veamos eso más y más cerca. Supongo que quiero que lo detengan antes de que esté en la puerta de mi casa".

Establecida principalmente por inmigrantes holandeses, esta región orgullosamente promueve su herencia; Orange City, el centro del condado Sioux, fue nombrada en honor a un príncipe holandés; aquí abundan molinos de viento decorativos, zapatos de madera y negocios con motivos de tulipán.

Él área prácticamente no fue alcanzada por la Gran Recesión, y casi no hay desempleo. "Se solicita ayuda", se lee en varios establecimientos como florerías, reposterías, restaurantes, y la oficina postal.

Así que la economía no es lo que promueve la ansiedad aquí, tanto como sí lo hace la preocupación sobre el lugar del país en el mundo.

"¿Estamos dispuestos a respaldar a nuestros aliados?", pregunta Tony Vande Brake, un asesor financiero y electo nuevo miembro del Concejo de Orange City. "¿Estamos dispuestos a estar de pie detrás de nuestro valor militar, y mostrar nuestra fuerza si tuviéramos que?"

De vuelta en la repostería, Niezen y sus cuñadas describen la elección como una oportunidad de recuperar la autoridad moral y la fuerza militar que, en su opinión, he perdido fuerza con Obama y le ha dado potencia al extremismo islámico.

Leona Noteboom, una retirada de 83 años, está de acuerdo. "No confío en él (Obama) para que se haga cargo de mi país", dijo.

"Simplemente estamos perdiendo nuestros valores cristianos", reclama Carol Noteboom, de 74 años, quien vive en una granja cercana.

Pero enmedio de toda la ansiedad hay chispazos de optimismo.

Morgan Brittain, estudiante de ciencias políticas, cruza la línea de la falla ideológica cada vez que viaja desde el hogar de su familia en Winterset, un pequeño pueblo a las afueras de Des Moines, a su escuela en Iowa City. La última vez que se cortó el cabello ahí, la mujer que lo hizo le dijo que respaldaría a DonaldTrump.

"Pensé, 'Dios, Heidi, me estás matando'", cuenta Brittain.

En la barbería cerca del campus, todos parecen desconcertados por la popularidad de Trump.

Cuando se le preguntó si algún candidato podría resolver las divisiones, Brittain rió y dijo "Mi respuesta es absolutamente, cualquiera puede unirnos".

Pero él solo tiene 22 años, agrega Brittain, y todavía es un idealista.

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