Una campaña busca impedir que los grupos de supremacía blanca recauden dinero en línea

Una campaña busca impedir que los grupos de supremacía blanca recauden dinero en línea

Durante años, el centro de estudios nacionalista blanco de Richard Spencer, el National Policy Institute (NPI), pudo aceptar donaciones en línea a través de su cuenta de PayPal y mediante pagos con tarjetas de crédito procesados por la empresa joven Stripe, de San Francisco.

Esos canales en línea representaban la mayor parte del apoyo al NPI. Ahora, a raíz de la mortal manifestación en Charlottesville, Virginia, y del mayor control por parte de algunas compañías de tecnología a los grupos de supremacistas blancos, esa puerta que alguna vez estuvo bien abierta comenzó a cerrarse para el grupo.

PayPal cerró la cuenta de NPI a comienzos de esta semana. El jueves, en tanto, Stripe parecía haber puesto fin al procesamiento de los pagos con tarjetas de crédito para la agrupación.

Spencer confirmó que se había cerrado una cuenta con un procesador de pagos con el cual habían trabajado por años, pero no identificó a Stripe por su nombre (la página de donaciones a NPI incluía el código de computadora de Stripe el pasado miércoles).

“Se trata de un gran obstáculo que tendremos que superar”, afirmó Spencer. “Ocasionalmente obtengo algún cheque por $25 dólares a través del correo, pero por cada cheque recibo 100 donaciones similares en línea”.

Los grupos de defensa y legisladores presionaron durante años a las redes de tarjetas de crédito y otros grandes jugadores del sistema de pagos para que bloqueen a cierto tipo de actores, desde empresas que publican fotos policiales en línea -con la promesa de retirarlas a cambio de un pago- hasta agrupaciones antihomosexuales o antimusulmanas, o Wikileaks.

Algunas de esas campañas tuvieron éxito de vez en cuando, pero ahora, después de Charlottesville, ha habido una ráfaga de actividad para cortar el acceso a los pagos en línea a los grupos supremacistas blancos, nacionalistas y neonazis.

Junto con PayPal y Stripe, que han cerrado numerosas cuentas, Apple afirmó que su servicio de Apple Pay ya no será una opción de pago para aquellos sitios web que vendan ropa nacionalista blanca o nazi. “Como empresa, a través de nuestras acciones, nuestros productos y nuestra voz, siempre trabajaremos para asegurar que todo el mundo es tratado con igualdad y respeto”, aseguró Tim Cook, presidente ejecutivo de la compañía, en un correo electrónico destinado a sus empleados.

El grupo de presión Color of Change buscó influir durante meses a las tarjetas de crédito para que corten el servicio a los grupos de odio que promueven o incitan a la violencia. Esta semana intensificó su campaña con el lanzamiento del sitio web bloodmoney.org, que desafía a las tarjetas de crédito por “ayudar a los agitadores a beneficiarse personalmente con su odio”.

Las dos redes más grandes de tarjetas de crédito del país, Visa y Mastercard, sostienen que han cortado a algunas agrupaciones, sólo cuando creen que éstas participan de actividades ilegales, como la incitación a la violencia. Discover fue un paso más allá y afirmó que los grupos de odio ya no podrán aceptar sus tarjetas, incluso si no incitan directamente a la violencia.

Una vocera de American Express manifestó que sus tarjetas no son una opción de pago para las 120 organizaciones identificadas por Color of Change.

No obstante, dejar a los grupos de odio fuera del sistema de pagos no es un proceso sencillo, y el tema está plagado de preguntas y dudas acerca de la censura.

David Greene, director de libertades civiles de la organización sin fines de lucro Electronic Frontier Foundation, afirmó que las compañías de pago ejercen un inmenso poder aunque son entidades privadas. “En esta situación, muchas personas no están tristes por la negación de estos servicios a esas agrupaciones”, manifestó. “Pero debemos ser muy cuidadosos de institucionalizar y normalizar el hecho de que esas entidades moderen y decidan qué está disponible. Hoy son los nazis, pero mañana podría ser el otro extremo del espectro”.

Más aún, esas decisiones están siendo tomadas por una red de jugadores interconectados, todos los cuales tienen diferentes políticas que dictan qué está permitido y qué prohibido. Visa, Mastercard y las otras redes de tarjetas no trabajan directamente con las tiendas, sitios web y otros comerciantes que los aceptan como forma de pago. En lugar de ello operan con los bancos, que son los que mueven el dinero entre las cuentas cuando se realiza una compra. Algunas veces los bancos tampoco tienen relación directa con los comerciantes y confían en terceros, proveedores de servicios como Stripe y Square.

Las redes de tarjetas han adoptado generalmente un enfoque permisivo, que prohibe sólo las actividades ilegales. A excepción de Discover, luego de los hechos en Charlottesville no parecen haber cambiado su forma de pensar. “Generalmente no prohibimos que se acepten pagos con Mastercard sobre la base de nuestro desacuerdo con los puntos de vista adoptados o promovidos por los comerciantes”, afirmó Seth Eisen, vocero de la firma, vía correo electrónico.

Los bancos y las compañías de terceros son quienes tienen reglas más sólidas. PayPal, por ejemplo, dice que los usuarios no pueden usar sus servicios para transacciones que involucran “la promoción del odio, la violencia, la intolerancia racial o la explotación financiera de un delito”.

Representantes de Bank of America Merchant Services, Wells Fargo y JPMorgan Chase afirmaron que tienen políticas en contra de trabajar con grupos que promueven el odio, la violencia o el acoso.

Algunas reglas son bastante vagas. Stripe, por ejemplo, afirma que bloqueará "cualquier negocio que plantee un elevado riesgo financiero, una responsabilidad legal o que viole la red de tarjetas o las políticas bancarias".

No está claro cómo consistentemente se aplican estas reglas. Aunque las redes de tarjetas y los bancos afirman que realizan un monitoreo continuo, también sugieren que a veces bloquean a los comerciantes sólo cuando surgen las quejas.

En una declaración enviada por correo electrónico, Amanda Pires, portavoz de Visa, expresó que la compañía cerró el acceso de pago a varios grupos de odio sólo después de recibir una lista de los grupos ofensivos. Estas agrupaciones fueron bloqueadas porque participaban en actividades ilegales o violaban las normas bancarias.

Spencer resaltó que las compañías que bloquearon los pagos al NPI citaron violaciones no específicas de sus condiciones de servicio. Pero si NPI está violando esos términos, destacó, lo ha hecho desde hace tiempo, por ende los nuevos hechos no son más que "un intento de suprimir el discurso".

"Han modificado la interpretación de sus propias políticas", afirmó. “Nada ha cambiado. Hemos estado abogando por las mismas cosas durante años; he usado el mismo lenguaje durante años. Siempre he sido sincero con quien soy y con lo que es nuestra organización”.

PayPal no respondió a las solicitudes de comentarios para este artículo. El portavoz de Stripe, Ted Ladd, aseguró que no podía hablar acerca de usuarios específicos.

Sin embargo, Spencer explicó que no lo han bloqueado del sistema de pagos por completo. Si bien advirtió que no proporcionaría más detalles, dijo que tenía "algunas opciones a corto plazo" a las que podría recurrir para recaudar fondos.

Sin PayPal o Stripe, NPI podría igualmente encontrar otro procesador de pagos. Los organizadores de grupos nacionalistas blancos también podrían tomar otras medidas, como aceptar pagos a través de sus cuentas personales de PayPal o Venmo, o tratar de imitar lo hecho por Wikileaks. A finales de 2010, poco después de que ese sitio publicara los cables clasificados enviados por el Departamento de Estado, Visa y Mastercard le impidieron aceptar donaciones mediante sus tarjetas de crédito, aludiendo que estaba involucrado en actividades ilegales. Pero los donantes aún pueden darle dinero a Wikileaks, indirectamente. Al hacer clic en el botón de donaciones en el sitio de Wikileaks se presentan opciones diversas para enviar dinero a otras dos organizaciones sin fines de lucro -la Wau Holland  Foundation y la Freedom of the Press Foundation- que redireccionan las donaciones a Wikileaks.

Rashad Robinson, director ejecutivo de Color of Change, aseguró que quizás no sea posible eliminar por completo a los grupos de odio del ecosistema financiero, pero que tampoco es su objetivo inmediato. Más bien, dijo, simplemente espera que sea más difícil para ellos recaudar dinero en línea. "Si todo el mundo tiene que escribir un cheque, eso cambia la capacidad de las personas para hacer donaciones recurrentes", estimó. "Cambia la cantidad de tiempo que tarda la gente en apoyar a estos grupos. Recortar una porción significativa de sus fondos limitará su capacidad de hacer lo que están haciendo”.

De hecho, Spencer reconoció que perder el acceso a los pagos en línea es una gran molestia. Incluso si encontrara un procesador de pagos dispuesto a trabajar con él, en algún momento éste podría echarse atrás. “No podemos pasar la mitad de nuestro tiempo saltando de un servicio a otro", aseveró.

Traducción: Valeria Agis

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