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Una ‘apuesta evolutiva’, la posible causa de muerte de las tortugas madre en el parque Joshua Tree

Una ‘apuesta evolutiva’, la posible causa de muerte de las tortugas madre en el parque Joshua Tree

Durante las últimas tres décadas, la población de tortugas del parque ha caído ampliamente, de casi 30,000 a un mínimo histórico de 3,000.

Biólogos de vida silvestre afirmaron que un alarmante número de cadáveres de tortugas del desierto hembra halladas a comienzos de este año en las afueras del límite sur del Parque Nacional Joshua Tree podría ser resultado de la lucha de estas madres contra la extinción, un proceso que agota su agua y energía para poner huevos, incluso bajo un gran estrés.

El biólogo del U.S. Geological Survey Jeffrey Lovich, quien ha monitoreado las tortugas en el parque y sus alrededores durante dos décadas, señaló que la respuesta potencialmente letal a la prolongada sequía podría volverse más común en todo el desierto del sur de California a medida que las temperaturas aumentan y disminuye el forraje.

“Sigue siendo una hipótesis”, afirmó Lovich este lunes, “pero creo que estas tortugas murieron después de seguir poniendo nidadas de cuatro huevos del tamaño de una pelota de ping pong año tras año, empleando los recursos vitales que necesitan para sobrevivir”. “Fue una apuesta evolutiva”, remarcó. “Si funciona, su información genética pasará a una nueva generación de crías en condiciones más adecuadas para la supervivencia de la especie”.

Mientras un equipo de investigación liderado por Lovich estudiaba un área de varias millas cuadradas en los flancos norte de las montañas Orocopia, descubrió los restos de 14 tortugas hembra y tres machos, y otros 15 animales vivos, la mayoría de ellos machos.

A juzgar por el deterioro de los cadáveres y lo calcáreo de sus huesos, Lovich concluyó que los animales perecieron entre cinco y 10 años atrás, un periodo que incluye un lustro de sequía considerado como el más grave de la historia registrada.

El hallazgo intensificó las preocupaciones sobre el destino de las tortugas dentro del parque nacional, de casi 800,000 acres, cuyas lluvias recientes lo convirtieron en un escaparate de hábitat, con plantas exuberantes y flores para alimentar a sus reptiles. No obstante, las vastas franjas de terreno alfombrado con margaritas sólo pueden funcionar hasta un cierto punto, señalan los biólogos, ante las sequías más prolongadas y el cambio climático.

Pese a su nombre, su armadura corporal y su estatus de símbolo del movimiento de conservación del desierto, la tortuga no se adapta bien a los paisajes áridos. Se desarrolló allí hace miles de años, cuando la región era más fría y estaba dominada por lagos y pantanos rodeados de árboles de Joshua y enebros, explicó Lovich.

Durante las últimas tres décadas, la población de tortugas del parque se ha desplomado de casi 30,000 a un mínimo histórico de unas 3,000, afirmó Michael Vamstad, ecologista de vida silvestre.

Un análisis federal determinó que una población viable de tortugas debe mantener una densidad mínima promedio de cerca de 10 adultos por milla cuadrada. La densidad promedio dentro del parque en la actualidad es de aproximadamente nueve adultos por milla cuadrada, precisó el experto.

“En este punto ya esperamos que las tortugas desaparezcan en ciertas áreas, porque no son suficientes para encontrar un compañero”, afirmó Vamstad. “Pero creemos que también habrá zonas con las combinaciones adecuadas de temperatura del aire, humedad y forraje como para mantener la especie en los próximos años”.

Durante el siglo pasado, las tortugas del desierto han sido diezmadas por la pérdida del hábitat, el pisoteo de vacas y ovejas, los tiroteos, los vehículos, las enfermedades, la caza, las iniciativas de reubicación en bases militares y la depredación por cuervos, coyotes y perros.

Ahora, su enemigo más mortífero es el cambio climático, que está alterando el delicado equilibrio de las condiciones de vida y muerte de la especie en una expansión de hábitat intensamente cuidada dentro del parque nacional.

“La reciente sequía de cinco años es una ventana hacia el futuro de cómo podría lucir el clima en el suroeste de los EE.UU.”, afirmó Cameron Barrows, ecologista de UC Riverside que se especializa en la vida silvestre del parque. “En algunas parcelas del estudio, donde hallamos muchas tortugas hace dos años, no encontramos ninguna este año”.

Mejorar las probabilidades de supervivencia para las tortugas no fue fácil en un momento en que el número récord de turistas amenaza con colapsar las carreteras, los campings y los servicios del parque, según afirman los funcionarios. El lugar contó con 2.5 millones de visitantes en 2016, el doble del número registrado hace un lustro.

En medio de una espectacular floración silvestre en marzo pasado, que atrajo tanto a las tortugas hambrientas como a hordas de turistas con cámaras, tres tortugas fueron embestidas por autos y murieron en una sola semana.

Los funcionarios consideran cercar la carretera, algo eficaz en la reducción de la mortalidad de tortugas y otros reptiles. También es polémico, sin embargo, porque es costoso instalar y mantener un vallado, además de que fragmenta el hábitat y se considera una monstruosidad en tierras reservadas para la belleza natural.

“Al cambio climático no le importan las señales de tránsito, los límites de velocidad o los límites de los parques nacionales”, afirmó Debra Hughson, bióloga de investigación en el Parque Nacional Mojave, unas 50 millas al noroeste de Joshua Tree.

Sin embargo, no todas son malas noticias.

Bajo el sol caliente de la mañana en un día laborable reciente, la bióloga del parque Kristen Lalumiere seguía mediante pings de telemetría, a través de un arroyo desolado y bordeado con cactus, a una tortuga hembra del tamaño de una pelota de voleibol que emergía de su madriguera para tomar sol, comer flores y, quizás, hallar un compañero.

Lalumiere miró dentro, sonrió y dijo: “Luces bien, pequeña. Ojos claros, nariz limpia y manchas de flores en toda tu boca”. Con una dosis esperanzadora de antropomorfismo, agregó: “Hembra soltera busca relacionarse con macho fuerte dispuesto a protegerla. Debe disfrutar de las flores, los paseos largos y de acurrucarse en las cuevas del desierto”.

La tortuga -que los biólogos apodaron “Salsa Verde”- miró a la experta y volvió a refugiarse en su madriguera. En otra guarida cercana, un ejemplar macho conocido como “Scuter” dormía la siesta.

Si producen una nueva generación de tortugas o no será un hecho que no se sabrá hasta los próximos 15 o 20 años, ya que eso es lo que tardan las crías en alcanzar la madurez, incluso en el mejor de los casos.

Traducción: Valeria Agis

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