Turistas mexicanos no quieren visitar los EE.UU. por las políticas de Trump, y la industria pierde miles de millones

Turistas mexicanos no quieren visitar los EE.UU. por las políticas de Trump

Tourism Economics, una firma de investigación global, sostiene que la pérdida económica directa de los EE.UU. por visitas no realizadas este año es de $1,600 millones de dólares (el Hasta 14 de abril de 2017).

Rafael Sifuentes Barba solía pasar la Semana Santa en los Estados Unidos. Es una tradición que inició cuando obtuvo su visa de turista, hace cuatro años, y desde entonces disfrutó de viajar a San Antonio, Nueva York y San Francisco para hacer compras y recorrer. Durante esos viajes, a menudo gasta $1,000 dólares al día, estima.

Pero este año, Barba canceló su visita de Pascuas, además de la excursión que suele hacer en diciembre para efectuar las compras navideñas. “Decidí no volver allí hasta que el sentimiento anti Mexicano disminuya”, expresó el hombre, quien es asesor legal de un comité de derechos humanos del congreso. También dejó de comprar zapatos Nike y manzanas del estado de Washington, y en cambio adquiere productos hechos en México u otros países.

Si bien los mexicanos siguen disfrutando de días libres en la semana que precede a las Pascuas, algunos expertos locales de la industria turística sostienen que este año se produjo una caída importante en el interés de viajar a los EE.UU.

Aunque ingresar a este país es una necesidad diaria para muchos mexicanos que residen en la zona fronteriza, para otros se trata de una experiencia de lujo que prefieren ahora realizar en otros sitios donde se sienten más valorados: otras partes de su propia nación, o Europa o Canadá.

Tourism Economics, una firma de investigación global, estima que las visitas perdidas de mexicanos a los EE.UU. este año totalizarán 1.8 millones -una caída del 7% respecto del año anterior-, con pérdidas económicas directas de $1,600 millones de dólares.

Barba, por ejemplo, sostuvo que esperará hasta que el presidente Trump deje el cargo para volver a visitar los EE.UU.

“Ellos ya no se sienten bienvenidos”, remarcó Edgar Solís, presidente de la Asociación Metropolitana de Agencias de Viajes en Ciudad de México. “Aquí hay una aversión a la nueva administración y eso ha creado una reducción de pasajeros”. La tendencia no es mala para México, apuntó Solís, porque los viajeros usan su dinero para vacacionar en Puerto Vallarta, Baja California o Chiapas en lugar de Nueva Orleans, Denver o Las Vegas.

César Romero, presidente de GMA, un grupo de asociaciones de viajes, resaltó que sus colegas comunicaron una baja de entre el 15% y 20% en el interés de viajar a los EE.UU. desde que Trump asumió el cargo, en enero pasado. Los expertos del sector responsabilizan al mandatario y su retórica de ‘los EE.UU. primero’, así como a la forma hostil en que se refirió a México durante su campaña.

Para José Antonio Pinto, vendedor de la compañía de viajes GTA para México y América Central, los mexicanos son quienes, históricamente, han visitado los EE.UU. más que ningún otro país. Este año, para el primer trimestre, Pinto observó una reducción del 37% en las ventas de habitaciones de hoteles entre sus clientes mexicanos. En cambio, los viajeros prefieren ahora destinos en Europa, Canadá y Sudamérica.

En México, un país profundamente católico, la Semana Santa es una de las mayores temporadas turísticas del año. Romero la compara con el Año Nuevo Chino, cuando una gran cantidad de familias viajan para visitar a sus parientes o en plan de vacaciones. “La mayor parte de la Ciudad de México queda vacía; si uno camina por allí, se siente solo; hay muy pocos autos en las calles”, resaltó. “Siempre ha sido habitual que la gente tome vacaciones durante esos días, en México o en un destino extranjero”.

Pero ahora, en la era Trump, muchos turistas mexicanos fueron renuentes a viajar hacia el norte y su ansiedad se alimentó por los rumores acerca de la extrema selección en los puertos de entrada. “Circulan historias de las revisiones exhaustivas para los viajeros de este país”, explicó Romero. “La gente dice que ahora les piden sus teléfonos y tabletas, que investigan los mensajes que uno ha enviado; eso no le agrada a nadie. He estado en los EE.UU. y no he visto revisiones como esas, pero hay gente que afirma que ocurren”.

No todos los visitantes han sido disuadidos por la atmósfera política. Para algunos, como Mariana Alfarache, chef en Lalo!, en Ciudad de México, el problema es el costo del viaje. El peso ha caído a cerca de 19 por cada dólar -en 2014 el cambio era de 13 pesos mexicanos por dólar-. Normalmente, Alfarache viaja a Chicago y Los Ángeles cada año para ver a su familia, pero en enero pasado optó por ir a Cancún. El boleto de avión a los EE.UU. le hubiera costado 12,000 pesos -cerca de $650 dólares-, prácticamente el mismo monto que usó en su billete aéreo, hotel, transporte y comidas por una semana en Cancún. “Todo es el doble para mí”, expresó, acerca de viajar a los EE.UU. “Y es mucho más estresante”.

Sentados en el exterior de Roma Norte, un café de moda en Ciudad de México, Miguel Navarro y Bernardo López se quejaron acerca del desagradable giro de la política estadounidense. “No creo que sea reelegido”, afirmó Navarro sobre Trump. “Es como un vendedor de autos usados que vende coches de mala calidad”.

Navarro vive ahora en China, donde trabaja en la industria minera, pero pasó 16 años en California, donde asistió a la universidad, y más tarde cruzaba a Tijuana a diario para dirigir un negocio de suministros médicos. Al igual que muchos mexicanos, ha experimentado una variedad de actitudes xenófobas por parte de los estadounidenses, desde las graduales hasta las más violentas. Sin embargo, su visión general de los EE.UU. y su gente sigue siendo positiva. “Trump no creó el racismo en los EE.UU.; él sólo lo volvió algo más normal”, aseguró. “Es como cuando fumigas una casa: los bichos salen y parece que hay más de ellos, pero realmente ya estaban allí, escondidos en las esquinas”.

La exesposa de Navarro y su hijo, de siete años de edad, residen en Florida, y él ha decidido mudarlos a México para protegerlos de la atmósfera política tóxica. En un año, cuando regrese definitivamente de China, se reunirá con ellos y no desea que su hijo vuelva pronto a los EE.UU.

Por su parte, López, propietario de 180º, una tienda de ropa ubicada al otro lado de la calle, vende ahora una sencilla camiseta negra que reza con letras blancas que dice: ‘THE GOOD SIDE OF THE WALL’ (el lado bueno del muro). El comerciante afirma que pospuso sus viajes a los EE.UU., algo que realiza cuatro veces al año, por razones políticas y económicas. En cambio, esta vez planea ir a Europa. “Muchos de los turistas que vienen aquí son muy empáticos con México”, resaltó López, quien vendió exitosamente muchas de sus camisetas.

De hecho, para Solís, las empresas de viajes mexicanas no han experimentado una pérdida de clientes este año. En todo caso, están haciendo buenos negocios con los consumidores estadounidenses. “México es accesible por el valor de su moneda en relación con el dólar”, explicó. “Aquí pueden obtener mejores servicios; y el país sigue siendo percibido como un lugar seguro para viajar”.

Romero sostiene que gran parte de la caída del turismo en los EE.UU. se atribuye más al miedo que a los hechos objetivos. “Es un rumor; va de boca en boca entre la gente”, explicó. “La percepción es más dañina que la realidad”.

Traducción: Valeria Agis

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