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Tras el terremoto en Nepal, el río parece arder en llamas por las piras funerarias

Desde el sábado las piras funerarias hindúes no cesan de arder casi todo el día

 

He estado muy ocupado estos días’, dice un incinerador de cuerpos, sentado en cuclillas a un lado de  los rescoldos de una pira funeraria en Katmandú

El lunes, la familia de Usha Shrestha se reunió a lo largo de las orillas del río Bagmati para llevar su cuerpo a las piras funerarias.

La llevaron en una camilla de bambú verde, su cuerpo envuelto en una sábana estampada con flores color lavanda, un sari rojo y dorado y un paño en tono caléndula con el nombre de Dios escrito.

Apenas dos días después de que su corazón dejo de latir, le pusieron polvo rojo y le colocaron sobre el pecho unos billetes pequeños y arrugados. Sobre su corazón pusieron sus joyas.

Un incinerador de cuerpos profesional apiló troncos de madera de sal, una madera parecida a la teca, en una pequeña plataforma y le puso ghee –una mantequilla clarificada—entre las maderas para asegurarse de que las flamas prenderían. Uno a uno, sus tres hijos se arrodillaron a sus pies, su llanto no pudiendo ser contenido por las mascarillas quirúrgicas sobre su boca y derramándose por sus rostros.

Entonces, el hijo mayor lleva a cabo el último deber filial, poniendo un trozo de madera llameante en los labios de su madre.

A medida que las llamas se extendían sobre su pecho, el incinerador amontonaba paja encima del cadáver, enviando el humo azulado ondulando hacia el cielo, por encima de las blancas paredes del Templo Pashupatinath.

Desde el sábado por la noche, cuando la viuda de 45 años de edad fue aplastada en su casa por el  terremoto de 7.8 de Nepal, aquí las piras funerarias hindúes han estado encendidas casi todo el día. A partir de mediados de lunes, casi 300 cuerpos ya habían sido incinerados, dijeron las autoridades en el templo - más de seis veces la tasa normal de aproximadamente 15 a 20 cuerpos por día.

Sin embargo, estas ceremonias solemnes representan sólo una fracción de las víctimas del desastre: los funcionarios dijeron el lunes que únicamente en Katmandú, 800 personas perdieron la vida.

La demanda de servicios funerarios en Pashupatinath se ha vuelto tan intensa que sus 11 plataformas de piedra han estado trabajando más allá de su límite. Por la tarde del lunes, los quemadores estaban funcionado sobre los llanos de barro, atendiendo a las docenas de piras entre los empapados juncos del río.

Grandes vehículos 4x4 militares equipados como coches fúnebres llegaban con deprimente frecuencia. Camiones repletos de leña entraban en reversa a la orilla del río, asustando a los monos que habían dejado de beber la grisácea agua.

Conforme avanzaba la tarde, el sol se deslizó detrás de las nubes y el humo llenó el aire. Un helicóptero militar gris, tal vez en una misión de ayuda, se estremeció al pasar por encima.

Esposa e hijas gemían a lo largo de las orillas del rio. Mientras un joven andaba por ahí, con la cara como una máscara de piedra, una joven gritó desconsolada "¡Papi!" con una con intensidad avasalladora.

“Ha estado muy ocupado estos días”, dice un incinerador hindú, sentado en cuclillas a un lado de los rescoldos de una pira funeraria en Shrestha y contando sus ganancias del día mientras se fuma un cigarrillo.

Los incineradores como Adhikari ganan alrededor de $10 por cadáver, una cantidad decente, aunque el trabajo es muy duro. Los troncos de sal deben ser arrastrados a la cima de las plataformas y apilarse correctamente en un rectángulo de varios niveles, atender el fuego y estarlo avivando hasta que el cuerpo se reduzca a cenizas.

Además de los honorarios para los incineradores, las familias también deben pagar por la madera y una cuota para el espacio de la pira. Después de eso, hay otros servicios complementarios, como los acarreadores para llevar la camilla hasta la orilla del río. El costo puede llegar a ser de hasta  $50.

Una vez que el cuerpo es cremado, la madera quemada y las cenizas son empujadas al rio Bagmati. Luego, la plataforma debe ser lavada y limpiada y otro cuerpo es preparado en su lugar.

Idealmente, los muertos son cremados  el mismo día en que mueren o el día después. Pero como muchos hombres nepaleses, los hijos de Shrestha estaban trabajando en el extranjero y tuvieron que volar a casa para asistir a su funeral, así que los ritos se retrasaron hasta el lunes.

Adhikari, padre de cuatro hijos, dijo que no había estado tan ocupado en casi tres décadas. La última vez que vio esta cantidad de cuerpos fue en 1988, cuando decenas murieron en una estampida en un estadio local.

Pero después de tres décadas atendiendo a los difuntos de Katmandú, Adhikari dijo que debe mantenerse en una cierta actitud removida, no importa cuán grande sea la tragedia o la injusticia.

"Al principio, era muy conmovedor para mí, esto de quemar cuerpos", dijo. "Pero ahora, es como cualquier otro trabajo".

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