Se populariza el riego del jardín con agua de lavadoras o de la cocina

Se populariza el uso de agua de lavadoras para regar el jardín

Los mechones de cabello plateado cayeron sobre el rostro de Annie Costanzo mientras utilizaba un mazo contra el camino de ladrillo en su patio trasero. Las partículas de polvo y escombro llenaron el aire y los fragmentos de color rosa rojizo se dispersaron a raíz del último proyecto de conservación de agua de la escultora de 64 años de edad.

En el transcurso de dos días, Costanzo creó un canal en el cual fijó tubería de PVC y perforó un agujero en una pared de su casa para transportar el agua de su lavadora hasta una cuenca de abono colocada cerca de un árbol de magnolia detrás de su casa localizada en la Milla del Milagro.

“Estoy feliz de encontrar cualquier forma en la que pueda hacer que el agua rinda un poco más”, dijo Costanzo.

Costanzo es una de los millones de californianos que, en medio del cuarto año castigador de sequía en el estado, están recurriendo, cada vez más, al uso de las aguas grises -- de la lavadora de ropa, la regadera o el lavabo del baño -- para mantener hidratados a los árboles y a otras plantas.

Los seminarios educativos sobre la fuente de agua, una vez ilegal, se están llenando más rápido que nunca, los instaladores que realizaban un proyecto al mes ahora están colocando dos sistemas a la semana y una constructora grande está agregando sistemas de aguas grises a las casas nuevas en San Diego. Y los legisladores locales y estatales están aprobando medidas y ofreciendo propuestas para hacer que el uso de las aguas grises sea más fácil y económico.

Aun así, sigue habiendo barreras significativas. El instalar todo excepto el más básico sistema de lavandería a los jardines puede requerir permisos y costar miles de dólares. Los expertos dicen que los costos a menudo no son viables y los ahorros de agua a corto plazo son relativamente escasos, dejando a los propietarios preguntándose si vale la pena la inversión.

“Probablemente hace 15 años era una especie de beneficio”, dijo Richard G. Luthy, un profesor de la Universidad de Stanford quien estudia la calidad del agua y el suministro del agua urbana. “Ahora, es parte de las opciones que las personas están considerando para la conservación del agua”.

Durante años, las aguas grises no se diferenciaban del agua del inodoro y la ley requería que se transportaran fuera del hogar, dijo Laura Allen, cofundadora de Greywater Action, un colaborativo que dirige talleres y presentaciones sobre las aguas grises.

Pero en el último cuarto de siglo, nada ha avanzado el uso de las aguas grises como una buena sequía.

En cuanto terminó la sequía de principios de la década de 1990, California reclasificó las aguas grises como algo separado del agua del inodoro, algo que en teoría podría ser reutilizado. El agua de los inodoros, los fregaderos o los lavaplatos, es considerada como agua negra, y no puede ser reutilizada.

Pero el nuevo código de las aguas grises “era inútil”, dijo Allen.

“Los propietarios de casas de clase media... no podían obtener un permiso y construir un sistema legal”, dijo Allen. “Así que la mayoría de las personas ignoraron el código y simplemente vertían el agua en donde querían y crearon sistemas rudimentarios”.

Sin embargo, para finales de la década de 1990, los estudios demostraron que hasta 1 millón 700 mil californianos estaban utilizando las aguas grises. El grupo de Allen se formó, haciéndose llamar los Greywater Guerrillas, porque “Nada de lo que hacíamos era legal”, dijo.

Eso cambió en el 2009, cuando otra sequía puso a los legisladores bajo presión para legalizar las  aguas grises. El código de fontanería del estado fue modificado para permitirles a los propietarios de casas instalar sistemas de aguas grises de la “lavandería a los jardines” sin  permiso.

Y aunque los californianos durante años han estado llenando los recipientes de riego con las aguas grises, el instalar sistemas que puedan redirigir el agua del desagüe de las lavadoras hacia los jardines exteriores se impulsó una vez que el código de fontanería fue modificado.

El aumento de interés fue evidente un reciente miércoles por la noche, cuando un grupo ecléctico de propietarios de casas, constructores y autoproclamados hippies se reunieron en un complejo de apartamentos en Koreatown.

Se amontonaron sobre sillones desgastados en el lobby para escuchar el curso intensivo de dos horas sobre las aguas grises que dio Allen. El siguiente sábado, muchos de ellos se volvieron a reunir para un taller práctico sobre instalación.

A la mitad de una de las presentaciones, un hombre expresó una preocupación común.

“Todo parece muy bueno, pero en realidad ¿qué tanta cantidad de agua estoy utilizando para dos o tres bultos de ropa en la lavadora a la semana?” dijo el hombre. “Parece demasiado esfuerzo para regar tres árboles”.

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