ESPECIAL: ¿Quiénes son los ‘Dreamers’ que ven sus sueños postergados? Muchos podrían sorprenderle

Hace mucho tiempo, al parecer, el Congreso renunció a la idea de adoptar una reforma migratoria integral. El debate sobre qué hacer con millones de personas que se encuentran indocumentadas en los Estados Unidos era demasiado difícil.

El presidente Trump expresó que quería deportarlos y construir un muro para evitar que regresaran. Hasta ahora, eso tampoco ha llegado a una conclusión.

El reciente debate se centra más bien en un grupo de jóvenes inmigrantes que entraron sin permiso al país no por decisión propia; eran niños que fueron traídos aquí por sus padres u otros adultos. La mayoría de ellos creció hablando inglés, asistiendo a escuelas estadounidenses, jugando en equipos de fútbol de la comunidad.

¿Se supone que deben ser deportados? ¿A dónde? ¿A países que ni siquiera recuerdan? En 2012, el expresidente Obama puso un pie en la puerta de la reforma de inmigración con una orden ejecutiva conocida como Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés). Bajo ese programa, se calcula que unos 800,000 jóvenes recibieron protecciones renovables -de dos años- contra la deportación y permisos de trabajo.

Aquellos que se beneficiaron con el programa se hicieron conocidos como ‘Dreamers’ (soñadores).

La administración de Trump esta semana señaló que el programa llegará a su fin en seis meses, a menos que el Congreso tome medidas para renovarlo o reformarlo, un anuncio que ha provocado nuevos escalofríos de ansiedad en las familias de inmigrantes de todo el país.

¿Quiénes son los Dreamers? Son más diversos de lo que uno podría pensar. De acuerdo con el Instituto Brookings, inmigrantes provenientes de 195 naciones solicitaron los beneficios de estatus DACA desde 2015. La mayoría provenían de México. Después de eso, los cinco primeros países de origen eran El Salvador, Guatemala, Honduras y Corea del Sur.

Aquí están algunas de sus historias.

Melody Klingenfuss

 Melody Klingenfuss sabía que era sólo cuestión de tiempo antes de que el presidente Trump eliminara DACA. Sabía que el programa estaba “amenazado como nunca antes”.

Durante los últimos dos meses, este sentimiento de terror impulsó su deseo de llegar y enseñar a los jóvenes beneficiarios del programa a luchar contra la endurecimiento de políticas de Trump contra las personas que se encuentran indocumentadas el país.

“Una vez que nos conectamos con ellos, les enseñamos sus derechos y cómo organizarse, y la importancia de organizarse”, señaló Klingenfuss.

Muchos de los beneficiarios de DACA a quienes entrenó durante el verano pasaron toda su vida adulta en el marco del programa, y nunca sintieron la necesidad de organizarse, hasta ahora. Al principio muchos eran tímidos, pero ahora están listos para ser expresivos y abiertos, remarcó.

Klingenfuss, de 23 años y residente de North Hills, llegó con autorización a los Estados Unidos desde Guatemala, a los 9 años de edad, para reunirse con su madre. Perdió su estatus cuando se excedió en el límite de tiempo de su visa de turista, narró, aunque igualmente fue aceptada en el programa DACA después de someterse a un proceso de selección riguroso. Obtuvo una licenciatura en comunicaciones y una maestría en liderazgo y administración sin fines de lucro de la USC, y ahora es una organizadora de jóvenes inmigrantes para la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes de Los Ángeles.

Klingenfuss y otros beneficiarios de DACA, que recibieron un número de Seguro Social y permiso de trabajo, descubrieron el martes pasado que la administración de Trump había rescindido el programa.

La joven está tratando de no centrarse demasiado en cómo el final de DACA afectará su propia vida. En lugar de ello prefiere poner toda su energía en impulsar a otros para tomar una postura. “Hay mucha ira. Hay mucha motivación para alzar la voz”, destacó.

Ahora les enseña a esos jóvenes enojados a aprovechar sus sentimien

tos y usarlos para ayudarse -a sí mismos y a otros- en la comunidad de inmigrantes. “Estamos convirtiendo esa ira y otros sentimientos en acción”, advirtió. “Ese es nuestro enfoque”.

Jeong Park

Cuando tenía 11 años, los padres de Jeong Park, un taxista y una vendedora de cosméticos, enviaron a su único hijo desde Seúl al sur de California con una visa de turista, habiendo ahorrado dinero para inscribirlo en una escuela privada de Van Nuys.

Su madre le dijo que realmente necesitaba hacer el viaje, siendo niño, para explorar los Estados Unidos. Pero lo que recuerda es que lloró mucho en el avión.

El muchacho creció cuidado por un tío, con quien todavía vive en Koreatown, en Los Ángeles. Con el tiempo se graduó en Diamond Ranch High School, en Pomona, y más tarde obtuvo una licenciatura en ciencias políticas de la UCLA. El joven no tenía ni idea de su estatus migratorio, debido a su visa de turista vencida, hasta que trató de obtener una licencia de conducir cuando era adolescente.

Ahora, con 23 años y beneficiario de DACA, Park luchó con sus emociones este martes, después de oír que el programa podría finalizar en seis meses, y afirmó que el público puede no ser consciente de la gran diversidad que existe entre los beneficiarios de DACA.

“Sé que la mayoría de los rostros indocumentados que se ven son latinos. Pero he oído que hay miles y miles de personas de otras culturas. No todo el mundo necesita estar en silencio”, agregó.

El muchacho ha buscado un trabajo de tutoría, un empleo como reportero en un periódico o un puesto de relaciones públicas en una organización sin fines de lucro. Ahora, se preocupa por esa búsqueda. “Cuando las personas investigan, después de entrevistarte, saben cuál es tu situación. Pero no quieroestar en las sombras. No hay muchos jóvenes indocumentados que tengan el poder o la oportunidad de compartir sus historias, y si yo lo tengo, debo hacerlo”, manifestó Park.

Sus documentos de DACA expiran en agosto de 2018. Park podría elegir estar molesto o deprimido, pero no lo hace. “Tengo esperanza. He visto muchas declaraciones de congresistas y senadores republicanos que parecen estar entendiendo” la necesidad de mantener el programa. “Tal vez éste sea un paso hacia atrás, dos hacia adelante”.

El joven ha recibido mensajes inspiradores de amigos en las redes sociales,  y un hecho lo impulsa: “La verdad del asunto es que 12 millones de inmigrantes han sobrevivido, con o sin DACA. No van a ser capaz de deshacerse de todos ellos”, estimó.

Park no piensa regresar a Corea del Sur. Entiende que sus padres se sacrificaron para que él pudiera triunfar en una carrera profesional en los EstadosUnidos. Este verano pasado, finalmente vio a su padre por primera vez desde que dejó su tierra natal; el hombre vino a su graduación de la universidad.

Gregory ‘Ronnie’ James

Una “esperanza”, así es como Gregory “Ronnie” James, de Brooklyn, había considerado a DACA. “Ahora, esa esperanza ha sido arrebatada”, afirmó el miércoles.

James tenía nueve años cuando su madre, que vivía indocumentada en los Estados Unidos y trabajaba como niñera, los mandó a buscar a él y su hermano mayor, a su isla caribeña de Santa Lucía. En Nueva York, asistió a la escuela Aviation High School, en Long Island City. Cuando su madre escuchó hablar sobre DACA, en 2012, instó a James y a su hermano, de 24 años, a inscribirse.

Después de recibir los beneficios de DACA, su hermano encontró trabajo como guardia de seguridad, y luego como auxiliar de enfermería.

James se inscribió en el Borough of Manhattan Community College, en un programa  en comunicaciones de dos años; luego se transfirió al City College, donde es un estudiante de tercer año y se especializa en estudios internacionales.

“Tengo una beca que está vinculada con la matrícula para residentes del estado. Si pierdo DACA, básicamente, ya no puedo pagar la escuela”, expuso James por teléfono, en un descanso entre clases, el miércoles último.

El muchacho, de 20 años, recientemente fue contratado como pasante para un miembro del Concejo Municipal de Nueva York. Comenzará a trabajar allí a finales de este mes, ya que su permiso de trabajo no vence hasta 2019. James relató que después de que fue elegido Donald Trump, pensó que DACA estaba condenado, pero que quizás las cosas no serían tan malas despuésde todo.

“DACA nunca fue una solución permanente para arreglar la situación migratoria de los Dreamers o de nuestros padres”, dijo. “No creo que sea un problema latino, es un problema para todos los inmigrantes... Se necesita una solución más permanente”.

Para James, los Estados Unidos están en una encrucijada y deben decidir cómotratar no sólo a los Dreamers, sino a todos los inmigrantes, los musulmanes y la gente de color. “¿Somos el país que hace realidad los sueños o que se los quita a cualquiera que sea ‘el otro’?, se preguntó.

Armando Carrada

Gracias a DACA, Armando Carrada tuvo tres empleos, se graduó con un diplomado el año pasado y obtuvo una beca completa para estudiar gestión de la hospitalidad en la Universidad Internacional de Florida, ubicada en las afueras de Miami.

Carrada, de 27 años, comenzó sus clases la semana pasada, pero el campus estuvo cerrado el miércoles debido a la inminente llegada del huracán Irma; otro estrés sobre su familia.

La madre de Carrada lo trajo a él y a su hermana menor sin autorización a los Estados Unidos desde Oaxaca, México, cuando tenía siete años. Ahora ella dirige un vivero, pero depende de su hija, una ciudadana nacida en los Estados Unidos, para llevarla a trabajar, ya que no puede obtener una licencia de conducir.

Poner fin a DACA significará que “los estudiantes pierdan la oportunidad de apoyar a sus familias, no sólo monetariamente”, resaltó Carrada.

Su hermana y su cuñado también recibieron beneficios de DACA, obtuvieron licencias de conducir y comenzaron un negocio de camiones. “¿Qué pasará entonces? Ella perderá un negocio que está ayudando a la economía y que promete empleo para otras personas”, reflexionó.

Su hermana también trabaja como técnica de cuidados intensivos en un hospital local, y acaba de tomar licencia de maternidad después de que naciera su primer hijo, hace dos semanas; una niña.

“Me llamó hoy y estaba asustada”, comentó Carrada el martes, el día en que el presidente Trump anunció el fin del programa.

Su hermana tiene una cita para renovar su permiso de trabajo por otros dos años. El permiso de Carrada vence en octubre de 2018; él duda que el Congreso salve el programa para entonces. “Ellos sólo se centran en otra cosa y dejan esto en segundo plano”, expuso. “Si algo fuese a suceder en el Congreso, espero que incluya a muchas más personas. Soy un Dreamer, pero mi madre también tuvo un sueño cuando llegó a este país”.

Por ahora, Carrada se enfocará en la organización de sus compañeros Dreamers y en “asegurar que las personas no tengan miedo”. “Ya salimos de las sombras y entonces sucedió esto. No queremos que las personas piensen: ‘No quiero hablar o asistir a las manifestaciones”, dijo.

Pedro Ramírez

El primer acto político de Pedro Ramírez fue una huelga en la escuela preparatoria, después de que el Congreso votara en contra de un proyecto de reforma migratoria integral en 2007.

En la década transcurrida desde entonces, aprendió a ser escéptico acerca de los esfuerzos para enmendar el pobre sistema de inmigración de la nación, que le afectan directamente. Nacido en Jalisco, México, sus padres lo trajeron sin permiso a los Estados Unidos a los tres años de edad.

Al igual que muchos otros, llegaron buscando una vida mejor, y eso se extendía a su hijo. DACA le permitió a Ramírez, de 28 años, trabajar en blanco desde 2013, más recientemente como organizador sindical.

El anuncio de la administración Trump sobre el fin del programa no le sorprendió. “Esto no es nuevo”, aseguró. “Es decepcionante, porque cuando consigues algo como [DACA], te ofrece oportunidades. Que te lo quiten es un shock, sobre todo para las generaciones más jóvenes, que no tuvieron que esforzarse tanto como lo hicimos nosotros en su momento. Las personas como yo debimos ingeniarnos. Podemos sobrevivir. Pero es horrible, es muy horrible”.

Ramírez, de 28 años, trabajó en varios empleos y usó becas para terminar su licenciatura en ciencias políticas en Fresno State, y su maestría en política pública y administración de Cal State Long Beach. Trabajó como empleado administrativo, limpió oficinas y cortó el césped. Además, ayudó en un par de campañas políticas como consultor.

Después de recibir su permiso de trabajo, consiguió su primer empleo estable en la oficina del concejal de Los Ángeles Gil Cedillo. Ahora trabaja como coordinador de campaña para un grupo sindical en Fresno. DACA ha significado empleo a tiempo completo y atención médica para él.

Ramírez y sus padres, un trabajador de restaurante y una mucama de hotel, son los únicos miembros de su familia sin permiso permanente para residir en el país. Su hermano menor nació en los Estados Unidos.

Poco después de la toma de posesión de Trump, Ramírez comenzó a prepararse para el peor de los casos. Puso más dinero en sus ahorros. Él y sus padres hicieron copias de sus documentos legales importantes y formas de identificación, anotaron los contactos de emergencia y mandaron a hacer copias de las llaves de su casa para dárselas a las personas en las que pueden confiar en caso de que alguno de ellos sea detenido. Ramírez también planea agregar a un miembro de la familia como cosignatario en su préstamo de automóvil.

No se está escondiendo. En  2010, poco después de ser elegido presidente del cuerpo estudiantil de Fresno State, el estatus migratorio de Ramírez fue expuesto públicamente en un correo electrónico anónimo enviado a los medios locales de noticias. “En cierto modo, estoy tranquilo”, afirmó a The Times en ese entonces. “Nunca pensé que esto iba a suceder. Pero ahora que esto se sabe, finalmente me siento listo para decir: ‘Sí, soy yo. Soy uno de los miles [de indocumentados]”.

Dulce Gomez

Dulce Gómez, de 19 años, no se dio cuenta de que era diferente de cualquiera de sus amigos o hermanos hasta que estuvo en la preparatoria y empezó a pensar en la universidad.

Traída a los Estados Unidos desde México cuando tenía dos años, había pasado toda su vida, o al menos lo que podía recordar de ella, viviendo en Newark, Nueva Jersey. Sus hermanos menores son ciudadanos de los Estados Unidos.

“Soy la única nacida en México. Pero realmente nunca había pensado en ello. Cuando era niña, simplemente pensaba que éste era mi país. Soy de aquí”.

Eso cambió cuando tomó el examen SAT, en preparación para asistir a la universidad. “Había cuestionarios sobre la solicitud de ayuda financiera y becas. Le pregunté a mi mamá y me di cuenta”.

Gómez, una beneficiaria de DACA, entró a Kean College en Union, Nueva Jersey, y comenzará sus clases este mes para estudiar ciencias políticas. “Calculo que tengo un semestre para estudiar en los Estados Unidos”. Pero canceló sus planes para comenzar las clases de conducción, ya que decidió que no tiene sentido obtener una licencia en Nueva Jersey.

Sin embargo, esta experiencia ha fortalecido la relación de Gómez con sus amigos y hermanos. “Una de mis amigas me dijo, no te preocupes, puedo esconderte en mi dormitorio”.

El lunes por la noche, anticipando el anuncio del presidente Trump del día siguiente, su hermano de 13 años de edad lloró junto con ella. “Me abrazó durante 30 minutos para decir adiós”.

Gómez, sin embargo, no está dispuesta a renunciar. Se ha convertido en una activista y está hablando en las manifestaciones sobre los jóvenes inmigrantes como ella. “Incluso en la comunidad de inmigrantes, nuestro estatus migratorio solía ser algo de lo que no hablábamos. Pero ya no tengo miedo. He encontrado mi voz”.

Stephanie Ji Won Park

Stephanie Ji Won Park nació en Seúl y llegó a Nueva York cuando tenía cinco años de edad.

En cuanto expiró la visa de turista que sus padres usaron para viajar a los Estados Unidos, se instalaron en un apartamento en el Bronx. Ella ganó becas para asistir a algunas de las mejores escuelas privadas en Nueva York.

En la secundaria, mientras sus compañeros de clase viajaban al extranjero, los padres de Park no le permitían asistir. Lentamente, empezó a darse cuenta de que estaba en el país sin autorización.

En 2013, solicitó los beneficios del programa y los obtuvo. “Fue maravilloso”, dijo. “Me ofreció algo de seguridad”.

Los inmigrantes de Corea del Sur, después de los de México y Centroamérica, están entre los mayores beneficiarios del programa DACA. “Este tema afecta mucho a los coreanos”, expresó. “No se saca mucho a la luz, pero así es”.

Dos años después de lograr el estatus de Dreamer, Park recibió su licenciatura en Lengua y Literatura Inglesa, Historia y Medios de Comunicación en Hunter College, de Manhattan. Ahora, a los 24 años de edad, es miembro del consejo de United We Dream, un grupo de derechos de inmigrantes con sede en Washington.

Cuando se enteró de la decisión de de poner fin al programa, no se sorprendió. Desde las elecciones de noviembre, se había preparado para este momento. “Sigue siendo emocional y físicamente desgastante”, aseguró. “Es doloroso”.

Ángel Ortega

Ángel Ortega, de 27 años, no quiere ser deportado, pero estará preparado si eso sucede.

El muchacho trabaja horas extras para terminar una maestría en educación superior en el Queens College de Nueva York ,con la esperanza de que un título avanzado de los Estados Unidos le ofrezca un empleo si termina regresando a México. Al mismo tiempo, enseña español y deportes en una escuela católica, y es entrenador de atletismo para poder solventar sus gastos.

Como si todo ello no lo mantuviera lo suficientemente ocupado, también entrena para correr el maratón de la Ciudad de Nueva York.

El consumado neoyorquino -quien tiene un fuerte acento de ese estado para demostrarlo- creció en el vecindario Astoria, en Queens, después de ser traído a los Estados Unidos a los cuatro años de edad. Aunque la mayoría de los programas de subvenciones federales y estatales no aceptan a inmigrantes indocumentados, Ortega tiene la ventaja de sus habilidades atléticas. “Fue extremadamente difícil entrar en la universidad, pero era uno de los mejores corredores”, dijo. Así, se especializó en ciencias del deporte y kinesiología.

Ortega pensó que su vida se había vuelto más fácil en 2012, cuando fue aprobado para DACA, pero quedó devastado por la victoria de Trump en las elecciones presidenciales. “Estaba completamente destrozado. Lloré toda la noche”, aseguró.

Desde noviembre, el muchacho ha seguido todas las declaraciones del mandatario acerca de si continuaría con los aplazamientos para los jóvenes inmigrantes como él. No confía en que el Congreso actúe dentro del período de seis meses dado por la Casa Blanca para restaurar el programa. “Como los republicanos no tienen agallas y no quieren condenar al presidente por apoyar a los supremacistas blancos, creo que las posibilidades para nosotros son muy escasas”, afirmó.

Sumbul Siddiqui

Sumbul Siddiqui, quien no tiene seguro médico, sueña con abogar por este “derecho fundamental” para las personas que se encuentran indocumentadas en el país.

También anhela convertirse en doctora, y su inscripción en DACA parecía un paso hacia lograr esa meta.

Nacida en Arabia Saudita, de padres paquistaníes, y ahora residente en Atlanta, la joven trabaja como escribana médica, maneja registros y toma notas para los médicos que examinan a diversos pacientes. También es voluntaria en una clínica comunitaria de bajos ingresos, donde ha podido digitalizar todas las cartas de papel acumuladas del flujo constante de clientes inmigrantes y locales.

“Lo que me llevó a la medicina es la falta de acceso que tenemos para saber lo que sucede, y lo que podemos hacer para cuidar mejor de nuestra salud. Somos parte de los marginados simplemente porque somos indocumentados”, expresó Siddiqui.

La chica obtuvo una licenciatura en neurociencias del Agnes Scott College, en Georgia, y ahora disfruta de un año sabático antes de solicitar su ingreso a la escuela de medicina, con la esperanza de trabajar con las poblaciones marginadas que “necesitan nuestra ayuda más que nunca”.

El rechazo de Trump a DACA, dice, “no me enoja tanto. Más que nada, me siento herida, y ese dolor me impulsa a esforzarme más. Muchas personas asumen que los indocumentados son de esta manera o de esta otra, pero la realidad es que todos somos diferentes y de distintas razas. Como beneficiarios, no tenemos nada que esconder, porque cuando aplicamos para DACA pasamos por verificaciones de antecedentes y abrimos nuestras vidas enteras al gobierno”.

Su mensaje para el público estadounidense es “por favor, no hagan suposiciones” sobre aquellos sin documentación. “Lleguen a conocernos”.

Siddiqui ha vivido en Georgia durante 20 años, después de llegar a sus cuatro años de edad, en un viaje que se desarrolló cuando su padre, un exgerente de una empresa de viajes, solicitó una visa de turista que más tarde cambió a una visa de negocios cuando decidió abrir una gasolinera en el estado. Ahora, los hermanos Siddiqui tienen estatus migratorio mixto; ella y un hermano menor están amparados por el programa DACA, y otros dos son nacidos en los Estados Unidos.

“Mi madre había oído hablar de las grandes oportunidades estadounidenses y siempre presionó para que nosotros tuviéramos la mejor educación”, relató la chica, quien prometió a sus padres no perder de vista ese objetivo. “Por eso decidí hablar. Hay mucho miedo, pero si no lo haces tú ¿quién más te conoce tanto?”.

Traducción: Diana Cervantes

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