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Pareja de divorciados pelea por los embriones congelados

Pareja divorciada se enfrenta en los tribunales de San Francisco por embriones congelados

El lunes comenzó una batalla legal entre una pareja divorciada que pelea por el futuro de sus embriones congelados, y en la cual el abogado del ex marido acusa a la mujer de utilizar el conflicto para conseguir dinero.

La Dra. Mimi Lee, de 46 años de edad, una pianista y anestesióloga de medio tiempo, se casó con Stephen Findley, un acaudalado ejecutivo, hace cinco años. Poco antes de la boda, Lee se enteró que tenía cáncer de mama.

No seguros de si la enfermedad haría que fuese imposible para ella tener hijos, la pareja acudió a un centro de fertilidad, donde los óvulos de Lee y el esperma de Findley condujeron a la creación de cinco embriones, que ahora están congelados.

Findley solicitó el divorcio hace dos años y quiere que los embriones sean destruidos. Lee, quien ahora es infértil, quiere implantar los embriones en una madre de alquiler y tener un bebé. Sin los embriones, ella nunca tendrá un hijo propio.

El conflicto – la última cuestión en ser decidida en el divorcio de la pareja – llegó a juicio el lunes en el Tribunal Superior de San Francisco, y pondrá a prueba la exigibilidad de los acuerdos de consentimiento que firman las parejas antes de obtener tecnología reproductiva y probablemente creará una nueva ley en California.

“Mientras que la gran mayoría de los casos se resuelven en favor de la parte que desea evitar la procreación, dos recientes decisiones otorgaron los embriones a las mujeres que deseaban utilizarlos para tener un hijo”, dijo Judith F. Daar, una profesora de la Escuela de Leyes Whittier, en una entrevista realizada por correo electrónico realizada antes del inicio del juicio.

En los casos ganados por las mujeres, ambas habían recibido un diagnóstico de cáncer y ambas eran infértiles, dijo Daar.

Durante los argumentos de apertura, el abogado de Findley acusó a Lee de chantaje y sostuvo que ella “trató de conseguir de $1 millón a $2 millones de dólares por embrión” de su ex marido.

Joe Crawford, el abogado, no dio explicación a detalle sobre la acusación, y un abogado por parte de Lee más tarde dijo que no sabía a qué se estaba refiriendo Crawford.

Crawford llamó a Findley un “hombre moral”.

“Si un niño es genéticamente suyo... participará en la vida del niño”, dijo Crawford. “Pero le teme a 18 años de interacción con la Dra. Lee”.

Los dos tuvieron un “divorcio extremadamente difícil” marcado por el conflicto sobre asuntos financieros, dijo Crawford.

Argumentó que las formas de consentimiento firmadas por Findley y Lee en el Centro Médico de UC San Francisco no pueden ser cambiadas salvo por acuerdo mutuo. En esas formas, la pareja acordó que los embriones serían destruidos si la pareja se divorciaba, pero los embriones se le entregarían a Lee si Findley falleciera, dijo el abogado.

Maxwell Pritt, un abogado de Lee, respondió diciendo que ella tiene el derecho fundamental a procrear y su “única oportunidad para procrear” son esos embriones.

Pritt le dijo al tribunal que Lee firmó las formas durante un “torbellino” de eventos que cambiaron su vida: su matrimonio, el cáncer y el temor de volverse infértil.

No consideró a los acuerdos de consentimiento como un contrato vinculante con Findley y nunca discutió las formas hasta que Findley pidió el divorcio, dijo Pritt.

Argumentó que el caso tendría amplias implicaciones para todas las mujeres que quieren hacer valer su derecho a tener hijos.

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