Mientras la obesidad aumenta, más estadounidenses pierden la esperanza de adelgazar

Mientras la obesidad aumenta, más estadounidenses pierden la esperanza de adelgazar

Una nueva investigación muestra que quienes tienen sobrepeso u obesidad por un tiempo prolongado son más propensos a rendirse y no intentar nada más al respecto.

Sería lógico que, quienes saben que tienen sobrepeso u obesidad, y que sus libras de más no son saludables, intenten perder peso, ¿cierto? Pues ya no, según revelaron nuevas investigaciones.

La proporción de adultos estadounidenses con sobrepeso u obesidad ha crecido de forma constante durante décadas, del 53% de la generación pasada a aproximadamente un 66% más recientemente. Sin embargo, la proporción de esos adultos que abandonaron las dietas cayó durante el mismo período, reportaron este martes los investigadores en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA).

El estudio se apoyó en datos de la encuesta National Health and Nutrition Examination Survey, un proyecto en curso de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC). En la primera etapa del sondeo, entre 1988 y 1994, cerca del 56% de los adultos con exceso de peso u obesidad reportaron haber intentado adelgazar en el último año. En el último período de la encuesta, entre 2009 y 2014, la proporción de participantes que buscaron perder peso había declinado a cerca del 49%.

Esta tendencia fue considerada estadísticamente importante entre las mujeres y hombres blancos, pero fue más pronunciada aún entre las mujeres afroamericanas, 55% de las cuales tuvieron sobrepeso u obesidad en los últimos años del estudio.

En el primer período del sondeo, cerca del 66% de las mujeres negras señalaron que habían intentado perder peso en los últimos 12 meses. Pero en la última etapa de la prueba, sólo el 55% de la misma franja reconoció haber encarado algún esfuerzo para adelgazar.

Los autores del nuevo informe, un equipo del Colegio de Salud Pública de la Universidad Southern Georgia, ofrecieron una explicación relativamente sencilla para este fenómeno al decir que “el peso corporal socialmente aceptable está aumentando”, y señalaron un estudio de 2010 de la revista Obesity que dio cuenta de “un cambio generacional en las normas sociales relacionadas con el peso” por el cual, de hecho, tener grasa corporal se ha convertido en la nueva normalidad. Entre 1998 y 2004, el estudio explicó, tanto hombres como mujeres tenían menos probabilidades de clasificarse como ‘con sobrepeso’, incluso si su índice de masa corporal indicaba que lo eran.

Ese cambio, según los autores de dicho estudio, puede hacer que las personas sientan “menos deseo de perder peso que antes, limitando la eficacia de las campañas de salud públicas dirigidas a adelgazar” (por otra parte, sugirieron, “habría beneficios de salud asociados a tener una imagen corporal mejorada”).

Pero los investigadores que realizaron el nuevo informe en JAMA reconocieron que puede haber otras fallas en la cadena de razonamiento que establece “si hay grasa, entonces hay que hacer dieta”.

Ciertamente, escribieron, es posible que la “percepción errónea del peso corporal” pueda estar reduciendo la motivación de las personas para adelgazar. Y puede ser que los médicos de atención primaria, quienes deberían aconsejar a los pacientes obesos que pierdan peso, no lo estén haciendo de forma correcta.

Los autores también reconocieron otra posibilidad: que muchas personas que han tenido sobrepeso u obesidad por un prolongado tiempo -e intentado hacer dietas muchas veces- se hayan rendido, sencillamente. “Cuando más tiempo los adultos viven con obesidad, menos dispuestos parecen estar a adelgazar, en particular si lo han intentado varias veces sin éxito”, escribieron.

Ese patrón de agotamiento es muy real: un estudio de 2011 publicado en el New England Journal of Medicine demostró que el cuerpo, después de una dieta, experimenta una serie de cambios que buscan recuperar el peso perdido. Las tasas del metabolismo caen, permitiendo que el cuerpo, después de una dieta, haga más con menos calorías; una gran cantidad de señales hormonales cambian para aumentar el apetito. Esas modificaciones duran al menos un año después de que se pierde el peso, según el estudio, e incluso después de recuperarlo, muchas de ellas persisten y generan un incremento de peso adicional.

Replicada por otros estudios, la investigación ayuda a explicar la desalentadora conclusión de que, dentro de los cinco años de haber perdido peso, el 95% de quienes hacen dieta recuperarán todas las libras perdidas, y la mayoría ganará algunas extra.

Es probable que muchos estadounidenses “se estén rindiendo” ante el tema. Pero es también posible que algunas de las personas con sobrepeso y obesas que no hayan intentado perderlo en el último año hayan prestado atención a un creciente coro de expertos -o se hayan desalentado por sí mismas- que afirman que hacer dieta podría no ser la forma más sostenible de mejorar la salud. Si bien adelgazar sería la opción ideal, el ejercicio regular podría regular algunos de los efectos del sobrepeso.

Para los funcionarios de la salud pública, prescindir de la vergüenza por el peso corporal no es una mala idea. Un estudio publicado este año en Obesity descubrió que, para algunos obesos, el sesgo por el peso y la discriminación aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades del corazón y diabetes. Casi el 90% de los participantes de dicho análisis fueron mujeres, y dos tercios afroamericanos.

Las personas obesas que tendían a “internalizar” la discriminación por el peso y la vergüenza eran menos sanas, estimó el informe. La autora de éste, Rebecca L. Pearl, psicóloga de la Universidad de Pensilvania, consideró que absorber mensajes de sesgo por peso “puede afectar negativamente la salud mental y llevar a comportamientos perjudiciales, tales como comer en exceso”.

Traducción: Valeria Agis

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