México tiene una nueva carta de negociación con Trump: un boicot al maíz

México tiene una nueva carta de negociación con Trump: un boicot al maíz

Desde hace 10,000 años, el maíz no es sólo un elemento básico de la dieta mexicana sino también todo un símbolo de ese país. Y desde la aprobación del tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), en 1994, también se ha convertido en un emblema de la creciente dependencia económica de México hacia los EE.UU.

Ahora, mientras el presidente Trump amenaza al país vecino con impulsar cambios drásticos en el comercio internacional, sus líderes han empuñado el maíz como arma. El Senado de México considera por estos días una ley que llama a un boicot al maíz estadounidense, y el gobierno ya ha comenzado a negociar con Argentina y Brasil para importarlo de esas naciones, libre de impuestos.

La amenaza de un boicot es el intento más reciente, y quizás el más inteligente, de la lucha contra Trump, cuyas amenazas de retirarse de los acuerdos de libre comercio e imponer un impuesto del 20% sobre los productos mexicanos han sacudido la confianza en la economía al otro lado de la frontera.

México, que en los años 1980 exportaba maíz sobrante, compra ahora un tercio del que consume a los EE.UU. El año pasado, adquirió un total de $2,500 millones a Iowa, Nebraska y otros estados, convirtiéndose así en el mayor mercado de exportación de maíz para los agricultores estadounidenses. 

Trump apunta a un déficit comercial de $60,000 millones a favor de México como justificación para revisar fuertemente una de las asociaciones comerciales más importantes y estables del país.

Los organizadores del boicot sostienen que su meta es resaltar lo mucho que ciertos sectores estadounidenses dependen de esa relación comercial. “Trump alega que México se aprovecha de los Estados Unidos”, afirmó el senador Armando Ríos Piter, quien presentó el proyecto de ley el mes pasado, inspirado por un grupo de activistas que pidieron la organización de un boicot. “Necesitamos dejar en claro cuánto ganan muchos estados a partir del comercio con México”, remarcó Ríos, miembro del Partido de la Revolución Democrática, de izquierda. “Es importante que la gente en el medio oeste de ese país sepa lo que México significa para ellos”.

Los analistas sostienen que, aunque la aprobación del proyecto de ley del boicot es poco probable, se trata de un movimiento político hábil porque sus mayores efectos se sentirían en Iowa, Nebraska, Wisconsin y otros estados que votaron por Trump en la elección presidencial del año pasado.

Hasta el momento, los agricultores estadounidenses tienen una clara ventaja sobre los vendedores sudamericanos, gracias a la proximidad y a un sistema logístico construido hace décadas, más el acceso libre de impuestos que le otorga a los EE.UU. una ventaja adicional sobre los precios. Pero los líderes electos y grupos de defensa de la agricultura en esos estados se encuentran ahora en alerta máxima.

Tom Sleight, director ejecutivo del Consejo de Granos de los EE.UU., se mostró preocupado por un cambio en las compras mexicanas de maíz y señaló que los clientes de ese país que se habían reunido con él en el último mes estaban molestos con el tono de las renegociaciones del NAFTA. “Quieren que todo siga como hasta ahora, pero también se habla bastante acerca de un posible plan B”, afirmó.

En reuniones privadas con funcionarios comerciales de Trump y en entornos públicos, los legisladores han advertido repetidamente acerca del posible daño a los agricultores estadounidenses si México intentara diversificar las importaciones de cereales comprando a proveedores de Sudamérica u otros mercados. “No puedo insistir lo suficiente en que habrá consecuencias económicas reales e inmediatas para los agricultores si perdemos estas exportaciones”, aseveró el senador republicano Charles E. Grassley, de Iowa, en la audiencia de confirmación de Robert Lighthizer, nominado por Trump como representante comercial estadounidense.

En una carta dirigida al Consejo Nacional de Comercio, el mes pasado, otro republicano, el senador Ben Sasse, de Nebraska, expresó una preocupación similar. “Los productores de Nebraska no pueden convertirse en los daños colaterales de una guerra comercial”, escribió. “Insto encarecidamente a la administración a que actúe de inmediato para prevenir cualquier daño duradero a las exportaciones agrícolas de Nebraska, que demuestre que México continuará siendo un valioso socio comercial y que las futuras negociaciones se llevarán a cabo de buena fe”, solicitó la carta, que además apuntó que Nebraska aportó el 17% de su maíz a México en 2014. En tanto, en el mayor productor de maíz, Iowa, que exportó cerca del 75% de su producción a México el año pasado, los líderes agrícolas están deliberando cuál será su mejor respuesta.

Bob Hemesath votó por Trump en noviembre. Sin embargo, Hemesath, presidente de la Asociación de Cultivadores de Maíz de Iowa, está descontento con algunas de las acciones del mandatario acerca del comercio, entre ellas cumplir con su promesa de retirarse de la Asociación Transpacífica, un acuerdo que el agricultor considera habría ayudado a los productores estadounidenses. “México es uno de nuestros principales mercados”, afirmó.

Aunque continúa apoyando al presidente, dijo, será responsabilidad de los agricultores como él recordarle al mandatario sus preocupaciones. “Sólo seguiremos abogando con la administración sobre la importancia de mantener estos mercados abiertos”, afirmó.

Aunque California prácticamente no produce maíz, la industria agrícola del estado, de $47,000 millones de dólares, también observa nerviosamente cualquier signo de una guerra comercial con México. El año pasado, el estado exportó $2,300 millones en productos agrícolas al país vecino -su quinto socio comercial- incluyendo madera, lácteos, frutas frescas y nueces. Muchos productores californianos también trabajan al otro lado de la frontera, especialmente con bayas y cultivos de vegetales.

Las fincas, ranchos y la producción lechera del Estado Dorado son aproximadamente el doble de dependientes del comercio exterior que el país en su totalidad. El año pasado, la agricultura de California ganó $21,000 millones del comercio, alrededor del 44% de sus ingresos totales, según el departamento de Alimentación y Agricultura del estado.

Mientras que el NAFTA ha beneficiado a muchos productores de los Estados Unidos, al sector agrícola de México no le ha ido tan bien. Los productores de tomate y aguacate se han beneficiado, pero grandes franjas del país que durante mucho tiempo confiaron en el cultivo de maíz han sido devastadas por la competencia con los EE.UU.

Las pequeñas granjas familiares, en particular, simplemente no pudieron competir con los grandes agricultores estadounidenses que disfrutan de importantes subsidios federales. En los 23 años desde que el NAFTA entró en vigor, las importaciones anuales de maíz a México crecieron de aproximadamente 3.1 millones de toneladas métricas a casi 14 millones de toneladas métricas, según el Departamento de Agricultura de los EE.UU. y el Consejo de Granos del país.

El cambio obligó a muchos agricultores mexicanos a modificar su rutina a la agricultura de subsistencia, o a tomar trabajos estacionales lejos de sus hogares, manifestó Timothy Wise, director del Programa de Investigación y Políticas del Instituto de Desarrollo Global y Medio Ambiente de la Universidad de Tufts. Muchos otros se marcharon a los EE.UU. en busca de empleo, afirmó.

Para los científicos, la creciente dependencia del maíz estadounidense también puso en riesgo la diversidad de los cultivos de maíz en México, donde han comenzado a extinguirse algunas variedades ancestrales. Ello ha sido un punto de discordia en ese país, donde en tiempos prehispánicos el maíz era considerado sagrado; sus cáscaras aparecen talladas en templos, se lo celebra en festivales y se lo emplea en la preparación de tortillas, que son un elemento básico de la vida común.

Antonio Turrent Fernández, del Instituto Nacional de Investigación Forestal, Agrícola y de Ganadería, aseguró que el gobierno debería aprovechar esta oportunidad para aumentar las inversiones en la producción de maíz en lugar de buscar nuevos mercados de importación. “Necesitamos que nuestros líderes electos comiencen a ver más allá de sus narices”, expresó. Al sugerir que México podría producir cuatro veces más maíz del que actualmente genera, si contara con la ayuda de una mejor tecnología, remarcó: “Necesitamos un programa que nos permita ser autosuficientes en el suministro del producto alimenticio más importante en el país”.

Parte del objetivo del NAFTA era desplazar las economías rurales hacia áreas urbanas, explicó el funcionario. Pero eso ha logrado que México dependa cada vez más de países como los EE.UU.

Traducción: Valeria Agis

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