A pesar de la eliminación de DACA, estos ‘dreamers’ aseguran que no se irán a ninguna parte

A pesar de la eliminación de DACA, estos ‘dreamers’ aseguran que no se irán a ninguna parte

Ellos no son niños, no son perfectos y ya no se esconderán entre las sombras.

A algunos de ellos, incluso, no les gusta la etiqueta evocativa de “dreamers” (soñadores), que consideran tan estigmatizante como el estereotipo de la ‘minoría modelo’ que pesa sobre muchos asiáticos estadounidenses.

"Existe esta definición del ‘soñador’ como un inmigrante perfecto y bueno; pero la realidad es que cada uno tiene una historia diferente", afirmó David Buenrostro, a quien trajeron a los Estados Unidos desde México cuando tenía cuatro años.

El joven creció en South El Monte y también piensa que esto estigmatiza a los padres que trajeron a los niños a los Estados Unidos para darles una mejor vida.

Como la mayoría de los adolescentes estadounidenses, Buenrostro tuvo algunos momentos de mal juicio. "Cuando yo tenía 16 años", dijo, "me dieron una infracción por pintar con spray".

En 2013, después de un proceso de aplicación detallado, fue aprobado para el programa DACA, la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, creado en 2012 por una acción ejecutiva del expresidente Obama, después de que el Congreso fallara en promulgarlo.

Gracias a la decisión de Obama de actuar unilateralmente, casi 800,000 jóvenes lograron obtener un número de Seguro Social, lo cual les posibilitó conseguir empleos y seguro médico, abrir cuentas bancarias, conseguir permisos de conducir y ayuda financiera.

Como beneficiario de DACA, Buenrostro, de 26 años de edad, tiene un número de Seguro Social y un permiso de trabajo que puede renovar cada dos años por aproximadamente $500 dólares. "Definitivamente no tengo ninguna intención de marcharme", aseguró.

El año pasado, el joven se graduó en ciencias políticas de UC Berkeley, y ahora trabaja como coordinador de defensa de deportación para el grupo activista California Immigrant Youth Justice Alliance.

Ahora piensa inscribirse en la escuela de Derecho. Su madre trabaja como empleada doméstica, su padre recicla chatarra. Hace algunos años, relató, usó sus préstamos de estudiante para ayudar a sus padres a mantenerse.

Los miedos de muchos “chicos DACA”, como a menudo los llaman, han aparecido en todas las noticias. Muchos de ellos tienen miedo de ser identificados y no brindan sus apellidos por miedo de ser reconocidos. Y el miedo no es infundado, ya que el trato fue el siguiente: a cambio de otorgarles inmunidad contra la deportación, todos ellos entregaron importantes datos personales.

Pero ninguno de los cuatro ‘dreamers’ citados en este artículo tuvieron miedo de identificarse por completo, así como tampoco mostraron temor. En lugar de ello, exudaban determinación.

Estos adultos jóvenes fueron criados para ser silenciosos, para no hacer ruido, para pasar inadvertidos. Pero ellos no están ya en esa instancia. Quizás no tengan derecho al voto, pero pueden hacer mucho ruido, y estarán condenados si las consideraciones políticas partidistas los hacen retroceder a las sombras.

“Siempre nos dijeron que mantuviéramos la cabeza baja y que no llamáramos la atención”, aseguró Luis Serrano, de 30 años, quien llegó al Valle de San Fernando desde México cuando tenía ocho años.

Al igual que Buenrostro, tuvo algunas cuestiones con la policía durante su adolescencia, debido a ausencias escolares sin permiso “y otras cosas de adolescente imprudente”, tal como las define. Pero ahora es un hombre adulto, ha estado casado durante el último año con una ciudadana estadounidense y espera obtener también su propia ciudadanía.

Después de que fue aprobado para el programa DACA, en 2014, pudo visitar a sus abuelos en México por primera vez en 20 años. En la última década asistió a la universidad de manera intermitente y logró trabajar como estratega de medios digitales para la California Immigrant Youth Justice Alliance.

Su matrimonio podría ponerlo en un camino inmigratorio diferente si se decide a obtener su ciudadanía, pero se trata de un recorrido largo y sin garantías.

“Algunos han construido sus vidas enteras alrededor de DACA, y ahora muchos tienen miedo de perder esto”, expuso Serrano. “Pero a otros no nos importa; dicen: ‘Encontraremos modos de sobrevivir. Esto no es nada nuevo para nosotros’”.

Diana Escamilla tenía dos años y medio cuando su madre la trajo a California desde México. La joven, de 24 años de edad, se graduó en junio pasado de Cal Poly Pomona, y trabaja en su vieja escuela secundaria de El Monte, ayudando a los alumnos con sus solicitudes universitarias y los pedidos de ayuda financiera. “No estoy asustada”, aseguró. “Me siento esperanzada porque todavía tenemos una posibilidad. Estamos en ese punto en el cual sabemos organizarnos e insistir con una legislación”.

Manny Jiménez de 20 años, es un dreamer que llegó a Los Ángeles desde Nicaragua, con su madre, cuando tenía apenas un año. Costaba oírlo porque Jiménez, este lunes, se encontraba en la marcha del gremio de los Empleados de Servicio, en el centro de la ciudad. El joven se graduó de una preparatoria charter de Los Ángeles, asiste a Santa Monica College y espera trasladarse a UCLA para empezar a cursar medicina. Trabaja el turno de la noche en atención telefónica para una compañía de tecnología (“No voy a mentir”, dijo, “la paga es genial para un estudiante universitario”).

Cuando se le preguntó si se considera estadounidense, el joven no vaciló. “Definitivamente soy estadounidense”, aseveró Jiménez, quien fue aprobado para el programa DACA hace cinco años. “Todo lo que sé es sobre los Estados Unidos”.

¿Cómo se le dice a alguien así, que no pertenece a este lugar?

Traducción: Diana Cervantes
Para leer este artículo en inglés, haga clic aquí

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