Los candidatos respaldados por charter ganaron la mayoría del LAUSD, pero ¿podrán dirigir desde adentro?

Los candidatos respaldados por charter ganaron la mayoría del LAUSD, pero ¿podrán dirigir desde adentro?

Mientras la cifra total de votos se contabilizaba el martes por la noche y su rival admitía la derrota, Nick Melvoin tomó un micrófono y dijo a sus partidarios que, al elegirlo para la Junta Escolar de Los Ángeles, habían “despertado a un gigante dormido”. 

Él mismo se describió como “tan sólo el conducto”; la persona “que estaba lo suficientemente loca como para colocar su nombre en la boleta electoral”.

No fue el discurso de victoria triunfal que uno podría esperar de un candidato de 31 años de edad, que acababa de derrotar al presidente de la Junta Escolar y provocó un cambio sin precedentes en la política de educación local, en una contienda que quedó registrada como la más costosa en la historia del país. 

En el día de las elecciones, cuando Melvoin y Kelly Gonez, de 28 años de edad, ganaron asientos en la Junta, de siete miembros, lograron su primera mayoría pro-charter. Lo hicieron con el respaldo de grupos financiados por acaudalados partidarios de estas escuelas, quienes gastaron más de $9 millones de dólares en las campañas.

Los resultados representaron una derrota imponente para el titular, el presidente actual de la Junta Escolar y candidato respaldado por los sindicatos, Steve Zimmer. A pesar de que los gremios de empleados públicos gastaron millones de dólares en su defensa, su reputación no sobrevivió a meses de ataques por parte de grupos externos mejor financiados.

La decisión de los votantes para derrocar al presidente de la Junta y reemplazarlo por un candidato nuevo que enseñó dos años en escuelas públicas -siete años atrás- puso al Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) en un camino incierto, mientras su futuro está considerado en peligro.

Un día después de las elecciones, el resultado todavía sacudía a la comunidad educativa de la región. Muchos escépticos se preguntaban si, después de años de demandar al distrito escolar y de movilizar a los padres de familia para protestar en las reuniones de la Junta, los defensores de las charter y los candidatos que éstos respaldaban están preparados para dirigir el segundo distrito escolar más grande del país.

“Una cosa es ser un reformador desde el exterior”, afirmó Pedro Noguera, profesor de educación de UCLA. “Pero no creo que ninguno de ellos quiera estar en la Junta cuando el sistema colapse y sean responsables. Tendrán que ser mucho más creativos que simplemente proceder a autorizar más escuelas charter”.

Los problemas del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles son abrumadores. La inscripción en las escuelas públicas tradicionales viene cayendo hace más de una década, en parte debido a la competencia de las charter y también por la disminución de las tasas de natalidad.

La pérdida de estudiantes, junto con un gran número de puestos administrativos y crecientes costos de pensiones y atención médica para los jubilados, está llevando al distrito hacia una crisis financiera profunda.
Bajo su liderazgo actual, con estrecha mayoría de miembros respaldados por el sindicato, la Junta ha evitado tomar las decisiones difíciles que algunos creen necesarias para estabilizar las finanzas del LAUSD.

Melvoin y Gonez, elegidos con ánimos de reforma, podrían pasar sus términos de cinco años sin ampliar los programas de arte, música y de orientación universitaria según lo prometido, sino buscando formas de despedir personal y reducir los servicios.

Algunos aliados del movimiento que quiere traer elementos del libre mercado a la educación han advertido que no se deben esperar grandes cambios de la nueva Junta. “Cuando eres la junta de un distrito tradicional, no hay mucho que se pueda hacer para fomentar un cambio de sistema drástico”, afirmó Andy Smarick, investigador de  educación en el conservador American Enterprise Institute en Washington, D.C.

Después de todo, las leyes que gobiernan los derechos de titularidad y antigüedad de los maestros están hechas por los legisladores estatales, no por los miembros de la Junta Escolar. “Incluso si cuentas con autoridad para permitir más charter, también eres responsable de las puntuaciones de cientos de escuelas tradicionales dirigidas por el distrito”, expuso Smarick. “Por lo cual siempre debes tomar en cuenta no provocar demasiado cambio”.

La incesante agresividad de la retórica de campaña y el nivel récord de desembolso también podrían tener un efecto duradero sobre la gobernanza del distrito. La profunda fractura que ya existía en la política de educación acerca de las charter, la creciente influencia de las personas extraordinariamente ricas -quienes a menudo no envían a sus hijos a las escuelas públicas- y el papel de los sindicatos de maestros sólo se ha ampliado.

La campaña de Melvoin y los grupos externos que destinaron gran parte de sus gastos para promoverlo presentaron la imagen de Zimmer como un político fracasado y de mirada estrecha. En los correos masivos y los anuncios publicitarios presentaban al LAUSD como un distrito en ruinas, que daba resultados pobres cada año, con pocas consecuencias para los administradores y profesores ineptos. En cambio, no les recordaron a los votantes el rol que tuvieron durante años en la conformación de la dirección del LAUSD algunos aliados de las escuelas charter, como los miembros de la Junta actuales Mónica García y Ref Rodríguez, y el exsuperintendente John Deasy.

Zimmer ganó poca tracción al hablar sobre el lento y gradual progreso del distrito y destacar su creciente tasa de graduación, la mejora en las puntuaciones de exámenes y la disminución de la tasa de suspensión. Melvoin recibió 30,696 votos, un 57.4%; Zimmer obtuvo 22,766 votos, o un 42.6%

En el futuro, el legado más problemático de esta campaña podrían ser los ataques contra el propio distrito, advirtió el profesor de educación de  UCLA, John Rogers. “De hecho, dicen: ‘Las cosas son terribles, confíen en nosotros y lo haremos mejor’”, expuso.

Pero denigrar el distrito no conduce a “un consenso sobre una nueva forma drástica hacia adelante”, advirtió. “Un resultado probable será la mayor inestabilidad y más erosión del apoyo público para la educación pública. Y eso no nos servirá a ninguno de nosotros”.

Melvoin y sus partidarios están dispuestos a deponer sus armas y trabajar con todos, incluyendo los dirigentes sindicales, para mejorar el sistema de educación. Pero será difícil hacerles creer eso a aquellos que de repente se encontraron fuera del poder, heridos por lo que consideraron tácticas injustas y deshonestas.

“Cuando estos candidatos son apoyados por multimillonarios para privatizar las escuelas, socavar la democracia y establecer un sistema de educación diferenciada y desigual, entonces no hay ninguna oportunidad de acercamiento”, aseveró Alex Caputo-Pearl, presidente de United Teachers Los Ángeles (UTLA). Su estrategia consiste en “arriesgarlo todo”, dijo.

La superintendente Michelle King, por su parte, se enfrenta a un futuro especialmente difícil, agregó Caputo-Pearl. “Esto va a ser un verdadero reto para Michelle King, porque tendrá una mayoría de la Junta que será dirigida por Nick Melvoin y que perjudicará fundamentalmente al distrito que, se supone, representa”.

No cabe duda de que algunos líderes de escuelas charter están preparados con una lista de exigencias. Muchos se han quejado de que el proceso para obtener la aprobación para abrir una charter nueva es innecesariamente molesto, burocrático y lento.

Mientras que algunos operadores de charter arriendan o compran espacio privado, otros han cabildeado ante la Junta para obtener mayor acceso a los campus y salones de clases del LAUSD. El distrito ya cuenta con un proceso para hacer que el espacio no utilizado esté a disposición de las charter, lo cual es exigido por la ley estatal, pero ha habido años de litigio sobre los detalles.

Los líderes de las escuelas públicas tradicionales a menudo se quejan de que a las charter se les ofrece espacios que ellas utilizan y necesitan, tales como las habitaciones reservadas para las tutorías, los laboratorios de computación, las clases de música y los programas de danza o de enriquecimiento. Sin estos, dicen, sus escuelas son menos atractivas para los padres y estudiantes, lo cual empeora la inscripción.

Los líderes de las charter se quejan de que no reciben suficiente espacio y que gran parte de lo que reciben está mal ubicado. Los defensores de estas escuelas también quieren una mayor parte de los fondos de construcción que son controlados por la Junta, un tema por el cual presentaron una demanda y perdieron. Pero ahora, nada detendría a la nueva Junta de cambiar su mecánica y proporcionar más dinero.

Los defensores de las charter también podrían ganar terreno con la nueva Junta sobre su oposición a las investigaciones de las estas escuelas autónomas por parte del inspector general del distrito. Algunos quieren detener estas investigaciones completamente, o limitar su número y alcance considerablemente. Dicho trabajo policial debería limitarse a las agencias del orden público, sostienen.

Es una visión muy diferente de la de aquellos -como el sindicato de maestros- que se preocupan por lo que consideran la rápida expansión de las charter, sin supervisión adecuada ni regulación.

Traducción: Diana Cervantes

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