La contaminación del aire, incluso en niveles ‘seguros’, puede causar muerte prematura, dice un nuevo estudio

La contaminación del aire, incluso en niveles ‘seguros’, puede causar muerte prematura, dice un nuevo estudio

En un momento en el cual la administración Trump se mueve para retrasar y desmantelar las regulaciones de la calidad del aire, un nuevo estudio dado a conocer sugiere que la contaminación del aire sigue acortando la vida de los estadounidenses, incluso en niveles muy por debajo de los límites legales establecidos por la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU. (EPA, por sus siglas en inglés).

El estudio, realizado a nivel nacional y con más de 60 millones de personas de la tercera edad, vinculó la exposición a largo plazo de dos contaminantes principales del smog -el ozono y las partículas finas- a un riesgo creciente de muerte prematura.

El análisis no encontró señales de un nivel “seguro” de polución, por debajo del cual el riesgo de morir tempranamente disminuye.

Los científicos de la Universidad de Harvard que llevaron a cabo el estudio calcularon que la reducción de contaminación por partículas finas en un microgramo por metro cúbico a nivel nacional salvaría cerca de 12,000 vidas cada año. Otras 1,900 se salvarían anualmente al reducir la polución por ozono en una parte cada mil millones, descubrieron.

El estudio fue publicado en la edición del jueves del New England Journal of Medicine.

 Las partículas finas se componen de pequeñas fracciones contaminantes muy dañinas para la salud, que pueden alojarse profundamente en los pulmones y están relacionadas con enfermedades cardiovasculares. El ozono, un gas perjudicial para los pulmones que se encuentra en el smog de climas cálidos, provoca asma y otras enfermedades respiratorias. Ambos contaminantes se acumulan en el aire, principalmente como resultado de las emisiones de los vehículos, las centrales eléctricas y otras fuentes de combustión importantes.

Para el análisis, los investigadores desarrollaron un nuevo modelo de computadora que utiliza datos del monitoreo del aire en el terreno y mediciones basadas en satélites para estimar los niveles de contaminación en todos los Estados Unidos continentales. Para ello, dividieron el país en zonas de hasta un kilómetro cuadrado. Los expertos compararon esa información con los datos de salud contenidos en los registros de reclamos de Medicare entre 2000 y 2012, para todos los beneficiarios en los 48 estados contiguos, un grupo que representa cerca del 97% de la población de 65 años o más.

Los datos de alta resolución permitieron a los científicos estimar los efectos que la contaminación tiene en la salud en niveles muy por debajo de los límites federales. Para las partículas finas, cuyo límite legal es de 12 microgramos por metro cúbico de aire, hallaron que las personas mayores tenían un mayor riesgo de muerte prematura cuando fueron expuestas a tan sólo cinco microgramos por metro cúbico, la cantidad más baja medida. Con respecto al ozono, cuyo límite de la EPA es de 70 partes cada mil millones (ppb, por sus siglas en inglés), detectaron una mayor mortalidad a niveles tan bajos como de 30 ppb, también la menor concentración medida.

Los investigadores calcularon que cuando la concentración de partículas aumentaba a 10 microgramos por metro cúbico, las posibilidades de que un anciano muera durante el período de estudio aumentaban en un 7.3%. Y cuando la concentración de ozono aumentaba en 10 ppb, las posibilidades de deceso temprano se incrementaban un 1.1%. En ambos casos, los especialistas controlaron factores como el tabaquismo, el peso y el ingreso, que también pueden afectar el riesgo de fallecimiento prematuro de un adulto mayor.

Los hallazgos sugieren que a pesar de que los límites federales de los contaminantes atmosféricos más extendidos en el país se actualizan periódicamente en base a las revisiones científicas requeridas por la Ley de Aire Limpio, no son suficientemente sólidos como para proteger al público.

Los críticos pueden afirmar que las normas más estrictas ofrecerían rendimientos decrecientes, pero los resultados del estudio proporcionan nuevas pruebas de que realmente aumentarían los beneficios de salud, menos gente se enfermaría y moriría por el aire sucio, afirmó Francesca Dominici, científica de datos de la T.H. Chan School of Public Health, de Harvard, y la principal investigadora del estudio. “Hemos visto que el aire que respiramos ahora es dañino”, aseveró.

Un editorial que acompaña el estudio sostiene que los hallazgos “subrayan la necesidad de una regulación más estricta de los niveles de contaminantes del aire”, y límites más rigurosos sobre las partículas finas. “Más allá de los datos convincentes, el gobierno de Trump está avanzando en la dirección contraria”, remarca el texto, que cita los recientes pasos del primer mandatario para revertir las normas de reducción de emisiones, retirarse del acuerdo climático de París y reducir el presupuesto de la EPA. “El aumento de la contaminación del aire que resultaría de suavizar las restricciones actuales tendría efectos devastadores en la salud pública”.

Los hallazgos tienen implicaciones importantes para California, donde millones de personas respiran los niveles más altos de ozono y de partículas finas del país. A pesar de décadas de mejoras, el aire en el sur de California y el Valle de San Joaquín sigue lejos de cumplir con los estándares de salud federales. El nuevo estudio se agrega ahora a un robusto cuerpo de investigación que se remonta a comienzos de la década de 1990, que asocia la contaminación por partículas finas a la muerte prematura. Pero la mayoría de estas investigaciones estaban limitadas a las poblaciones de áreas urbanas más ricas y bien monitoreadas, señalaron los investigadores.

El enorme tamaño de la muestra -que abarcó a casi todos los estadounidenses mayores de 65 años- permitió a los científicos examinar las diferencias en la calidad del aire en todas las zonas del país, incluidas ciudades pequeñas y zonas rurales, y también entre los diversos grupos étnicos y socioeconómicos.

Los expertos descubrieron que los hombres, los negros, asiáticos, latinos y las personas de la tercera edad con bajos ingresos se enfrentan a mayores riesgos de muerte prematura por partículas finas. Los ancianos negros tienen tres veces más probabilidades de fallecer anticipadamente que los adultos mayores en general.

En el marco de la Ley de Aire Limpio, la EPA debe revisar los estándares nacionales de calidad del aire para seis grandes contaminantes cada cinco años, y ajustarlos si es necesario para reflejar los hallazgos científicos más recientes. El estándar de 12 microgramos por metro cúbico para las partículas finas se actualizó por última vez en 2012, mientras que el de ozono se renovó en 2015, y es ahora reexaminado por el gobierno de Trump.

Este mes, Scott Pruitt, administrador de la EPA, anunció un retraso de un año en la implementación de la norma federal sobre el ozono, citando “mayores cargas regulatorias, restricciones a la inversión en infraestructura y mayores costos para las empresas”. La decisión permite a California y otros estados con niveles de ozono por encima de las pautas actuales posponer la adopción de medidas de reducción de emisiones.

Pruitt, quien en su anterior trabajo como procurador general de Oklahoma presentó demandas para bloquear las regulaciones de la EPA, también intenta modificar los comités de consejeros científicos de la agencia, que incluyen el grupo que efectúa recomendaciones sobre las normas federales de calidad del aire. Ambientalistas y defensores de la salud temen que Pruitt sustituya a los expertos académicos por representantes de industrias reguladas.

Traducción: Valeria Agis

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