Este pueblo tiene el único ayuntamiento exclusivamente formado por mujeres en todo California

Este pueblo tiene el único ayuntamiento exclusivamente formado por mujeres en todo California

Por todas partes en Blue Lake, una pequeña ciudad del condado de Humboldt enclavada entre las crestas de secuoyas en el río Mad, la gente tiene la misma reacción cuando se les dice que el suyo es el único ayuntamiento totalmente femenino en California.

“¡Guau, eso es fantástico!”, exclamó Kate Martin, nativa de Brooklyn y propietaria de la principal cantina del lugar, Logger Bar (bar del leñador), que tiene ocho motosierras antiguas colgadas de su techo. “Nunca realmente pensé en eso”.

“¡Iupi!”, dijo Lynne Owens, gerente de oficina de la célebre academia de teatro Dell’Arte International School of Physical Theatre, que convoca a estudiantes de sitios tan remotos como Zimbabwe, Grecia, India e Israel.

“Eso es genial”, afirmó la directora artística y fundadora de Dell Arte’s, Joan Schirle, apoyada en el balcón de su despacho, en el sorprendentemente amplio edificio de la academia, que posee un teatro de 116 asientos, con paredes revestidas en tablones de secuoya.

“Estoy exultante por tener un ayuntamiento totalmente formado por mujeres en esta época”, señaló Summer Daugherty, concejal de Blue Lake y coordinadora de proyecto para el Distrito de Conservación de Recursos del Condado de Humboldt, que entre otras cosas ayuda a las granjas a cumplir con las regulaciones ambientales. El año pasado, Daugherty fue elegida para un mandato de cuatro años; el primero. “Estamos emocionados y motivados”.

California tiene 482 ciudades. Sólo 72 de ellas tienen mayoría de mujeres en sus consejos, según California Women Lead, un grupo no partidista dedicado a aumentar el número de funcionarias públicas elegidas y nombradas. Cincuenta y seis no tienen consejeras en absoluto.

No sólo es el ayuntamiento completamente femenino lo que hace a Blue Lake poco común. La administradora de la ciudad, Amanda Mager, es una mujer. También la secretaria general, April Sousa, quien mientras preparaba las sillas plegables para la reunión del consejo, el martes por la noche, reconoció: “Tenemos a algunos chicos geniales que se ocupan de cosas como arreglar las tuberías. El fiscal de la ciudad es un hombre”.

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Nadie estaba dispuesto a reconocer que las cosas funcionan mejor con las mujeres a cargo. “Es muy relajado, lo cual es agradable”, señaló la concejal Bobby Rica, quien es la administradora jubilada de la escuela Dell’Arte. “Las mujeres saben cómo trabajar juntas de una forma que los hombre probablemente no”.

Entre los problemas más apremiantes de la ciudad se encuentran: cómo frenar los grandes camiones que atraviesan la ciudad para llegar a las canteras de grava del río Mad, controlar el ruido y la polución de la planta eléctrica local, atraer negocios de alta calidad al parque industrial. Y, desde luego, la seguridad pública.

El escándalo más serio que golpeó a Blue Lake fue el resultado, en mi humilde opinión, de la intoxicación por testosterona.

En 2008, el jefe de policía de Blue Lake fue acusado de ocho delitos graves, entre ellos poseer una ametralladora y un silenciador, y drogar a su esposa para tener sexo. La acusación de violación marital fue rechazada, pero el jurado lo encontró culpable de dos delitos relacionados con armas de fuego, que luego fueron anulados en la apelación. El departamento de policía, que contaba con 31 ametralladoras, fue disuelto y la ciudad ahora contrata su seguridad al Departamento del Sheriff del Condado de Humboldt. En lugar de cuatro oficiales y un jefe, ahora Blue Lake es patrullado por un sheriff adjunto y medio. “No tenemos tanta seguridad como necesitaríamos”, afirmó la concejal Elizabeth Mackay, quien fue nombrada para el cargo en junio pasado, después de que el único concejal hombre dimitiera para pasar más tiempo con su familia. 

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La gente a veces dice, no sin razón, que el condado de Humboldt está “detrás de la Redwood Curtain (el norte de California)”. El motivo es que no es especialmente sencillo llegar allí. Volar al aeropuerto de Arcata-Eureka es ridículamente costoso; eso hace que mayormente el viaje sea por carretera desde el Área de la Bahía, que toma más de cinco horas, o quizás desde Santa Rosa, que dura cerca de tres. Su alejamiento relativo del condado de Humboldt la convirtió en una zona elegida por los agricultores de cannabis no autorizados, quienes ayudaron a revitalizar una economía que había caído duramente en los tiempos difíciles, cuando las empresas madereras y los molinos quebraron.

“Por aquí, cualquier persona con una tienda se beneficia del cannabis”, afirmó Martin, quien realiza eventos mensuales llamados “Think and Drink” (Pensar y beber) en el Logger Bar, como una contramedida a las políticas del presidente Trump (entre sus recientes oradores invitados hubo funcionarios de Planned Parenthood, el Partido Verde, ACLU, etc. No toda su clientela -muchos de ellos leñadores retirados- aprecian las veladas).

Asumí que el Blue Lake, que tiene un nuevo parque industrial en las afueras de la ciudad, abriría sus brazos al comercio del cannabis, que será legal como recreación para los usuarios adultos desde enero próximo. Al parecer, la ciudad no está interesada; quizás tenga que ver con su apodo “Booze Lake” (lago de alcohol). Blue Lake está mucho más interesada en fomentar las industrias artesanales que giran en torno a la comida y la bebida. El martes por la noche, el Ayuntamiento ordenó a su abogado que redacte una ordenanza para mantener las tiendas comerciales de marihuana fuera de la ciudad; de todas formas, se respetará el fragmento de la nueva ley estatal que permite a cada adulto cultivar hasta seis plantas en su propia casa. 

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El miércoles por la mañana decidí dar una vuelta por Blue Lake. ¿Cuánto más habría allí para ver? La ciudad tiene una milla cuadrada.

Frente al Ayuntamiento, me topé con la concejal Jean Lynch, una contadora retirada. Se ofreció a guiarme, y me subí a su SUV, donde dos enormes zanahorias ocupaban el espacio en la consola frontal donde cualquiera hubiera puesto un mocha frapuccino (no hay Starbucks en Blue Lake. Tampoco hay semáforos, cine, clínica médica o dispensario de cannabis).

Nuestra primera parada fue la academia Dell’Arte school, casi lo último que esperaba encontrar en un pueblo de 1,200 habitantes. La escuela ofrece una maestría en bellas artes, así como cursos de pregrado, y también produce eventos teatrales durante todo el año (el exjefe de policía enajenó a muchos ciudadanos cuando decidió que el festival veraniego de teatro era una molestia a la seguridad pública).

Visitamos el pequeño parque industrial de la ciudad, que es hogar de Mad River Brewing Co., fabricante de cerveza artesanal de primera calidad; un fabricante de pescado ahumado y una compañía de salsa de tomate. También es hogar de la nueva Jewell Distillery, propiedad de Michael y Barbara Jewell. Entre sus destilados hay aguardiente, ginebra y diferentes bebidas espirituosas.

El día terminó en el Logger Bar, donde Martin estaba preparando la velada. Cuando compró el lugar, hace cinco años, todo el pueblo se ofreció a remodelarlo. El nombre de todos aquellos que ayudaron aparece en una pared, cerca de la puerta de entrada, bajo las palabras “se necesita un pueblo para erigir un bar”.

Mientras nos sentamos allí, antes de las 6 p.m. -momento de apertura de la noche-, Martin comentó que el lugar tiene tres reglas: “No se aceptan perros, no se aceptan niños, y puedes quitarte la camisa si eres un hombre guapo”.

Sin dudas, aquí las mujeres están a cargo.

Traducción: Valeria Agis

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