Una fiesta de graduación diferente, en un centro de detención juvenil

DeMarlo se quitó sus pantalones grises deportivos y las zapatillas de deporte, y los dejó en el piso del baño. Salió a la biblioteca de su centro de detención juvenil con el traje gris y los zapatos de vestir que había elegido para el baile de graduación del centro.

“Me siento como un jefe. Esta podría ser mi oficina”, afirmó el musculoso joven de 17 años, con el nombre de su madre tatuado en el antebrazo derecho.

A la espera de una audiencia en la corte, DeMarlo estaba a dos días de ser liberado del Centro Dorothy Kirby, en Commerce, uno de los 19 centros de detención juvenil que el Departamento de Libertad Condicional del Condado de Los Ángeles llama campamentos.

Originalmente había planeado quedarse para el baile de graduación al día siguiente, pero dijo que esperaba el nacimiento de su primer hijo, que acababa de enterarse de que su tío había sido asesinado y que quería irse a su casa lo antes posible.

Así que, mientras se cortaba el pelo y elegía su traje de baile de graduación, DeMarlo había urdido un plan: se pondría el traje para ir a la corte, para tratar de impresionar a su duro juez.

Como le dijo a un oficial de Kirby, “No me quitaré este traje”.

Con una población de aproximadamente 50 adolescentes alojados en “cabañas” alrededor de un campo verde, Kirby se asemeja a un pequeño internado. Debido a que sus residentes son menores de edad y sus casos no están en el registro público, sus apellidos y antecedentes penales no pueden publicarse.

Entre 2012 y 2017, el condado redujo el número de menores en los centros de detención en alrededor de un 60%. Los funcionarios están entrenando al personal para que se centre en la rehabilitación por sobre el castigo. Un reciente informe encargado por el condado sugirió que dicha capacitación es desigual. Pero con un programa diseñado para adolescentes que luchan contra la adicción, los trastornos emocionales y las enfermedades mentales, Kirby es conocido por su enfoque terapéutico.

Darle a los adolescentes una fiesta de graduación, una experiencia que de lo contrario podrían perderse, es una parte importante de ello, aseguró el director de Kirby, Michael Varela. Los estudiantes deben estar en su mejor comportamiento para asistir.

“Si quieres que los jóvenes actúen de cierta manera o se conduzcan adecuadamente, tienes que... intentar que estén lo más cerca posible de lo que sucede en una escuela preparatoria”, afirmó Varela. “Se intenta recompensar la conducta”.

De alguna manera, el gran evento del 14 de junio parecía un baile de graduación en cualquier lugar, pero más elegante que la mayoría. El tema fue “Una noche en París” y la agente de libertad condicional Janet Ramos consiguió que el personal decorara mágicamente el monótono auditorio como un club nocturno parisino. El papel tapiz hizo que la mitad de las paredes lucieran como de ladrillos expuestos. Los toldos amarillos lucían nombres franceses, como “Cafe Du Monde” y “Pattiserie”.

Los adolescentes posaron para fotos y bocetos hechos por un artista de la caricatura; comieron baguettes, croissants y macarrones, y bailaron al ritmo de un DJ. Había una puerta de acceso más grande que algunos de ellos, y una Torre Eiffel que era aún más alta.

Con un vestido plateado con lentejuelas y un tatuaje en el cuello, Breahna fue elegida reina del baile de graduación. Kane, un chico jovial con necesidades especiales, obtuvo la corona del rey.

Pero la ilusión fue fugaz. Se permitieron horquillas, pero éstas debieron ser devueltas al final de la noche. Guardias uniformados rodeaban el área de baile.

En el frente de la sala, los adolescentes se sentaron en mesas redondas y bailaron. En la parte posterior, en las mesas rectangulares, los adultos se reunieron para presenciar un momento estimulante en un sistema que fue criticado por sus abusos.

Los adolescentes tuvieron que escuchar conversaciones de ánimo. Una subjefe de libertad condicional les dijo a algunas chicas que dejaran su drama en las habitaciones. “Habrá jueces, abogados, jefes de oficina”, les advirtió. “No pasen vergüenzas”.

Los menores de edad de Kirby han hecho cosas y han enfrentado dificultades que podrían descarrilar a la mayoría de los adultos. Algunos fueron vendidos por traficantes de sexo. Otros padecen enfermedad mental. Otros, como DeMarlo, han soportado las muertes violentas de sus familiares.

En el mundo exterior, los niños de su edad usan togas y birretes, celebran sus 16 años y fiestas de quinceañeras. En el campamento, los adolescentes usan medias gruesas, sudaderas y pantalones grises deportivos; se sientan en clase por unas horas al día y tienen que esperar para que le digan cuándo pueden ducharse, salir de sus dormitorios, despertarse y dormir.

Aurora tiene cabello negro, que le llega más allá de su cintura, y una supuesta aversión a las reglas. Cuando llegó a Kirby, no quería ir al baile de graduación del centro de detención. “No siento lo mismo si no puedo participar en el baile de graduación allá afuera”, expuso la extrovertida joven de 16 años de edad, refiriéndose a la vida fuera del campamento.

Pero cuando el personal le pidió que fuera y eligiera un vestido, se puso uno, se miró en el espejo y vio el reflejo de una vida alternativa. Decidió ir; podría ser su única oportunidad.

Se puso nerviosa cuando se probó el vestido. Pensó en un recuerdo y en una fantasía: la última vez que se había puesto un vestido elegante, todo brillo y oro, había sido para su graduación de quinto grado. La fiesta de quinceañera con la que había soñado nunca llegó, porque la habían encerrado en otro lugar antes de ir a Kirby.

El vestido que eligió para el baile de graduación, largo hasta la rodilla, con vuelo y espalda abierta, era de un color rosa intenso, tipo Barbie. “En mi imaginación”, dijo, “puedo decir que estoy en mi fiesta de 15 años”.

Aurora asistió con dos amigas, que también vestían de color rosa. Bailó con muchachos, conversó con un juez y habló con algunos reclutadores universitarios. Ella y una oficial bailaron una salsa salvaje pero intrincada, el cabello de Aurora se movía de forma alborotada a su espalda.

Se supone que el baile de graduación de Kirby reduce la brecha entre la vida en el interior y en el exterior. El campamento celebró su primer baile de graduación hace más de una década, cuando una joven le dijo al personal lo triste que estaba de perderse el baile de su preparatoria.

Joyce soñó durante mucho tiempo con su festejo de 16 años. Pero en el gran día, en mayo, la encerraron en el Central Juvenile Hall. “Tuvimos una pequeña fiesta de baile”, dijo, encogiéndose de hombros.

Unas semanas más tarde, en Kirby, se encontró enfrentando un problema adolescente típico: ¿A quién debería llevar al baile de graduación?

Más allá de los cursos de nivel universitario y de algunos eventos mixtos, los varones y chicas de Kirby no se mezclan mucho, por lo cual se miran furtivamente cuando surge la oportunidad.

Un chico llamado Brandon tenía una sonrisa que hizo feliz a Joyce. Pero fue liberado. Luego, un chico alto llamado Joshua le pidió que fuera con él mediante una “wila”, una nota secreta, doblada en un pequeño triángulo.

DeMarlo fue a la fiesta de graduación después de todo, aunque no estaba contento con eso. Tuvo que ir a la corte con un traje de color naranja y el juez lo envió de regreso a Kirby.

Allí, ha estado trabajando en el manejo de la ira. “Cuando pienso en ello, me enojo”, confesó, mirando hacia abajo, jugando con un uñero mientras giraba en una silla en una oficina de Kirby, poco después del baile. “Cuando me enojo, hago cosas malas. Cuando hago cosas malas, me meto en problemas. Cuando me meto en problemas, cumplo más condena”.

Durante la fiesta de graduación, pensó en perderse el funeral de su tío, y posiblemente el nacimiento de su bebé. Incluso con todas las luces centelleantes y montones de comida elegante, dijo, “no puedes olvidar que estás encerrado”.

La fotógrafa del Times Claire Hannah Collins contribuyó a este informe.

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