El nuevo edificio más alto de L.A. apunta a un futuro prometedor para los rascacielos de la ciudad

El nuevo edificio más alto de L.A. apunta a un futuro prometedor para los rascacielos de la ciudad

Con una calma ordinaria, la última pieza de acero que se elevaría hacia la parte superior del rascacielos Wilshire Grand descansaba el viernes último entre la suciedad y los escombros de la obra en construcción, a la espera del trabajo que se encararía el sábado por la mañana.

A las 7:22 a.m., la grúa comenzó a levantar la pieza de 58 pies para la torre del edificio, en un viaje que duró aproximadamente ocho minutos hasta la cima donde, una vez atornillada en su sitio, daría al Wilshire Grand la distinción de ser el edificio más alto del oeste de los EE.UU.

Con 1,100 pies -sin contar un pararrayos de 2 pies- la torre en construcción ubicada en Figueroa Street y Wilshire Boulevard desde febrero de 2014 se ha ganado un lugar en la historia como la estructura más alta construida en una zona activa de terremotos.

Sin embargo, para los angelinos, el Wilshire Grand es más notable como el edificio que está cambiando el horizonte de la ciudad. Después de años de negociaciones durante sus primeras etapas de planificación, sus arquitectos ganaron concesiones por parte de las autoridades municipales para evitar los viejos requerimientos de diseño de altura -en forma de caja y con techo plano- para crear en cambio un techo más elegante y con un ornamento vertical.

Por más de 40 años, los rascacielos de Los Ángeles han seguido un código de construcción que requiere helipuertos para su uso en caso de emergencia. Sin embargo, los arquitectos del Wilshire Grand propusieron una alternativa que tomó un enfoque más moderno para la seguridad, que fue aceptada por la ciudad y que pronto será adoptada para futuras construcciones.

Actualmente, el Wilshire Grand ofrece una vista previa de cómo sería un horizonte más liberado de la ciudad. Los urbanistas y arquitectos han aplaudido el cambio, con la idea de que -alguna vez- el espacio aéreo por encima de la expansión ubicua incorporará las formas más atrevidas y estéticas que han surgido en las ciudades de todo el mundo. “El edificio de techo plano ha creado una apariencia particular de los rascacielos del centro de la ciudad”, sostuvo el arquitecto local Michael Maltzan, “pero la evolución nos permite hacer más y tener una paleta más amplia”.

La torre, diseñada en conjunto con una estructura contigua de acero y vidrio conocida como ‘la vela’, servirá como carta de presentación del Wilshire Grand. Sus 18 pies finales, una columna de acero inoxidable perforado, se iluminará con una de cuatro luces LED: roja, azul, verde o dorada.

Luminoso durante el día, iluminado por las noches y con el logotipo del propietario del edificio, Korean Airlines, la torre y la vela serán visibles en toda la región. Para los visitantes al centro de la ciudad serán una invitación para mirar desde la calle y hacia el cielo, hasta un imaginario punto de fuga. “¿Quién sabe si esto no dará lugar a otros rascacielos y a su evolución en la ciudad?”, se preguntó Maltzan.

Concebidas por el arquitecto David Martin, la torre y la vela se erigen casi 300 pies por encima del bar en la azotea del hotel y de la terraza en el piso 73. Dentro de la torre hay escondidos equipos de lavado y de los elevadores, pero la funcionalidad no es su propósito principal. “Es escultural”, señaló Martin. “Pensemos en las catedrales góticas, la Torre Eiffel; todas se elevan hacia el cielo. La forma fundamental para una composición es terminar en un punto, no ser cortada de forma plana”.

Así como como los edificios lindantes -la Torre del US Bank, el AON Center, Two California Plaza y la torre de Gas Company- evocan una época anterior del diseño, el Wilshire Grand se une a una galería de concepto más futurista e internacional. La ascensión en capas del Edificio Chrysler, en Nueva York; la pirámide de la Torre Transamerica, en San Francisco o los fragmentos afilados del Shard, de Londres, ofrecen -cada uno a su medida- una expresión más lúdica.

Para Martin, quien siguió el montaje final de la torre desde una terraza a dos cuadras de distancia, el final de la construcción culmina un sueño puesto en marcha hace casi 10 años, cuando por primera vez comenzó a dibujar un concepto para el complejo, valuado en mil millones de dólares.

El hotel inaugurará en abril de 2017, y Martin jamás duda de su éxito. “La naturaleza de ser arquitecto”, dijo, “es soñar”.

El recorrido, sin embargo, no estuvo exento de dificultades. 

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La torre y la vela desafiaron las mejores intenciones de los planificadores de la ciudad, el departamento de bomberos y la comunidad de arquitectos, para quienes resultaba inviolable la normativa de 1974 que requiere que todos los edificios de más de 75 pies de altura incluyan un helipuerto.

Martin y su equipo de A.C. Martin Partners, sin embargo, argumentaban que el Wilshire Grand podía cambiar el status quo y se inspiraron en parte en la corona del Ayuntamiento, cuya firma había diseñado en la década de 1920.

En 2011 defendieron la compatibilidad de la seguridad ígnea y la estética. Los helipuertos en los rascacielos se convirtieron en obligatorios en L.A. luego de un incendio de tremendas proporciones ocurrido en Brasil, que mató a más de 175 personas. En los años posteriores, los edificios del centro de L.A., con su apariencia podada, se convirtieron en anormalidades en el mundo del diseño de rascacielos. Casi 30 años más tarde, a raíz del 11 de Septiembre, los críticos argumentaron que la ordenanza era obsoleta.

La evacuación de edificios altos con helicópteros puede ser peligrosa, especialmente durante un incendio, señaló Nathan Wittasek, un ingeniero especialista en el tema quien trabajó en nombre del Wilshire Grand. El dinero invertido en la ingeniería de una plataforma para helicópteros puede emplearse a medidas de protección más eficientes, sostuvo. “Desde el punto de vista de la ingeniería, hay muchas formas de luchar contra los incendios en estos edificios. Hemos aprendido que, a mayor solidez en los sistemas automáticos, más seguros estamos todos”.

La alternativa al helipuerto en la azotea -que incluye una plataforma de aterrizaje táctico, un ascensor diseñado exclusivamente para extinguir incendios y un sistema de vigilancia por video- fue aceptada por la ciudad. Tres años más tarde, el departamento de construcción cambió el código para las nuevas obras. “Nos dimos cuenta de que el Wilshire Grand era un proyecto piloto”, afirmó Wittasek, “que ayudó a sentar las bases para la nueva medida”.

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Pero la aprobación de la ciudad respecto de la torre y la vela no aseguraba su éxito. Aún debían ser diseñadas.

Martin deseaba que la vela luciera delicada y con diagonales en forma de ‘A’, pero los ingenieros debían agregar más acero para evitar su colapso en caso de un severo y probable terremoto de 8,6.

Incluso el diseño de la torre fue un reto, tanto como levantar un edificio de 30 pisos de altura. Durante los vientos de Santa Ana, esta columna hueca corría el riesgo de silbar o, peor aún, vibrar -un fenómeno conocido como ‘galope’-, lo cual podía conducir a su colapso. Además, los trabajadores necesitaban una escalera interior para acceder a los servicios de iluminación en la punta. Incluso posee su propio sistema de limpieza exterior.

Como el costo de construcción se elevaba, algunos hablaban de eliminar por completo estos detalles. “Era puro arte”, afirmó Carey McLeod, director del proyecto para A.C. Martin. “Lo pusimos en duda, pero concluimos que el diseño iba a estar incompleto sin ello”.

También entró en juego la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés). La cuenca de Los Ángeles está considerada a menudo como uno de los espacios aéreos más congestionados del país, y durante casi tres años la FAA consideró al Wilshire Grand como “un presunto peligro”, no sólo como un obstáculo sino también por tener “una interferencia física o electromagnética” en el espacio aéreo y sus servicios de navegación.

A nivel nacional, la agencia federal debe estudiar cualquier estructura que se eleve a más de 200 pies y hacer cumplir las recomendaciones de los gobiernos y agencias de construcción. En 2006, por ejemplo, la FAA expresó su preocupación por la proximidad de un edificio de 12 pisos, ubicado en San Diego, con el aeropuerto local, y el constructor tuvo que eliminar los dos pisos superiores.

Al primer informe de la FAA acerca del Wilshire Grand le siguió la letra de la ley, con un reglamento que indica que cualquier objeto de mayor altura que 499 pies es considerado un obstáculo para la navegación aérea. El equipo de A.C. Martin quedó desconcertado: ¿499 pies? Pero sabían que había precedentes de su lado.

Uno de los primeros rascacielos de la ciudad -el edificio del Union Bank, terminado en 1967- medía 516 pies de altura. Desde entonces, una media docena de edificios han llevado la altura máxima a los 700 y 1,000 pies, entre ellos la Torre US Bank, que mide 1,018 pies. El Wilshire Grand era “un árbol en un bosque de árboles altos”, tal como lo explicaron a las autoridades de la FAA durante sus conversaciones iniciales.

Sin embargo, en noviembre pasado -con la ingeniería para la vela y la torre ubicadas en los 1,100 pies- la FAA emitió su reporte final. “Si se lo reduce a los 1,065 pies, el Wilshire Grand no será un obstáculo”, decía. El equipo pensó que se trataba de un error. La perspectiva de ‘podar’ 35 pies de la torre no era solo insostenible, sino también “una gran vergüenza”, afirmó Chris Martin, director ejecutivo de A.C. Martin Partners. La ciudad, los arquitectos y el propietario habían promocionado el edificio como el más alto del oeste, y no podían cederle el lugar a la Torre Salsforce, en San Francisco, que mide 1,070 pies.

Después de negociaciones de último minuto, la FAA finalmente accedió a los 1,100 pies de altura para el Wilshire Grand. “No puedo imaginar qué hubiera sucedido”, expresó Casey McCormick, un consultor que ayudó a obtener los permisos para el rascacielos. “Volver atrás y podar el edificio, con la enorme ingeniería ya implementada… Imagino que hubiéramos vivido una gran batalla para evitarlo”.

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A las 8:06 a.m., los trabajadores terminaron de atornillar el cuello interior de la torre y la conexión con la grúa fue liberada. El faro de navegación de la FAA ubicado en su punta ya brillaba con ferviente rojo. “Las torres, ante todo, representan las ambiciones, aspiraciones e identidad de los desarrolladores y de las empresas que las habitan”, señaló Maltzan. “Pero también representan a las ciudades donde se encuentran”.

Las aspiraciones del Wilshire Grand aún deben ser interpretadas. Por su parte, Martin minimiza el simbolismo y apela en su lugar a una melodía clásica de jazz que sugiere una intención más traviesa. “Lo que hace al Wilshire Grand algo único es que el edificio y la vela son parte de la misma historia. Se trata de la composición”, dice el arquitecto, y cita entonces a “So What”, la famosa obra de Miles Davis, cuya línea de base y dos acordes “se siguen repitiendo. El da-da de la canción suena como ‘so what’ (¿y qué?)”, sostiene. “Si el horizonte de Los Ángeles fuese una composición de jazz, todos los edificios dirían “so-so-so”, pero el Wilshire Grand diría “so what”.

Traducción: Valeria Agis

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