El joven boxeador Carlos Balderas enorgulleció a su padre, a través de la TV

El joven boxeador Carlos Balderas enorgulleció a su padre, a través de la TV

Carlos Balderas no estaría en Brasil -y ciertamente tampoco en los Juegos Olímpicos- si no fuese por su padre, Zenón, quien lo mantuvo lejos de los problemas y dentro del ring durante su infancia, en Santa María. Sin embargo, allí es donde este joven de 19 años estuvo este martes -en Brasil, y sin su padre-, luego de la pelea más importante de su joven carrera.

Mientras el joven se abría camino a golpes de puño hacia la victoria por sobre Daisuke Narimatsu, de Japón, con la cual consolidó su pase a los cuartos de final de la competición de peso ligero, su padre estaba a 6,500 millas de distancia, viendo la pelea por televisión después de renunciar a su vuelo a Río para que otros 11 parientes pudieran hacer el viaje. “Mi padre fue el que recaudó la mayoría de los fondos. Él y mi tío”, dice Balderas. “Y se quedó corto. No pudo venir”.

Balderas tenía siete años cuando peleó -y ganó- su primer combate. Y durante gran parte de su infancia, Zenón los entrenó a él y a su hermano mayor, José, cada noche.

Si los chicos faltaban al entrenamiento, el padre peleaba contra ellos. Era un amor estricto -tanto que Zenón se preguntó años después si había sido demasiado duro con sus hijos-. Pero lo hizo porque quería mantenerlos alejados de las pandillas y de un futuro sin salida en los campos de fresas que rodean a Santa María. El boxeo, pensó, daría a los muchachos la disciplina y el coraje que necesitaban.

“Me dije que debía hacer algo. No quería que sean como yo cuando era joven”, dice Zenón. “Finalmente, Carlos es un atleta olímpico. Así que, algo bueno salió de ello”.

El martes, Balderas puso en acción esa disciplina y coraje contra Narimatsu. “Sabía que sería un combate duro, pero fue peor de lo que pensaba”, señala el púgil. “Este hombre seguía avanzando”.

El triunfo -el segundo de Balderas en Río- le valió una cita con Lázaro Álvarez, de Cuba, en los cuartos de final de este viernes. Y aunque espera que su padre esté, nuevamente, viendo por TV, Balderas dice que el apoyo de los familiares que envió Zenón ha servido de mucho. “Veía a todos entre la multitud, desde el rincón azul”, cuenta.

Sin embargo, él -como todos los estadounidenses que han peleado en Río- también fue abucheado por el público brasileño. Y eso ayudó también, asegura. “Los cantos de algunos me alegraron, porque supe que había mucha gente a mi favor. Y los abucheos me mostraron que estaba haciendo las cosas bien; si me estaban dando una paliza, seguramente no lo hubieran hecho”.

Traducción: Valeria Agis

Si desea leer este artículo en inglés, haga clic aquí

Copyright © 2018, Hoy Los Angeles, una publicación de Los Angeles Times Media Group
63°