El escándalo de la USC genera un cambio en la ginecología: ¿cómo proteger mejor a las pacientes?

El escándalo de la USC genera un cambio en la ginecología: ¿cómo proteger mejor a las pacientes?

Para algunas alumnas de la USC que visitaban al ginecólogo del campus George Tyndall, era obvio de inmediato que algo andaba mal. Dijeron que las tocaba de manera inapropiada, hacía comentarios extraños y actuaba de forma poco profesional.

Otras dijeron que se habían sentido incómodas, pero no estaban seguras de qué pensar sobre el comportamiento del médico. No fue hasta que Los Angeles Times reveló años de acusaciones de mala conducta contra el ginecólogo, que estas pacientes comenzaron a aceptar esos exámenes.

Las acusaciones contra Tyndall, que el médico niega rotundamente, han sacudido a la USC, lo cual derivó en la renuncia del presidente de la entidad educativa, Max C.L. Nikias, y en una investigación criminal por parte del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) mientras cientos de mujeres se presentan a declarar.

Pero también se está convirtiendo en un momento de cambio y reflexión en el mundo de la ginecología, mientras los médicos y especialistas en ética médica debaten sobre cómo abordar el escándalo y hacer que las pacientes se sientan seguras y más instruidas.

La doctora Sheryl Ross, obstetra y ginecóloga de Santa Mónica, afirmó que algunos médicos eludieron las consecuencias de la mala conducta porque los pacientes los ven como superhéroes, reconocibles no por sus capas, sino por sus batas blancas. Durante años, escuchó los testimonios de mujeres que tuvieron experiencias incómodas o problemáticas con médicos, muy parecidas a las que informaron sobre Tyndall.

“Cuando se tiene a cientos de personas que no lo reportaron o lo informaron poco a poco para que solo cayera en oídos sordos, simplemente habla de un sistema de medicina muy roto”, afirmó Ross.

El escándalo ha sido particularmente duro para algunos ginecólogos hombres, que dicen que incluso antes del caso Tyndall tenían problemas ya que las pacientes optaban cada vez más por las doctoras.

Al Dr. Tim Bilash, un obstetra ginecólogo en San Diego, le preocupa que el caso de Tyndall, combinado con el movimiento #MeToo, pueda dificultar que él y otros médicos hombres encuentren trabajo.

“Estamos realmente en un atolladero sobre cómo lidiar con lo que es apropiado y lo que no lo es”, afirmó Bilash. “Como médico de sexo masculino, en este momento, siento que he sido excluido de esa conversación e incluso de mi empleo”.

Desde que una investigación del Times, en mayo, informó las denuncias contra Tyndall, más de 400 personas notificaron a la universidad sobre incidentes problemáticos, como que el médico introdujera repetidamente dedos sin guante dentro de ellas y presionara su cara contra su vagina y declarara: “Se ve hermoso”.

El LAPD afirmó que estuvo en contacto con 135 mujeres acerca del ginecólogo, y y que había ejecutado órdenes de allanamiento en su casa a principios de este mes.

Zachary Buck, un experto en derecho de la salud de la Universidad de Tennessee, explicó que las realizaciones recientes hablan de un desequilibrio de poder dentro de la medicina. Los pacientes les permiten a los médicos hacer lo que sea médicamente necesario porque son expertos, pero eso significa que los pacientes se quedan en la oscuridad, incapaces de determinar qué es normal y qué no, dijo.

“[Como paciente] Estás en una posición muy débil”, expuso Buck. “Y ello está en su apogeo cuando eres un paciente por primera vez”.

Los ginecólogos afirman que las pacientes pueden solicitar que otra persona, como una enfermera, esté en la habitación con ellas durante un examen, o que pueden interrumpir un procedimiento o una serie de preguntas si se sienten incómodas.

“Las pacientes siempre pueden preguntar: ‘¿Por qué me pregunta esto? ¿Por qué es pertinente?’ o ‘¿Por qué necesita hacer este examen?’”, remarcó el Dr. Trammel Cox, quien comienza la capacitación de residencia en obstetricia y ginecología en la Universidad de Missouri-Kansas City, en junio.

Pero, incluso, cuando las pacientes quieran hablar porque algo les parece incorrecto, dicen los expertos, es posible que se sientan demasiado vulnerables para hacerlo.

“¿Muchas mujeres van a hacer eso? Según mi experiencia, probablemente no”, afirmó Guy D’Andrea, un abogado en Filadelfia que representa a víctimas de abuso sexual. “Más bien piensan: ’¿Esto realmente está sucediendo? ¿Qué es esto? ¿Esto es abuso? ¿Es esto legítimo?’... Esa es la realidad de cómo ocurren este tipo de cosas horribles”.

Y lo que está en juego es particularmente alto cuando se trata de exámenes obstétricos y ginecológicos.

El íntimo procedimiento involucra la penetración vaginal, algo que, si se hace sin consentimiento, podría considerarse una violación, de acuerdo con expertos legales.

Muchos médicos obstetras-ginecólogos dijeron que sentían que era su deber explicar cada paso de un examen a las pacientes, especialmente a las más jóvenes, pero reconocieron que otros especialistas podrían dejar a las mujeres sin la información necesaria.

La Dra. Julie Cantor, profesora de derecho en la UCLA, expuso que los centros de salud universitarios ayudarían a las alumnas al proporcionar folletos que detallen los pasos de un examen ginecológico normal, para que ellas puedan detectar cualquier problema.

“No tienes que poner a la gente a la defensiva. Simplemente di: ‘Esto es lo que debes esperar’, y ten los folletos allí en la clínica”, sugirió.

El escándalo que ahora afecta a la USC parece confirmar los peores temores de las mujeres acerca de acudir al ginecólogo. En los últimos años, los pacientes se han mostrado cada vez más escépticos con respecto a la autoridad de los médicos, mientras que las mujeres en particular buscan con mayor frecuencia mujeres obstetras ginecólogas.

Marissa Dimitrion, una estudiante de la USC de 22 años de edad, que probablemente nunca volvería a visitar el centro de salud de la universidad de la USC. En general, dijo Dimitrion, ahora planea mantenerse alejada de los médicos obstetras ginecólogos varones. “Ir a un ginecólogo ya es un proceso incómodo”, expuso. “Ahora soy más cautelosa”.

En los últimos años, muchos médicos han comenzado a traer a una enfermera u otro profesional de la salud a la sala mientras examinan a las pacientes, en un esfuerzo por hacerlas sentir más cómodas. Los estudios descubrieron que los médicos varones son más propensos a usar chaperonas que las doctoras.

“Hay formas simples de corregir el abuso sexual institucional, y en el ámbito ginecológico, esa es una de ellas”, indicó D’Andrea.

Pero los expertos señalan que incluso si las chaperonas sospechan que hay un problema, es poco probable que hablen, porque normalmente trabajan para el médico. “¿Le llamará la atención al médico enfrente de la paciente, en medio del examen? Eso es algo realmente difícil; podría ser despedida”, advirtió Cantor, quien también es médico.

Finalmente, fue la queja de una chaperona en el centro de crisis por violación del campus lo que propició la salida de Tyndall de la USC.

La Dra. Brigid McCue, obstetra y ginecóloga en Nueva Orleans, recomendó que las mujeres lleven consigo a una pariente o amiga a la sala de exámenes. Tener un acompañante allí puede consolarlas y también proporcionar un testigo que no trabaje para el médico.

“Es absolutamente una prerrogativa de las pacientes decir: ‘Quiero a alguien aquí conmigo’. Esa puede ser la madre, o puede ser una amiga”, dijo. “Ella se sienta a la altura del hombro; no puede ver nada, pero puede leer tu respuesta”.

Los médicos enfatizaron que si tienen un problema con ellos, las pacientes deben reportar a los doctores ante la junta médica. McCue cree que las mujeres pueden determinar qué es asqueroso en la conducta y qué no. “Las mujeres tienen que confiar en sus instintos porque un examen no debería hacerte sentir incómoda de ninguna manera”, afirmó.

Pero muchas mujeres admitieron que se sentían incapaces de juzgar por sí mismas si las acciones de un médico eran correctas, especialmente dada la naturaleza sensible de un examen ginecológico.

Hannah Zhang, una alumna de la USC oriunda de Beijing, creció con poca educación sexual. “Nunca aprendimos sobre sexo, y mucho menos sobre lo que sucede durante un examen de ginecología”, aseguró Zhang, de 19 años.

Muchos médicos creen que el escándalo de la USC y otros casos harán que los médicos sean más responsables. “Estamos cambiando las cosas”, dijo Ross. “Estamos creando estándares más altos para los médicos y todos estos profesionales que se han salido con la suya por tanto tiempo”.

Las redactoras del Times Sarah Parvini y Melissa Etehad contribuyeron con este informe.

Para leer este artículo en inglés, haga clic aquí.

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