Desarrollan contra la gripe un nuevo parche que podría reemplazar la vacuna tradicional

Aquí hay una idea cuyo tiempo de hacerse realidad ha llegado: una vacuna contra la gripe que no requiere de una inyección.

Por primera vez en la historia los investigadores han probado un parche de vacuna contra la gripe en un ensayo clínico humano, y descubrieron que éste brindó tanta protección como el típico pinchazo.

No sólo los fóbicos de las agujas se beneficiarán con este desarrollo, informó este martes la revista Lancet. Los médicos y expertos en salud pública tienen grandes esperanzas de que los parches aumenten el número de personas que se vacunan contra la gripe.

La gripe estacional es responsable de hasta medio millón de muertes en el mundo cada año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En los EE.UU., el número de fallecimientos anuales desde 2010 oscila entre 12,000 y 56,000 personas. Sin embargo, la proporción de adultos que se inmunizan contra la influenza es cercana al 40%.

El hecho de que, para hacerlo, por lo general es necesario introducir una pieza punzante metálica en el músculo del brazo podría tener algo que ver con el bajo nivel de inmunización (algunas personas también señalan la pérdida de tiempo y el gasto que implica darse la vacuna).

Pero un equipo liderado por el ingeniero Mark Prausnitz, de Georgia Tech, inventó un método alternativo con “microagujas”, tan diminutas que 100 de ellas, dispuestas en un parche, caben bajo un pulgar. No obstante, son lo suficientemente grandes como para contener vacunas contra tres cepas gripales.

El parche con microagujas fue probado en un ensayo clínico realizado por la Dra. Nadine Rouphael y colegas en Hope Clinic, de la Universidad Emory, en Decatur, Georgia. La prueba incluyó a 100 voluntarios, quienes fueron ordenados al azar en cuatro grupos.

 

Dos de los grupos fueron vacunados con el parche, que se asemeja a un apósito adhesivo (al estilo Band-Aid) y debe aplicarse en la piel, cerca de la muñeca, durante 20 minutos. El procedimiento es tan sencillo que un grupo de participantes pudieron administrarse la vacuna por sí mismos (en el otro apartado, los profesionales de salud llevaron adelante la tarea). La inspección de los parches utilizados reveló que las microagujas se disolvieron durante los 20 minutos de contacto con la piel.

Una tercera fracción de los participantes recibieron una vacuna tradicional contra la gripe, con una aguja común, y a un cuarto grupo se le aplicó un parche que lucía como el real pero contenía un placebo.

Los investigadores examinaron a los voluntarios 28 días después de su inmunización y hallaron que los niveles de anticuerpos contra la gripe eran “significativamente más altos” en los tres grupos que habían recibido la vacuna, que en quienes habían recibido el placebo.

Más aún, los dos grupos que recibieron la vacuna a través del parche tenían aproximadamente los mismos niveles de anticuerpos que aquellos a quienes se había administrado la inyección tradicional. Sumado a ello, los voluntarios que se habían aplicado los parches por sí mismos tenían la misma protección que quienes los habían recibido de parte de profesionales de la salud.

Después de seis meses, al menos el 75% de los voluntarios en los tres grupos inmunizados seguían protegidos, conforme el estudio. La vacuna tradicional contenía al menos 15 microgramos de antígenos (la parte del virus que desencadena una respuesta inmune) para cada una de las tres cepas de la enfermedad. Los parches tenían una dosis ligeramente menor de antígenos, independientemente de si éste había sido colocado por un profesional o por el voluntario.

Ninguno de los voluntarios del estudio tuvo efectos secundarios graves. Los grupos que recibieron parches presentaron reacciones cutáneas leves, no registradas en la fracción vacunada con la inyección tradicional, que tuvieron por su parte más probabilidades de experimentar dolor.

En general, el 70% de los voluntarios que recibieron parches señalaron que preferían utilizarlos nuevamente en lugar de una vacuna tradicional o incluso de una intranasal. Los autores del estudio lo declararon un éxito en todos los frentes. “La vacunación contra la influenza mediante parches con microagujas es bien tolerada, bien aceptada, y resulta en respuestas inmunológicas robustas, ya sea cuando se administra por profesionales de la salud o por los propios participantes”, escribieron.

Aun así, agregaron que los parches deberán funcionar bien en estudios más amplios antes de poder ser implementados masivamente. Lo ideal, remarcaron, sería que las futuras versiones de éstos produjeran menos reacciones cutáneas al mismo tiempo que ofrezcan la misma protección.

Su entusiasmo se hizo eco en un comentario que acompañó el estudio. “Estos primeros hallazgos sugieren la aparición de una nueva y prometedora opción para la vacunación estacional”, escribieron Katja Hoschler y María Zambón, de Public Health England.

Los principales beneficiarios podrían ser las personas en países con ingresos bajos y medios, donde las vacunas contra la gripe son difíciles de conseguir. Reducir el dolor siempre es bueno, pero otros de sus beneficios -el parche cuesta menos, es más fácil de transportar, no requiere refrigeración, puede ser autoadministrado y no genera residuos punzantes- son aún mejores. “Los parches con microagujas tienen el potencial de convertirse en candidatos ideales para los programas de vacunación”, concluyeron.

Traducción: Valeria Agis

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