Cómo ser ciego y sabio; el plan de un maestro de braille para la vida

Abrir la puerta y anunciarse. Ésa es la regla para los estudiantes que ingresan al aula de Keith Christian. Así, ellos entran al salón y escuchan el golpeteo de las patas caninas sobre la alfombra, mientras Whitney, un labrador negro, se frota contra sus piernas.

Si se mueven hacia la derecha, sentirán cilindros delgados y adornados con bolas, los bastones que los ayudan a detectar objetos en lugar de tropezarse con ellos. También podrán oír el sonido de una impresora 3D, el rasgueo de una guitarra, el chasquido suave de los dedos sobre un teclado Braille. Esta es una clase atípica, en donde tanto el profesor como los alumnos son ciegos, o deficientes visuales.

Christian ha enseñado por más de una década a estos estudiantes en Clara Barton Elementary School. También se encuentra con ellos de forma regular entre clases, de forma individual o en pequeños grupos, y les enseña a leer, escribir, navegar por la web y jugar videojuegos en braille.

En los alrededores de la clase que diseñó, los alumnos aprenden a correr, tallar madera o preparar los alimentos para cocinar. Las diferentes áreas de trabajo están compuestas por computadoras, instrumentos musicales y una cocina portátil.

Este año, el Instituto Braille nombró a Christian como el ‘Mejor Maestro Braille del País’, el primer docente completamente ciego en lograr este título. Pero él cambia rápidamente el tema de conversación y prefiere hablar de sus estudiantes y los objetivos que tienen. “Muchos chicos ciegos escuchan la radio”, cuenta. “Me gusta darles un oficio, algo que puedan hacer con sus manos. Quiero transmitirles la idea de ‘puedo hacerlo’, ‘puedo construirlo’, ‘puedo lograrlo’”, dice.

El maestro cree en la constante ampliación de los horizontes, algo para lo cual el aprendizaje de braille es fundamental. Pero el reconocimiento a Christian llega precisamente en tiempos en que cada vez menos estudiantes optan por aprender este lenguaje -sólo el 8.5 por ciento de ellos-, y emplean en cambio el software que convierte el material escrito en audio. Algunos programas han reportado problemas para encontrar nuevos docentes para los alumnos ciegos.

Christian y las organizaciones que representan a los ciegos señalan que, sin braille, sus estudiantes nunca contarían con las mismas herramientas que sus compañeros videntes; no serían capaces de situar una oración en un párrafo, ni de editar un documento en una oficina. Es posible que no sepan cómo deletrear su propio nombre.

Christian, quien creció en Garden Grove, nació con retinitis pigmentosa, una condición que le dio baja visión cuando era niño, pero la suficiente como para aprender a leer normalmente textos con letras grandes. Cuando llegó a la educación terciaria, en Cal State Fullerton, pasaba horas con su rostro pegado a un monitor de video, mientras una lupa de video proyectaba las enormes imágenes sobre la pantalla. Sus ojos comenzaban a arder fuertemente. Algo debía cambiar. Y así empezó a aprender braille. “Me tomó un buen tiempo”, dice. “Ésa fue la razón por la cual estoy hoy aquí”.

El maestro pasó siete años trabajando en Nobel Middle School, del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles, y se trasladó al condado de Orange cuando sus padres enfermaron. Allí se convirtió en docente, dice, porque esperaba ayudar a los niños a evitar la empinada curva de aprendizaje que él había tenido. También quería pasar las vacaciones de verano con sus hijos, y tuvo la suerte de estar cerca de ellos durante el año escolar también. Nada vence la sensación de estar en la puerta de su salón de clases y sentir los brazos de su hijo alrededor de su cuello, mientras su vocecita le dice: “Te amo, papi”.

En Clara Barton, los estudiantes de Christian pasan la mayor parte de su día en clase con sus compañeros, donde aprenden el mismo currículo. Él pasa más tiempo con los más pequeños, ayudándoles a discriminar distintas formas con sus manos, a seguir líneas rectas para que puedan escanear textos, y a orientar sus manos para comprender qué puntos están elevados y qué letras forman en braille. Los mayores acuden a él cuando necesitan ayuda con sus lectores de braille o para escribir un ensayo, o cuando simplemente quieren pasar un rato tocando instrumentos en su rincón de música.

Desde el principio, Christian ha intentado hacer más que simplemente dotar a sus estudiantes de estas habilidades. En Nobel, se le ocurrió la idea de enseñar a los alumnos a manejar la madera, pero para ello debió primero aprender él mismo. Cuando quiso tomar lecciones, el dueño de la tienda tuvo reparos al comienzo, por temor a entregar una sierra de mesa a un hombre ciego. Pero el maestro se rindió cuando Christian le dijo que usaría la sierra de todas maneras y que, si le permitía tomar clases, le estaba dando a un colega la oportunidad de aprender a hacerlo de forma segura. Desde entonces, el docente ha construido muchas cosas, guiado por grupos online de carpinteros ciegos. Ahora, en su casa tiene una sierra de mesa, una con banda y un torno. Luego de cortar tablas, sus estudiantes emplean limas y escofinas para darles forma. Luego liman las partes, las pegan y unen, y aplican un acabado.

El salón de Christian muestra sus labores. Los textos en braille toman más espacio que los regulares y los estudiantes tenían problemas para guardarlos bajo sus escritorios. Para resolverlo, construyeron estantes verticales. Después, agregaron patas por debajo de éstos, para dejar así espacio para el Apex, un pequeño teclado braille que se conecta a internet. Los estudiantes colocan sus dedos encima y sienten cómo éste se mueve por su piel, formando cada línea de texto.

Christian desearía haber aprendido braille más temprano en su vida, tal como sus estudiantes. “Hubiera sido una experiencia totalmente diferente”, asegura.

Según la editorial especializada American Printing House for the Blind, en 2014 había cerca de 60,000 estudiantes ciegos en los EE.UU. Sólo 5.147 de ellos eran lectores de braille.

El 14% de los adultos con deficiencias visuales tenían títulos universitarios en 2013, conforme la asociación National Federation of the Blind, y el 32% un diploma de preparatoria o GED. Apenas el 40% de los adultos con pérdida de visión estaban empleados en 2013. Con esta cifra en mente, es difícil hallar a alguien que se oponga a la enseñanza del braille, pero mucha gente cree “el mito de que la tecnología puede reemplazarlo”, señala Chris Danielsen, vocero de la asociación. El funcionario afirma que a los estudiantes que tienen algo de visión se les debe enseñar braille en las escuelas porque, tal como Christian, su visión disminuirá. Pero a veces, muchos consideran más sencillo, económico y eficiente para una escuela enseñarles normalmente, sólo con la ayuda de cintas y lupas.

La ley federal requiere que el braille esté disponible para los estudiantes que lo necesiten, a menos que los maestros lo consideren inapropiado. Sin embargo, esa ley jamás ha sido financiada en su totalidad.

Una razón para el declive actual del braille puede ser el creciente número de estudiantes con discapacidades múltiples, señaló Yue-Ting Siu, una docente y consultora experta en el tema. En las décadas de 1950 y 1960, señaló, muchos estudiantes que eran clasificados como ciegos se identificaban como típicos en otras maneras. Pero ahora, dijo, más estudiantes con deficiencias visuales tienen deficiencias cognitivas, lo cual hace que sea más difícil que absorban el lenguaje.

Christian desea que sus alumnos se sientan sin límites. Algunos de ellos tienen miedo de correr por temor a chocarse contra las cosas. Por ello, el maestro partió un bastón de esquí a la mitad para que sea más sencillo golpearlo contra el suelo. A continuación, adjuntó una correa de sujeción e hizo que los alumnos la sostengan mientras caminaban alrededor del bastón. Así, siguieron la circunferencia de forma perfecta. Después de un momento, comenzaron a correr. Christian agregó bases para que comprendieran mejor los alcances de sus carreras.

Brennan Lamarra, de 12 años, un locuaz niño de Fullerton, señala que se benefició de las clases activas de Christian. Hace poco, mientras editaba un ensayo acerca de un viaje de campo, ideó un diseño para crear una tabla de quesos de caoba.

Christian y Brennan han recorrido un largo camino. El maestro le enseñó el alfabeto de braille cuando el chico estaba en preescolar. “¿Qué otro maestro pasa tantos años con un alumno?”, se pregunta Brennan. “Él sabe mucho de tecnología; la mitad de las cosas aquí adentro hablan”. Su hermana, Mina, de 8 años de edad, también es discípula de Christian. Su actividad favorita es el trabajo con madera. Cuando comenzó a dar forma a objetos, dijo, “no sabía qué ocurriría”. Ahora sí lo sabe, y creó recientemente una jirafa.

Cuando crezca quiere ser una agente secreta, dice Mina, mientras Whitney dormita junto a sus pies. Quiere hacerlo porque es sigilosa, porque la gente la mirará y, al ver que es ciega, creerán que no puede hacer nada. Pero, gracias a Christian, ella puede hacer mucho.

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