Cómo se vive en una ciudad con salario mínimo de $14

Cómo se vive en una ciudad con salario mínimo de $14

El guardia de seguridad Kenneth Lofton fue uno de los trabajadores que el año pasado se beneficiaron cuando esta ciudad del este de la bahía elevó su salario mínimo por hora a cerca de $15 para empleados de grandes empresas. El salto representó casi un 50% más de lo que  solía ganar en la cercana Oakland, donde se le pagaba $10 la hora. Pero así y todo, la cifra no es suficiente para que este  trabajador, de 62 años de edad, se mude más cerca de su trabajo; aún viaja cerca de 20 millas ida y vuelta a Hayward todos los días.

"Es algo mejor, pero no mucho”, afirmó Lofton el martes por la mañana, mientras desayunaba y se encargaba del puente de un estacionamiento en Emeryville. “El alto costo de vivir aquí se lleva un gran bocado de cualquier aumento que uno reciba; así que es como no recibir aumento alguno”. Pero, remarcó, "al menos lo están intentando".

Si, como se espera, este lunes el gobernador Jerry Brown firma la legislación que aumenta el salario mínimo por hora en California gradualmente hasta alcanzar los $15, el estado se convertirá en el mayor campo de prueba en el apasionado debate acerca del estancamiento de los salarios y la desigualdad de la riqueza.

Sin embargo, ciudades como Emeryville y Seattle, que también aprobaron un aumento salarial significativo el año pasado, ya están un paso adelante. Ambas podrían brindar consejos acerca de cómo actuar cuando la paga aumente drásticamente para los trabajadores con menos compensación.

Alguna de las primeras observaciones: muchos restaurantes, que dependen en gran medida de la mano de obra económica, han reaccionado a ello aumentando sus precios.

Sin embargo, concuerdan los investigadores y expertos en temas laborales, es demasiado pronto para sacar cualquier conclusión acerca de un posible efecto dominó, como recortes de empleo o aumentos de los gastos, pese a la gran cantidad de información generada por aquellos que pretenden demostrar lo contrario.

"Si alguien dice que hay importantes datos disponibles, está manipulando la información o son datos prematuros”, afirmó Viet Shelton, ayudante del alcalde de Seattle, Ed Murray.

Seattle aumentó su salario mínimo por hora en abril del año pasado, de $9.47 a $11, con incrementos graduales hasta alcanzar los $15 durante los próximos años, dependiendo del tamaño de la empresa. Actualmente, el mínimo por hora es de aproximadamente $13, según el tamaño del negocio y los beneficios médicos que se ofrece a los empleados.

En tanto, Emeryville aprobó su ordenanza del salario mínimo en julio del año pasado e incrementó su tarifa por hora a $12.25 para empleados de negocios con menos de 56 empleados, y a $14.44 para compañías más grandes. Esa tasa se incrementará gradualmente hasta que todas las empresas paguen un mínimo de $16 por hora en 2019. Después de ello, la cifra se incrementará cada año según el índice de precios del consumidor local.

"Incluso si tuviéramos una visión súper actualizada de qué está ocurriendo, lo que sucede ahora no mostrará cómo será la situación con el aumento a $15 porque eso no ocurre ahora”, remarcó Jacob Vigdor, profesor de políticas públicas y gobernabilidad de la Universidad de Washington. “Básicamente, esto no ha desatado ningún caos en Seattle”.

Vigdor es el principal investigador del estudio que la universidad realiza acerca del salario mínimo, que analiza los efectos de estas ordenanzas en Seattle, Chicago y otras áreas.

Los investigadores planean lanzar un reporte este mes, que analiza datos de Seattle desde el año pasado. También han realizado entrevistas y encuestas tanto a los propietarios de negocios como a los trabajadores, para saber más de su situación actual.

Lo que surgió fueron pequeños datos de un rompecabezas mayor. “El mensaje que hemos oído es que las empresas están haciendo ajustes”, dijo Vigdor. “Pero hasta ahora, esos ajustes no han implicado despidos masivos o cierres. La respuesta más común es que aumentarán los precios”.

Los restaurantes parecen estar entre los más afectados, con incrementos de entre el 7% y el 8% desde abril de 2015, señaló el especialista.

Tom Douglas, propietario de restaurantes de alta gama, y la popular cadena de mariscos Ivar’s, de Washington, aumentaron voluntariamente el salario mínimo al máximo de $15. Ivar’s implementó el incremento el mismo día en que la ley entró en vigor y compensó el costo con un aumento del precio del menú y diciendo a los clientes que no necesitaban dejar propina.

La medida funcionó tan bien que representó un aumento del 60% para algunos trabajadores, y muchos clientes siguieron dejando propina de todos modos. Rochelle Hann, una camarera de Ivar’s de 25 años de edad, afirmó que solía vivir al día, pero desde el incremento –que representó $12,000 anuales para ella- pudo disfrutar de un viaje de fin de semana y el gasto implicado le resultó sencillo de costear.

En una carta dirigida a los clientes en enero pasado, Douglas manifestó que sus dos restaurantes, abiertos durante 2015, estaban “prosperando y habían recibido buenas críticas”. Las opiniones lo ayudaron a decidir pagar los $15 de inmediato y agregar un 20% de servicio de mesa en lugar de propinas, en tres de sus restaurantes. El cargo va así al establecimiento y luego es redistribuido entre el grupo a través de salarios y comisiones, y se suma a su paquete de beneficios.

"Para el cliente que paga una propina de 20%, no cambiará nada”, le dijo Douglas a una radio. “Si debo cerrar algunos restaurantes, así será. Si debo reestructurar, así lo haré. Prefiero pagar un salario digno”.  Hasta ahora, afirmó el empresario, la reacción de los consumidores ha sido un 90% favorable.

Un escenario similar se desarrolla en Emeryville, donde algunos restaurantes han incrementado sus precios para compensar el aumento del salario mínimo.

En un martes por la mañana, el café de moda Farley’s es un hervidero de jóvenes profesionales de empresas cercanas. Pese a su popularidad, el lugar está aún sujeto a los muy delgados márgenes de ganancia de la industria de servicios de alimentos, aseguró su propietario, Chris Hillyard. Después del aumento salarial en esa ciudad, Hillyard dice que debió subir los precios del menú entre un 5% y un 20%. Un sándwich de pavo asado y aguacate que antes costaba $9, ahora vale $10. El café latte se incrementó 50 centavos, a $4.

Hillyard también debió eliminar dos puestos en el café y dar por terminado su programa de horneado. Ahora, Farley’s subcontrata a un proveedor para ello. “El concejo municipal tuvo buenas intenciones al incrementar el salario mínimo, pero esta es una de las consecuencias no deseadas”, aseguró Hillyard, para quien el aumento adicional que llegará en julio próximo será difícil de afrontar con el actual nivel de ingresos de su negocio. Farley’s cuenta con 12 empleados. “Será un reto porque acabamos de aumentar los precios”, afirmó. “En algún momento no podremos hacerlo más, porque sólo hay un  limitado número de personas que pueden pagar más por una taza de café o un sándwich”.

Hasta el momento, señaló, a sus clientes no les ha importado pagar más, ya que sus precios son comparables a los que se ven en las zonas aledañas de Oakland y Berkeley.

En la misma calle de Farley’s, los valores también han subido en Los Moles, un popular restaurante mexicano. Su chef y dueño, Lito Saldana, explica que debió aumentar el precio de cada ítem del menú en un 10% para compensar los crecientes costos de los alimentos y la mano de obra. Antes del incremento salarial, los meseros de Los Moles ganaban $9 por hora, mientras que el personal de cocina recibía cerca de $13.50 o $14.

Como los costos han aumentado en todos los ámbitos, Saldana dice que el incremento del salario mínimo no ha ayudado a sus empleados. “Aun aquellos que viven en Oakland dicen que ahora es demasiado caro para ellos”, aseguró.

En Seattle, los trabajadores encuestados para el sondeo del salario mínimo afirmaron estar contentos por el incremento. Para algunos, éste marcó “una diferencia fundamental en su calidad de vida”, remarcó Vigdor, de la universidad.

A la vez, muchos trabajadores señalaron estar nerviosos ante la posibilidad de que el aumento de precios licuara hasta sus salarios ahora más altos. “El salario mínimo, cuando funciona bien, es una herramienta para un cambio fundamental en la vida de las personas”, dijo Vigdor. “Y la preocupación es que no siempre funciona bien”.

El efecto de un aumento de los salarios también podría variar según la región. Emeryville y Seattle son, posiblemente, zonas de más rápido crecimiento y con mayores pagas, y podrían estar más preparadas para manejar un incremento salarial.

Algunos análisis tempranos, realizados en julio pasado por la Oficina de Análisis Legislativo de California, predijeron que la iniciativa electoral de los $15 podría reducir el número de empleos, aumentar los precios y el costo de vida en todo el estado, pero también incrementar potencialmente los ingresos fiscales. El reporte agregó que “la naturaleza y magnitud” de los efectos eran “altamente inciertos”.

"Cuanto más bajo es el salario de una región, mayores serán los efectos de esta medida”, señala el informe. “Esperamos que la medida tenga efectos proporcionalmente mayores en las regiones del interior de California que en las zonas costeras”.

Lo que queda claro es que tomará más tiempo para que cualquier municipio vea las consecuencias del incremento salarial. “Esta es una política que toma tiempo en actuar”, resaltó Vigdor. “El desafío que enfrentamos es, en última instancia, que las cosas que uno hace el primer día del aumento del salario no necesariamente serán indicadores de lo que ocurrirá en el largo plazo. No es un proceso instantáneo”.

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