Cómo se prepara el sistema de la UC para un aumento de los enfrentamientos políticos por Trump

Cómo se prepara el sistema de la UC para un aumento de los enfrentamientos políticos por Trump

Fue el mayor enfrentamiento político en UC Davis en años: la semana pasada cientos de estudiantes y activistas protestaron con carteles de protesta y ruidosos cánticos hasta que, en última instancia, lograron cancelar una plática prevista por el provocativo conservador Milo Yiannopoulos. 

Es factible que, en el futuro cercano, haya más acciones como esta. 

Mientras Donald Trump fue investido este viernes como el 45º presidente de la nación, estudiantes y autoridades universitarias se preparan para un aumento de los enfrentamientos políticos en los campus y los problemas de libertad de expresión.

Yiannopoulos, quien durante las próximas tres semanas tiene programado hablar en UCLA, UC Berkeley y Cal Poly San Luis Obispo como parte de su gira nacional “Dangerous Faggot” (“Maricón Peligroso”), podrá ser el instigador del caos, pero los funcionarios universitarios creen que la elección de Trump ha envalentonado a más voces como la suya.

 “Las personas se sienten capaces y con mayor libertad para presionar a los demás. Podría decirse que el ser políticamente incorrecto ahora es políticamente correcto”, afirmó este domingo Jerry Kang, vicerrector de equidad, diversidad e inclusión de UCLA. “Habrá un mayor estrés”.

El rector interino de UC Davis, Ralph J. Hexter, manifestó que le preocupa que grupos externos empleen los campus universitarios para organizar conflictos destinados al plano nacional, y lucha para proteger el discurso abierto en esa suerte de campo minado. “Estoy muy, muy alarmado con la gente que no trata [la libertad de expresión] como el tesoro que es”, alertó Hexter. La universidad es un lugar para el debate razonado, no para propiciar “un grupo gritándole al otro”, aseveró.

La pregunta, dicen los funcionarios del campus, es qué deben hacer las universidades al respecto.

Hasta ahora, el sistema de la UC se ha resistido a los pedidos para cancelar las charlas de Yiannopoulos. La defensa de la presidenta de UC, Janet Napolitano, y de la Junta de Regentes a la lucha contra el discurso ofensivo con “más discurso” en lugar de censura fue incluida en los “Principios Contra la Intolerancia”, aprobados el año pasado por los regentes de la UC como directrices para el sistema educativo. Los administradores del campus consideran un enfoque similar para aquellos que exigen la prohibición de Yiannopoulos.

En UC Berkeley, los administradores han recibido cientos de cartas de los profesores, estudiantes y otros, exigiendo se le prohíba hablar a Yiannopoulos el 1º de febrero próximo. Una carta firmada por una docena de miembros del profesorado sostiene que su presentación podía cancelarse debido a que sus acciones, “acoso, calumnia, difamación e incitación al odio”, violaban el código de conducta de la entidad.

Pero Nils Gilman, rector asociado, afirmó que protegerían el derecho de hablar de Yiannopoulos como lo harían con cualquier otra persona. “Mantener un entorno donde la libre expresión de las ideas tenga lugar no es sólo una responsabilidad sino una necesidad operativa”, aseguró.

Gilman también dijo que las autoridades universitarias funcionan como “árbitros que tratan de mantener un terreno de juego nivelado”, cuando consideran la charla de Yiannopoulos. Por ejemplo, a College Republicans, el club estudiantil que patrocina la plática, se les cobrarán las mismas tarifas por seguridad que se han cobrado a otros grupos por oradores diferentes, a pesar de que la visita de Yiannopoulos supondrá costos más altos, estimó.

Robert Dudley, de Berkeley, profesor de biología integral que recientemente se desempeñó en un comité de la facultad sobre manifestaciones celebradas en el campus, aseveró que la prohibición preventiva de un orador o la interrupción física de los eventos para evitar que estos hablen, contribuye a un peligroso ciclo de intensificación. “Protestar es una cosa; perturbar es otra”, dijo. “No es ético para el discurso político”.

Dudley señaló también que, en 2012, Berkeley permitió que las organizaciones estudiantiles afroamericanas patrocinaran una visita al campus del líder de la organización Nación del Islam, Louis Farrakhan, quien ha sido ampliamente acusado de antisemitismo, racismo y homofobia. El entonces presidente de la UC, Mark Yudof, denunció el mensaje de Farrakhan, pero defendió su derecho a hablar. 

“El concepto de censura previa tiene una larga historia en este país, y no está permitido actualmente por muy buenas razones”, dijo Dudley. “Podría fácilmente ser utilizado contra las ideas de la izquierda también. Estoy un poco sorprendido de que algunos de mis colegas no vean eso”.

Ralph Washington Jr., presidente de la Asociación de Estudiantes de UC, expresó que los alumnos tienen derecho a protestar e hicieron un llamamiento a los administradores para no defender la opresión en nombre de la libertad de expresión. Remarcó también que algunos alumnos creen que sus denuncias acerca de los comentarios racistas, homofóbicos o sexistas realizados por otros estudiantes, profesores y miembros del personal han sido desestimados por los administradores.

  “No es razonable esperar que las personas acepten silenciosamente a alguien que expone puntos de vista que perpetúan una cultura opresora”, manifestó Washington. “Y es indignante e hiriente saber que tu institución apoya la presencia de alguien que expresa esas opiniones”.

Kang, cuya oficina de diversidad fue creada en UCLA en 2015 para abordar tales cuestiones, dijo que las universidades pueden y deben hablar para expresar los valores de equidad e inclusión. Cuando el año pasado un provocador exterior llenó el campus con carteles que llamaban asesinos, terroristas y “antijudíos” a los estudiantes y  profesores, Kang y otros administradores lo denunciaron.

Ahora, Kang no ha decidido aún qué hará respecto de la visita de Yiannopoulos a UCLA, programada para el 2 de febrero. Pero, ante potenciales conflictos por temas de libertad de expresión, Kang expresó que su oficina espera planificar tanto foros grandes como pequeñas reuniones para promover una mayor conexión entre los estudiantes y fomentar las diversas perspectivas mediante la protesta pacífica y el discurso civil, en lugar de “la fuerza bruta de la intensidad sonora, o las amenazas físicas, para mantener la boca cerrada”. 

Mientras tanto, los funcionarios de UC Davis han intentado aclarar lo que sucedió el viernes pasado en el evento de Yiannopoulos. College Republicans afirmó que fueron presionados para clausurar la charla, pero Andy Fell, portavoz de la universidad, sostuvo que el grupo estudiantil tomó la decisión final cuando la policía determinó que existía una “gran posibilidad de un aumento de la violencia”, porque los manifestantes habían quitado las barricadas y estaban presionando contra la línea policial. 

Un manifestante fue detenido bajo sospecha de obstrucción de un oficial de policía y agresión sobre un agente, cuya mano fue arañada. Ninguna propiedad sufrió daños.

UC Davis, un campus de 35,000 estudiantes construido sobre terrenos llanos entre la zona liberal conocida como ‘área de la bahía’ y la ciudad conservadora de Sacramento, ha luchado con los incidentes de incitación al odio en el creciente clamor de la retórica nacional. 

En febrero de 2016, tres hombres fueron acusados de intoxicación pública, y dos de ellos fueron acusados por crímenes de odio cuando una estudiante afroamericana declaró que la habían agredido mientras caminaba cerca de su residencia en el campus. Los tres hombres eran de Sacramento.

Un año antes, una fraternidad judía fue pintada con esvásticas rojas. En un incidente separado, cortaron neumáticos e inscribieron difamaciones religiosas antijudías sobre la pintura de casi una docena de vehículos en un estacionamiento del campus. 

Hace cinco años, los funcionarios de UC Davis rociaron gas pimienta sobre manifestantes que estaban sentados, durante una protesta del movimiento Occupy. 

Hexter señaló que los protocolos de seguridad que se desarrollaron desde ese muy publicitado incidente ayudaron a preparar a las autoridades del campus para manejar las protestas del viernes pasado sin incidentes. Para el domingo, las cosas parecían haberse calmado en UC Davis. Tres alumnos que estudiaban en una mesa al aire libre afirmaron que no habían participado en las protestas pero que las habían seguido por las redes sociales.

Cecilia Plascencia, una estudiante de 19 años de edad que se especializa en psicología, aseguró que las protestas pueden tener un propósito positivo, aunque no deben ser violentas. “Construye la unidad”, dijo Plascencia. “Estamos entrando en un período donde tendremos un presidente controvertido. Eso les mostrará a las personas que otros no tienen miedos”. 

Para Carlos Novoa, de 21 años, a nadie se le debe impedir hablar. “Somos una universidad y debemos ser capaces de escuchar las opiniones de otras personas”, aclaró Novoa, un alumno que se especializa en historia y es originario de Fresno. “No nos gustaría que alguien nos silenciara a nosotros”.

Traducción: Diana Cervantes

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