Tras 40 años en las escuelas de L.A., este honesto docente dio su última calificación al LAUSD

Columna Tras 40 años en las escuelas de L.A., este honesto docente dio su última calificación al LAUSD

A las 10:30 a.m., cuando todos sus estudiantes de historia AP de décimo grado estaban ya en sus asientos, Jeff Horton se ocupó de un último detalle antes de pararse al frente de la clase.

Se acomodó su blazer azul y ciño su corbata.

Hace esto por respeto a sus estudiantes y la profesión docente. Para él, es un asunto serio, y no habría atajos en la última semana de su carrera de cuatro décadas, que lo llevó a recorrer salones de clases del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) a salas de juntas y viceversa. Horton enseñó en Crenshaw High antes de convertirse en un protegido de la miembro de la Junta Escolar Jackie Goldberg, de inclinación izquierdista, y ganar las elecciones para sucederla, en 1991.

No es ajeno a la controversia

Con los años, Horton ha estado en el centro de la polémica acerca de un plan para disolver el LAUSD (al cual se opuso), la creación de un enfoque menos eurocentrista de la historia (sostuvo que una visión más amplia del mundo era necesaria desde hacía mucho tiempo en la multicultural Los Ángeles) y sobre los derechos de los homosexuales (él se reconoció como tal cuando era miembro de la Junta Escolar, desde donde apoyó la distribución de preservativos y se enfrentó con quienes lo acusaron de tener un “plan homosexual”).

Por todo ello, no es sorprendente que Horton, un firme partidario del sindicato, tenga fuertes opiniones sobre la cada vez más creciente guerra sobre quién sabe mejor cómo educar a los niños -si los docentes y sus líderes sindicales, o las personas ricas y los partidarios de las escuelas charter-. En Los Ángeles, acabamos de presenciar la contienda más cara en la historia de los EE.UU. para una Junta Escolar, en la cual las fuerzas pro-charter desembolsaron $9.7 millones para hacerse de dos victorias y tomar el control del LAUSD.

En la opinión de Horton, las charter no son ninguna panacea, aunque reconoce que algunas de ellas pueden funcionar bien para aquellos padres que están involucrados y comprometidos a buscar alternativas a las escuelas públicas tradicionales. “Pero eso va a dejar atrás a decenas de miles de niños”, expuso.

En su opinión, el movimiento charter sigue hace décadas una narrativa de ataque contra las instituciones públicas. Y ahora incluso se drenarán más recursos de las escuelas públicas tradicionales de Los Ángeles, que ya han sido afectadas por la disminución del gasto nacional por alumno en California.

¿No se merecen una opción los padres?

Tal vez sí, pero a los padres de familia les gustan las opciones y los alumnos merecen mejores escuelas, y el cambio no se está produciendo lo suficientemente rápido en un distrito que no ha sido particularmente bien administrado en los 16 años que he prestado atención al tema.

Como señalé a Horton, él enseña en una escuela magneto de élite del LAUSD, Los Angeles Center for Enriched Studies (LACES, por sus siglas en inglés). No todos los estudiantes tienen suerte y logran entrar allí, así que ¿qué les diría a los padres de los alumnos más desafortunados?

Horton me llevó de vuelta a la década de 1990, cuando formaba parte de la Junta Escolar y el movimiento de “reforma” del momento era algo llamado LEARN (Los Angeles Educational Alliance for Restructuring Now). La idea era descentralizar y ofrecerles mayor poder a las escuelas para determinar las necesidades específicas de los estudiantes y elaborar una estrategia personalizada, en colaboración con los profesores y los padres de familia, para cumplirlas.

Colocar a los estudiantes en primer lugar siempre suena bien, pero rara vez existe un consenso sobre la mejor manera de hacerlo. Las reformas de LEARN no fueron lo suficientemente rápidas ni universales, y en 1999 llegó un nuevo conjunto de reformistas. Horton y otros fueron destituidos cuando algunos de los mismos donantes involucrados en el movimiento charter de este año (Eli Broad y Richard Riordan) respaldaron una planilla de candidatos para transformar el LAUSD. El asiento de Horton fue tomado por Caprice Young, y eventualmente, él regresó a la docencia.

“En 1999, nuestra carrera en la contienda para la Junta Escolar fue la más cara de la historia”, afirmó Young, quien ahora considera el millón gastado en su campaña como “unas monedas” en comparación con los recursos extraordinarios de este año.

¿Alguno de los lados tiene todas las respuestas?

Esto deja a uno preguntándose si, en 18 años, el LAUSD estará en mejores condiciones, o si estaremos en medio de otro movimiento de reforma y a punto de establecer otro récord de recaudación de fondos políticos.

Tengo problemas con ambos lados y no creo que ninguno tendrá jamás todas las respuestas. Pero si bien Horton puede estar decepcionado con la dirección actual de la educación pública tras de 40 años en el tema, ha tenido el lujo de pasar la mayor parte de su carrera en el santuario que representa el salón de clases. Allí, todo se reduce al respeto por los estudiantes y la noble profesión de motivarlos, y un buen maestro puede hacer que sucedan cosas mágicas.

“Él te empuja a lugares donde no crees que puedes llegar”, afirmó Luz López, una estudiante de décimo grado, antes de que comenzara la clase de historia de Horton, el lunes por la mañana.

Sid Thompson, quien más tarde se convertiría en superintendente del LAUSD, era director de Crenshaw High en 1975 cuando un novato salido de Yale solicitó un trabajo de enseñanza. “Empezó a hablar sobre lo que necesitan estos niños, y dijo: ‘¿Cómo pueden avanzar si no nos preocupamos lo suficiente como para hacer un compromiso con ellos?’”, dijo Thompson, quien contrató a Horton en el momento.

“Influyó en tantas vidas al hacer que los estudiantes comprendieran que son valiosos y que tienen una voz”, agregó Florence Saleh, una de los primeros alumnos de la clase de oratoria de Horton en Crenshaw. Saleh relató que el maestro les imploró que siguieran las noticias, participen y apoyen a los buenos candidatos para los cargos públicos. En 1988, Saleh se convirtió en la primera mujer afroamericana en ganar un concurso nacional de oratoria en la universidad, y a la primera persona a quien llamó con la noticia fue a Horton.

Ahora Saleh se dedica a la docencia, inspirada en parte por Horton. “Me enseñó a ver que los estudiantes no sólo son estudiantes”, comentó. “Son mis futuros vecinos, miembros de la comunidad, y compartí eso con ellos”.

El lunes por la mañana, los estudiantes de Horton pasaron al frente de la clase para hablar sobre un acontecimiento histórico que haya tenido un impacto sobre un miembro de su familia. Una chica contó sobre su abuelo, quien trasladó a su familia de Luisiana a California después de recibir amenazas de racistas. Otro chico habló sobre la huida de su familia de la guerra en El Salvador. Una joven relató las hazañas de su bisabuelo con el ejército ruso que derrotó a los nazis.

Horton, quien dice que aprendió muchísimo de sus alumnos y constantemente se revitalizó con ellos, sonreía radiante mientras la historia cobraba vida en el Aula 202.

En la pared había un cartel lleno de homenajes de sus alumnos. “Te echaremos de menos”, decía uno de los mensajes.

 

Traducción: Diana Cervantes

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí

 

Copyright © 2018, Hoy Los Angeles, una publicación de Los Angeles Times Media Group
57°