Columna: El escándalo en USC exige una discusión franca sobre la cultura del dinero y los valores en el campus

El nuevo escándalo de USC exige una discusión franca sobre la cultura del dinero y los valores en el campus

No quiero darle demasiada importancia al hecho de que la palabra “scandal” (escándalo) comienza con las letras SC, pero el actual drama de verano en la Universidad del Sur de California (USC) ciertamente no es el primero en los últimos años. 

El desastroso manejo que la administración hizo del exdecano de la escuela de medicina, Carmen Puliafito, quien permaneció en el cuerpo docente después de informes acerca del uso de drogas con delincuentes y adictos, provocó esta observación de un médico de la USC, quien pidió no ser identificado: “Esto me recuerda el fiasco de Steve Sarkisian”. 

Se trata de una referencia al exentrenador de fútbol americano de losTroyanos, quien fue despedido en 2015 tras una derrota ante su antigua escuela, la Universidad de Washington. 

O bien la USC no realizó una buena investigación antes de contratar a Sarkisian, en 2013, o la hizo, pero ignoró sus propios hallazgos. Una vez al mando en Los Ángeles, a Sarkisian se le mantuvo en el puesto a pesar de que éste no articulaba bien las palabras, denigró a un oponente y utilizó lenguaje inapropiado en un evento. Más tarde faltó a una práctica y fue puesto en licencia, hasta que fue finalmente despedido después de una investigación del L.A. Times sobre su consumo de alcohol en su anterior trabajo como entrenador.

El director atlético de la SC en ese entonces, el exmariscal de campo de los Troyanos Pat Haden, fue cuestionado por algunos debido a su manejo del asunto de Sarkisian. Y TheTimes informó que mientras cobraba $2.5 millones anualmente en la SC, Haden ganaba alrededor de medio millón de dólares al año en siete juntas corporativas y fundaciones benéficas que integraba, a pesar de reconocer que invertía “muy poco” tiempo en esas funciones. Haden renunció el año pasado, con bastantes logros pero un legado mixto.

Por cierto, el exmariscal había sido contratado en 2010 para restaurar la empañada reputación atlética de la USC. La NCAA acababa de amonestar a la escuela por violaciones que involucraban regalos y beneficios otorgados por agentes al jugador estrella de fútbol Reggie Bush y al jugador de baloncesto O.J. Mayo. En el endurecimiento de la NCAA, que le siguió a una investigación comenzada en 2006, la entidad citó la “falta de control institucional” de la USC.

A través de esta tormenta de nubes oscuras, ha habido una constante en la USC, que se remonta desde la investigación de la NCAA hasta el caso de Puliafito: C.L. Max Nikias, una figura central en el control institucional de la USC. No conozco el alcance de su participación en cada controversia, y nunca me ha concedido una entrevista, pese a mis reiteradas peticiones, pero Nikias fue rector de la USC desde 2005 hasta 2010, y ha sido su presidente desde entonces.

Según algunos indicadores, Nikias ha tenido un gran éxito en la USC; elevó el perfil de una escuela ya de élite y logró su objetivo de recaudar la cantidad asombrosa de $6,000 millones en donaciones. El dinero se está empleando para el fondo de dotación de la escuela, así como para la construcción de nuevos edificios y centros de investigación, y mejorar la reserva de ayuda financiera. 

Pero deberíamos preguntarnos si el precio de este éxito no es demasiado elevado…

Puliafito fue un prolífico recaudador de fondos y un reclutador talentoso, lo cual es suficiente para levantar sospechas acerca de cómo el reconocido cirujano ocular permaneció en el puesto -como maestro y médico- más de un año después de que renunciara como decano en la estela de un incidente en un hotel de Pasadena, donde una acompañante sufrió una sobredosis en presencia de Puliafito y debió ser hospitalizada. 

Una investigación del Times, realizada por Paul Pringle, Harriet Ryan, Adam Elmahrek, Matt Hamilton y Sarah Parvini, halló evidencia sólida de que Puliafito en varias ocasiones participó de fiestas con un círculo de criminales y drogadictos en hoteles, apartamentos, e incluso en su propia oficina en USC.

Como dije en mi columna la semana pasada, sin importar qué tan inquietante sea eso, estoy más perturbado por la falta de acción de Nikias y el rector Michael Quick, a quienes los reporteros del Times en numerosas ocasiones durante los últimos 15 meses les solicitaron comentarios sobre el exdecano. En un momento dado, a los periodistas se los retiró de la oficina de Nikias y se les comunicó que el presidente no hablaría de ese asunto.

Dado su acto de silencio, no sabemos qué es lo que Nikias sabía. No sabemos si leyó los correos electrónicos de The Times, uno de los cuales incluía un enlace a una llamada del 911 sobre la mujer que sufrió la sobredosis en el hotel. Tampoco sabemos si se enteró de una denuncia anónima recibida por su personal acerca de Puliafito. 

 

Si Nikias no tenía conocimiento de esto, a pesar de las repetidas peticiones de entrevista acerca de un asunto preocupante que involucra a un médico de alto perfil que todavía atendía pacientes, eso no habla bien de su juicio ni de su liderazgo.

En cualquier caso, los empleados, estudiantes y exalumnos de la USC merecen respuestas, no una serie de declaraciones cuidadosamente formuladas. 

Cuatro días después de que se publicara la historia, la semana pasada, el rector Quick expresó que la universidad había visto información “extremadamente preocupante” sobre Puliafito y que era “la primera vez que veíamos esa información de primera mano”. Nikias difundió una declaración donde manifestó que estaba “indignado y disgustado”. 

Desde el capitán Renault en “Casablanca”, nadie había estado tan escandalizado, impactado y sorprendido por algo que sucede justo debajo de su nariz.

Nikias dijo la semana pasada que la universidad debe analizar las “maneras en las que podríamos haber reconocido antes la severidad de la situación”. 

Yo tengo dos consejos al respecto: Primero, abran los ojos. Segundo, piensen en algo que no sea dinero, prestigio y los campeonatos de fútbol.

Ahora, por supuesto, Nikias y compañía están bastante interesados por llegar al fondo del asunto de Puliafito. Tan interesados, de hecho, que han contratado a una exfiscal para investigar. 

Es perfecto, excepto que la abogada es una exprofesora de la USC, quien representó a la universidad en una demanda de muerte por negligencia. El socio director de su bufete jurídico es un graduado de la USC y antiguo presidente de su junta de consejeros, y la empresa fue mencionada por la USC por sus iniciativas para recaudar fondos de ex Troyanos. 

Más de un lector me envió un correo electrónico para alertar de esta situación.

Los miembros del profesorado de la USC con los que he estado en contacto están indignados de que a un médico se le permitiera recibir pacientes durante más de un año después de que su comportamiento impulsado por las drogas fuera reportado a la universidad, y no creen que la administración desconociera todo. La confianza de los profesores y estudiantes se ha sido erosionada, manifestaron.

El padre de un estudiante de la USC afirmó estar “horrorizado por la falta de honestidad, carácter e integridad dentro del equipo de liderazgo de la USC”. Otro me dijo que quería que los síndicos de la universidad realicen un examen detallado de “los verdaderos valores de la universidad". 

Le pregunté a un médico de la USC si pensaba que Nikias conservaría su empleo. “Espero que no”, respondió. “Pero el dinero se impone”.

Traducción: Diana Cervantes

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