Aquella vez que terminé saliendo con dos mejores amigos, en la misma noche

Aquella vez que terminé saliendo con dos mejores amigos, en la misma noche

A menudo busco información de mis citas online muy minuciosamente. Pero estaba muy ocupada y, por unos días, preferí pasar directo a la opción Coffee Meets Bagel sin tanta investigación.

Así, comencé a enviarme textos casualmente con dos muchachos. Ambos parecían agradables, pero tenía problemas para identificarlos. ¿Cuál de ellos mencionó que estudiaba cine? ¿Cuál me contó de su viaje a Pekín?

Finalmente, era hora de hacer mi tarea. Tomé mi computadora portátil y convencí a Google para que me contara las historias de vida de estos dos chicos; llamémoslos J. y B. Descubrí que ambos habían ido al mismo colegio pequeño en Kentucky. Se habían mudado a Los Ángeles al mismo tiempo y asistido a la misma escuela de cine. Se tenían mutuamente como contacto en Instagram y habían viajado juntos. Resultó ser que estos dos muchachos no sólo se conocían mutuamente, sino que han sido mejores amigos durante una década.

Si hubiera hecho mi investigación online normal, por adelantado, habría descubierto este hecho. Tengo muy poca tolerancia al drama y hubiese evitado hablar con dos mejores amigos. Pero ahora era demasiado tarde.

Decidí enfrentarme a la torpeza. Les envié un mensaje a ambos y les dije que me acababa de dar cuenta de la situación. ¿La respuesta? “Jaja, ¡no hay problema! Nos pasa todo el tiempo”. También dijeron que respetarían mi decisión sobre a quién querría continuar viendo, si eso sucedía en algún momento. Eso me pareció maduro, ¿cierto?

Seguí enviando mensajes tanto a J. como con B., con quien sentía que tenía interesantes cosas en común, y a quien deseaba conocer y tener una cita. Pero B. no hacía ningún movimiento para encontrarse conmigo.

En cambio, J. me invitó a cenar el jueves de la semana siguiente. Estaba desgarrada; parecía un buen chico, pero yo tenía más interés en explorar el terreno común hallado con B. Y B. seguía sin invitarme a salir; en cambio, J. lo hacía.

Entonces decidí enviar un texto a B. e invitarlo por mi cuenta. Pensé que podía lograrlo, pero que aun si eso no ocurría yo podría medir su interés. Su respuesta fue: “Lo siento, estoy muy ocupado en este momento. ¿Podemos postergarlo por un par de semanas?”.

Ay… Así, acepté la oferta de J.

La mañana del encuentro con J. recibí un mensaje de B. Su agenda se había liberado y quería verme; esa misma noche. Me sorprendí y sentí que era ‘ahora o nunca’. Ya tenía la cena planeada con J., pero le diría a B. que podíamos encontrarnos después de ello, para un postre. Pero primero, volvamos a mi cita con J.

Lo esperé en el restaurante, pero parecía que no podíamos encontrarnos. Eventualmente, comprendimos nuestro error. Estábamos los dos en Porto’s Bakery & Cafe, pero yo me encontraba en la sucursal de Glendale y él en la de Burbank. Él se disculpó y dijo que vendría a mi encuentro. Sin embargo, mi cita tardía con B. estaba programada sólo a un par de cuadras de donde se encontraba J. en ese momento; en el centro de Burbank.

Insistí férreamente en que J. se quede allí, y que yo iría a toda prisa. Salté en el coche, pero el tránsito apenas se movía. Cuando finalmente llegué, J. actúa divertido y tranquilo, y me hace sentir cómoda. Pero nuestra cita comienza muy tarde, y sé que no tengo mucho tiempo hasta mi encuentro con B. Me excuso brevemente para ir al cuarto de baño y le pregunto a B. si podemos retrasar nuestra cita una hora. Gentilmente, acepta.

  1. y yo disfrutamos de nuestra cena, hablamos de música, películas, hermanos y trabajos. Hasta que pregunta: “¿Sigues hablando con B.?”.

Nuevamente, decido que la honestidad es la mejor política.

“Sí, sigo. ¿Aún está bien eso para ti?”.

“Definitivamente”, responde. “Es un tipo genial”. Y agrega: “¿Crees que se encontrarán?”.

“Eh… sí. Creo que lo haremos”.

“¡Genial! ¡Cuándo?”.

Miro mi reloj y vuelvo a mirar a J. mientras digo: “Bueno, dentro de una hora”.

  1. Es un tipo increíblemente bueno. Incluso durante su propia cita es el compinche perfecto de su amigo. Como conoce bien el área, me da consejos para estacionar en el sitio donde me encontraré con B.

Seguimos hablando de otros temas y la pasamos bien. Eventualmente, me excuso y parto.

Mientras me voy, J. me dice que le dé sus saludos a B.

Alerta de spoiler: B. y yo llevamos juntos ya más de un año; ha sido un gran año. J. conoció a su actual novia unas pocas semanas después de mi noche de la doble cita. Los cuatro estamos juntos todo el tiempo; hemos viajado y pasado las fiestas juntos.

Sin embargo, la primera vez que me presenté ante mi actual novio, le dije: “Hola, soy Beth. Encantada de conocerte. Tu amigo J. te envía sus saludos”. Él me miró confundido por un segundo, y luego unió las piezas hasta comprender de dónde venía. Se rió un poco incómodamente, pero me agradeció la honestidad.

Varias horas más tarde, B. y yo descubrimos que, mientras reíamos y conversábamos, el tiempo había pasado sin darnos cuenta. Más tarde aún, eran las 2 a.m. y nos detuvimos para sentarnos en una banca del parque un momento más, disfrutando juntos de la quietud y tranquilidad.

La incomodidad había quedado atrás hacía rato.

Traducción: Valeria Agis

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