Las heridas por armas de fuego, una factura médica de $730 millones al año para los estadounidenses

Las heridas por armas de fuego, una factura médica de $730 millones al año para los estadounidenses

Los estadounidenses pagaron más de $6,600 millones de dólares durante ocho años para atender a las víctimas de la violencia armada, según un nuevo recuento de facturas de hospital. Los contribuyentes pagaron al menos un 41% de esa gran cuenta.

La suma es apenas la punta de un iceberg, sostienen los autores de un estudio publicado esta semana en el American Journal of Public Health, puesto que no incluye la factura inicial -y muy costosa- por las víctimas de heridas de bala en las salas de emergencia. Tampoco incluye las readmisiones hospitalarias para tratar complicaciones o para proporcionar atención de seguimiento. El costo de rehabilitación, o de incapacidad permanente, tampoco está incluido.

“Son números importantes, y éste es el límite más bajo de estos costos”, señaló Sarabeth A. Spitzer, estudiante de medicina de la Universidad de Stanford y coautora del estudio. “Nos resultó sorprendente” la escala de gastos, agregó.

Este hecho convertiría la prevención de lesiones por armas de fuego en una prioridad para la salud pública, manifestó Spitzer. Las medidas de reforma del partido republicano reducirían las contribuciones federales a Medicaid, que paga aproximadamente el 35% de las cuentas de hospital para las víctimas de disparos. El plan también reduciría los pagos a los hospitales que absorben la mayor parte del costo del cuidado de pacientes no asegurados, cuyas cuentas de atención hospitalaria representaron alrededor del 24% de la suma total de $730 millones por año. “Son heridas costosas”, afirmó Spitzer.

La nueva investigación subraya muchos hechos sombríos de la violencia armada de los EE.UU.: en 2014, por ejemplo, 33,700 personas murieron por heridas de bala, pero unas 81,000 más fueron tratadas por lesiones de armas de fuego no mortales. Casi dos tercios de las muertes por armas fueron autoinfligidas, y quienes se suicidan con una pistola rara vez llegan al hospital con vida.

Para llegar a su recuento, Spitzer y sus colegas computaron las cuentas del hospital de 267,265 pacientes de todo el país, que fueron heridos por armas de fuego entre 2006 y 2014.

Los pacientes fueron en su enorme mayoría varones, y la mayoría de ellos llegaron a grandes hospitales urbanos. Cerca del 43% de las víctimas fueron atendidas en el sur, donde la proporción de pacientes sin seguro médico es mayor. Y a nivel nacional, el 30% de las víctimas internadas durante el período del estudio estaban aseguradas por Medicaid.

“Las lesiones relacionadas con armas de fuego suponen una carga particular para los pagadores gubernamentales y los pobres”, señalaron los autores del estudio. Además del 20% de pacientes en todo el país que estaban asegurados por Medicaid -que en gran medida atiende a los estadounidenses de bajos ingresos y discapacitados-, cuatro de cada cinco de los pacientes no asegurados "cayó por debajo del percentil 50” de ingresos, un grupo para el cual es poco probable pagar sus facturas médicas y, por lo tanto, estos costos son a menudo amortizados como pérdidas a los hospitales que prestan la atención.

El costo de mantener abiertos esos centros médicos, a su vez, suele ser soportado por los contribuyentes en forma de impuestos locales o subvenciones en bloque a los estados.

Hasta ahora, la estimación más reciente del costo de las lesiones por arma de fuego sólo se extendía hasta 1997 y utilizaba datos hospitalarios de dos estados. Eso ocurrió porque, en 1996, los defensores de los derechos de armas en el Capitolio comenzaron a prohibir el uso de fondos federales para "abogar o promover el control de armas" y para llevar a cabo investigaciones sobre lesiones de armas de fuego. Aunque el gobierno de Obama propuso el año pasado una serie de iniciativas para reducir las heridas por armas de fuego, es probable que muy pocas de ellas sean financiadas por un Congreso liderado por el Partido Republicano.

El trabajo de Spitzer fue subvencionado por un fondo de Stanford para "estudiosos médicos". Como alumna de medicina interesada en la cirugía de emergencia, Spitzer espera que una mayor investigación impulse las políticas públicas para reducir tales lesiones.

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Traducción: Valeria Agis

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