La misteriosa desamparada de Pacific Palisades, y la comunidad que la ayudó a recuperar su hogar

Se convirtió en una habitué de Pacific Palisades, donde paseaba sin rumbo largas horas cada día; una presencia visible pero distante en la acaudalada comunidad costera.

Nadie podía hablar con ella, que sólo emitía resoplidos si alguien lo intentaba. Daba puñetazos al aire, contorsionaba su cuerpo y permanecía encerrada en sí misma, con los ojos ocultos detrás de sombras oscuras. Algunos lugareños se referían a ella como ‘Pretty Blonde’ (la rubia bonita).

Cuando se piensa en la falta de vivienda en Los Ángeles, skid row viene a la mente de inmediato, junto con Venice y Santa Mónica, entre otros sitios. Pero Palisades también está incluido. Hasta hace poco, 200 desamparados vivían allí y en sus alrededores. Casi todos ellos han sufrido algún tipo de enfermedad mental, afirma el oficial Rusty Redican, del LAPD, quien hace la ronda de las personas sin hogar en el área. En un momento, 15 o 20 de ellos acampaban entre la densa vegetación de los acantilados, con vista al mar, un privilegio millonario para personas que no tienen más que un par de pertenencias.

Hace unos años, los residentes locales formaron el Grupo de Trabajo de Pacific Palisades para los Desamparados. El objetivo, señala Doug McCormick, uno de sus fundadores, no era presionar a la gente sin hogar para que se marche a las comunidades vecinas, sino vincularse con trabajadores sociales y la policía, y ofrecer tratamiento y refugio a los necesitados.

 

La ‘Rubia Bonita’ de Pacific Palisades

Nancy Klopper, una directora de audiciones para Hollywood, cuyas decenas de créditos incluyen “Ray”, “Fantastic Four” y “Devil’s Advocate”, se unió a la causa desde el inicio y comenzó a preocuparse particularmente por la mujer que caminaba a diario por la zona.

“Claramente estaba tan enferma”, relata Klopper, quien, con un ojo bien entrenado, reconoció que la estructura ósea facial de la mujer la hacía lucir extranjera, posiblemente del norte de Europa. “Todos los días la veía y pensaba: ‘Es la hija de alguien. En algún lugar hay una madre que la busca’”.

No era la única desamparada marchitándose entre las calles de Palisades. “Cuando uno advierte su declive físico, los ve empeorar y sabe que esto está fuera de control, porque son muy reacios a recibir ayuda; es algo muy doloroso”, expresa Klopper.

Sin embargo, ella y otras personas demostraron que ayudar a los demás, incluso si hay resistencia de por medio al principio, no es imposible.

Cuando la visitante del área conocida como Pretty Blonde no deambulaba por las calles, se la podía ver en el peñasco entre la ciudad y la playa, donde vivía en uno de esos campamentos. La pendiente allí es muy empinada, y hay que ser una suerte de explorador para abrirse paso entre la vegetación densa y espinosa. El oficial Redican, quien me llevó hasta el sitio, relató que coyotes, serpientes y depredadores humanos convierten la zona en particularmente peligrosa, al igual que el alto riesgo de incendios.

La mujer estaba, claramente, más enferma que otros de los desamparados, destacó Redican, quien intentó convencerla para buscar ayuda. Cada vez que la divisaba desde lo alto del peñasco, ésta dejaba el campamento y bajaba hasta la PCH. Cuando el oficial se acercaba desde el risco, corría por la pendiente y se alejaba del lugar.

‘¿Me puedo ir ahora?’

Las veces que él y Jimmy Solimon, su colega del LAPD, daban con ella, la mujer se agitaba, entraba en pánico y se resistía a la ayuda. Radican encontró, finalmente, un método que a veces funcionaba bien. “Si hablaba muy bajo, ella escuchaba”, explicó. Sin embargo, se resistía diariamente a las ofertas de tratamiento o refugio, a las cuales respondía con la frase: “¿Me puedo ir ahora?”.

Redican no se rindió. A pesar de la enfermedad, “había una parte de ella que era lo suficientemente lúcida como para saber que intentábamos ayudarla”. El problema era que la mujer no aceptaba dicha ayuda, y que una hospitalización forzada requiere que un equipo de salud mental evalúe y determine si una persona está gravemente discapacitada o no puede procurarse las necesidades básicas, como alimentos, ropa o albergue.

Es un estándar difícil de alcanzar, y a raíz de éste mucha gente literalmente muere sin ayuda. Tal como he escrito antes, gracias a varios defensores, en Los Ángeles está en marcha un movimiento para reinterpretar esa definición y ayudar a aquellos que están obviamente en peligro, incluso si rechazan la asistencia.

En el caso de esta mujer, meses de arduo trabajo -por parte del LAPD, de la fuerza de trabajo de Palisades y de un trabajador social de The People Concern, una agencia de servicios de salud mental sin fines de lucro- lograron su hospitalización, el pasado otoño. Para consternación de todos los involucrados, Pretty Blonde fue liberada rápidamente, sin explicaciones, y regresó a los sitios que antes frecuentaba. “Yo diría que volvió en un día y medio”, estimó Redican.

 

La identidad de la mujer misteriosa, y un plan

Para ese entonces, Klopper sabía el nombre verdadero de Pretty Blonde, y comenzó a indagar en internet para conocer su historia. La mujer había sido una artista, al parecer tenía una hija y se había alejado de sus familiares.

La investigación aficionada derivó en pistas de posibles parientes en Escandinavia, así que Klopper escribió un mail que iniciaba con la frase: “Por casualidad…”. Cuando despertó la mañana siguiente, revisó su casilla de mensajes y halló la respuesta: “Este es el mejor día de nuestra historia. Hemos buscado a nuestra hija durante 20 años; asumimos que estaba muerta”.

Klopper supo entonces que la mujer tenía treinta y tantos años, que había sufrido trastornos mentales desde la infancia y que había sido diagnosticada con trastorno bipolar. Después de huir de su país hacia Los Ángeles se casó, tuvo una hija y se divorció cuando su enfermedad empeoró. Klopper buscó entonces a su exmarido y a la actual mujer de éste, quienes cuidan de la hija de Pretty Blonde.

La niña sabía muy poco de la enfermedad de su madre o de su paradero, y se refiere a la pareja de su padre -quien es terapeuta familiar y candidata a un doctorado en psicología- como su madrastra. Algunos nombres y detalles no se mencionan en este artículo a petición de la familia, quien solicitó privacidad por el bienestar de la menor.

De vuelta a Escandinavia, en busca de ayuda

En marzo, Redican, Klopper y otros trabajaron juntos otra vez y lograron otra hospitalización psiquiátrica. Los padres de Pretty Blonde viajaron desde Escandinavia en la primavera pasada, para acompañar a su hija durante las cinco semanas de tratamiento. La condición de la mujer mejoró notablemente y los padres insistieron en llevar a Klopper, Redican y otros a un almuerzo de agradecimiento, donde además les dieron regalos. Después de ello, padres e hija volaron juntos a Escandinavia, donde ella continuó su proceso médico.

El pasado jueves, me dirigí junto con Klopper, el oficial Redican y Solimon a uno de los campamentos donde la mujer había vivido, y algunas de sus pertenencias estaban todavía allí. Mantas, una toalla, zapatillas, paquetes de té de menta.

Es duro aceptar que, en un estado con tantas riquezas, hay tantas decenas de miles de personas sin hogar y tantas barreras para ayudar a esta gente, obviamente en problemas.

Durante los últimos 18 meses, en Palisades, los esfuerzos de voluntarios, empleados públicos y de agencias sin fines de lucro lograron una disminución del 40% de la población de desamparados; sólo pocos de ellos siguen viviendo en el peñasco, expresó Redican, y decenas han ingresado a tratamientos, conseguido vivienda o ambas. McCormick, uno de los pioneros del grupo de trabajo local, espera que el proyecto de Palisades pueda convertirse en un modelo para otras comunidades.

En tanto, Klopper, Redican y otros miembros de la agrupación, ya han puesto manos a la obra para llegar a otras de las almas perdidas que viven entre ellos.

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Traducción: Valeria Agis

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