Aumentan los homicidios en Tijuana, una ciudad amenazada por años de violencia

Los homicidios crecen nuevamente en Tijuana, una ciudad amenazada por años de violencia

Más de 350 estudiantes de secundaria estaban en clase en esta cruda sección de Tijuana, habitada por gente de clase trabajadora, cuando se oyeron disparos al otro lado de la escuela. Cuando todo había terminado, los asaltantes habían huido y dos personas yacían muertas: el propietario de una pequeña empresa de jugo Clamato y de un lavadero de coches, y un cliente, de 17 años de edad.

Los homicidios han vuelto a los titulares de periódicos en Tijuana, proyectando una sombra sobre este tiempo de esperanza económica, en el cual la ciudad ha visto un aumento en los empleos de maquiladoras, planes para un nuevo sistema rápido de autobús, el auge de la construcción de viviendas de alta gama, el florecimiento de la escena de la cerveza artesanal y la puesta en marcha de numerosos bares y restaurantes, además de los varios festivales donde las masas celebran de todo un poco, desde la opera y el arte hasta el tequila y la ensalada César.

Con 636 homicidios cometidos en Tijuana hasta fines de septiembre, 2016 se perfila como el año más violento en la ciudad desde 2010. Los 89 asesinatos del mes último lo convierten, por otra parte, en el período más violento del año hasta ahora.

Las autoridades policiales señalan que la gran mayoría de las víctimas y los autores son miembros del submundo de las drogas, a menudo traficantes callejeros con antecedentes penales. Pero aun así, el recuento en alza es un incómodo recordatorio de la violencia sin precedentes que se apoderó de la ciudad hace ocho años, cuando las bandas rivales libraban una batalla feroz por el control de la plaza.

“Es lo que todos los reporteros me preguntan: ‘¿Volveremos a 2008?’”, afirmó Miguel Ángel Guerrero, director de investigaciones especiales en Tijuana de la Procuraduría General de Baja California. “Dios nos libre de eso”.

El aumento en los homicidios en distintas zonas de México es una fuente de preocupación creciente. Debido a sus altos números, Tijuana es una de las 50 ciudades en todo ese país que son parte de una iniciativa federal contra el delito puesta en marcha este mes, pero que se implementará gradualmente a partir de ahora.

Una serie de incidentes registrados en las últimas semanas han ayudado a llamar la atención nuevamente sobre este tema, particularmente en Tijuana.

El 3 de septiembre, un conductor en el Bulevar Benítez se estrelló cuando su parabrisas fue golpeado por un cadáver desmembrado que cayó desde un puente. En la escena, la policía halló otros dos cuerpos desmembrados y un letrero con un mensaje amenazante, ostensiblemente escrito por miembros del cártel de Sinaloa y dirigido a sus pares de otro grupo, el Cártel Tijuana Nueva Generación.

El 7 de septiembre, Desteny Hernández, residente de Imperial Beach y de 18 años de edad, resultó baleada repetidas veces en el este de Tijuana, cerca de la Vía Rápida. Los investigadores siguen de cerca al novio de la adolescente y sus conexiones con el crimen organizado.

El 24 de septiembre, Jesús Armando Martínez Escobar, de 35 años y oficial de policía de Tijuana, fue baleado y murió mientras realizaba una parada de tránsito rutinaria en la Zona Norte de la ciudad, conocida también como un barrio rojo. Dos sospechosos veinteañeros fueron arrestados y declararon que sólo conducían con dos rifles AR-15 desde San Diego porque pensaban venderlos en Tijuana, según detalló la Procuraduría General de Baja California.

El propietario de la empresa de Clamato estaba con cuatro clientes jóvenes cuando un asaltante, con una pistola calibre .40, bajó de un automóvil y abrió fuego, detallaron las autoridades. El objetivo era el dueño del lugar, pero los clientes también recibieron disparos y uno de ellos falleció.

Al escuchar los disparos, los administradores de la Escuela Secundaria Técnica Número 11 rápidamente cerraron la puerta delantera y se les ordenó a los estudiantes arrojarse al suelo, una práctica habitual en el lugar ante los tiroteos.

Hace sólo pocos años, Tijuana era considerada un modelo nacional en México por su lucha contra el crimen con una estrategia que involucraba la estrecha colaboración entre los miembros de las fuerzas armadas y los organismos civiles encargados de hacer cumplir la ley, además de la participación de los líderes empresarios y otros grupos de la sociedad.

Los críticos sostienen ahora que la colaboración forjada durante ese período de adversidad se deterioró, y que los tres niveles de gobierno no funcionan como deberían. “No hay estrategias, ni coordinación; no se hablan entre ellos… No han sido capaces de hacer la limpieza necesaria en el departamento de policía”, aseguró Juan Manuel Hernández, un antiguo líder de negocios en Tijuana que ahora escribe una columna en el diario de dicha ciudad, Frontera.

Álvaro González, un abogado de defensa criminal, ve la necesidad de una estrategia a largo plazo para abordar las profundas causas de la delincuencia, que deberían tener un fuerte énfasis en la prevención y el tratamiento de adicción a las drogas. “Con los constantes cambios en el gobierno, un partido llega y hace algo, y luego viene otro y no continúa esa misión”, señaló González.

Guerrero, el director de investigaciones especiales, cree que la clave es atacar la estructura financiera de las organizaciones criminales. A finales de este mes, la Cámara de Comercio de Tijuana espera reunir a la iglesia y grupos cívicos y empresariales con autoridades del gobierno y militares, para formar un frente común contra la violencia. “El gobierno por sí solo no puede hacerlo”, señaló Gilberto Leyva, presidente de la cámara.

Las matanzas que culminaron en 2008 con 844 homicidios no acontecieron de la noche a la mañana. Los miembros del grupo del sector privado Coparmex fueron entre los primeros en alertar del tema en 2006. Dos años después, la crisis se hizo evidente cuando los cuerpos desmembrados y las espeluznantes escenas de tiroteos eran un lugar común.

La Organización Arellano Félix, que dominó durante mucho tiempo el tráfico de drogas en Baja California, luchaba por entonces contra un desafío sin precedentes por parte de uno de sus principales lugartenientes, Teodoro García Simental, quien encontró apoyo del cártel rival, Sinaloa. La propia policía era un blanco frecuente de la violencia; algunos por sus vínculos contra el crimen organizados, otros por negarse a ceder a éste.

Mientras las agencias del orden civil luchaban contra su corrupción interna y los grupos narcos -mejor armados y mejor financiados- crecían, el ejército mexicano intervino, e incluso se hizo cargo de los principales puestos en organismos civiles, como el departamento de policía de Tijuana. En tanto, la recesión mundial azotaba, los puestos de trabajo caían, los turistas desaparecían y los restaurantes estaban vacíos.

Hoy en día, Tijuana es una ciudad muy distinta a la que era en 2008, más esperanzada y más fuerte a nivel económico. “Gran parte de la violencia que vemos ocurre en los niveles inferiores, no a nivel de los cárteles”, señaló William Sherman, agente especial a cargo de la Administración de Control de Drogas de los EE.UU. (DEA) en San Diego. “Es más bien una cuestión de traficantes callejeros, que luchan por sus territorios”.

La violencia se redujo cuando el cártel de Sinaloa se convirtió en la organización dominante en la región, según relatan las fuerzas del orden. Pero ahora, una nueva agrupación, el Cártel Jalisco Nueva Generación, del centro de México, ha entrado en escena y unido fuerzas con los restos del Cártel de Arellano Félix, para formar el Cártel Tijuana Nueva Generación y desafiar el control del mercado.

Para Guerrero, como los líderes de estos varios grupos se mantienen alejados de Tijuana, hay una falta de control en el submundo. “Muchas veces no hay orden de matar, y ellos terminan haciéndolo sólo porque sí”, afirmó.

Aunque los homicidios han aumentado, Sherman, de la DEA, sostiene que no hay señales claras de un retorno a tiempos pasados. “Si el nivel empieza a volver a lo que era en 2008, vamos a saberlo antes de que ocurra”, dijo. “Tenemos suficientes fuentes que nos dirán ‘habrá una guerra’, pero por el momento escuchamos nada de eso”.

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Traducción: Valeria Agis

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