Foshay Learning Center, de mayoría latina, envía más estudiantes a USC que cualquier otra preparatoria

Gran hazaña: Foshay Learning Center envía más estudiantes a USC que cualquier otra preparatoria

Lilly Díaz estaba en segundo grado cuando por primera vez caminó en el campus de USC para asistir al carnaval de Halloween, organizado por estudiantes universitarios. Cuando volvió a ese sitio, como estudiante de primer año este otoño, no encontró nada aterrador en el campus.

Para entonces, la universidad era como un segundo hogar, tanto para ella como para los otros 29 graduados de Foshay Learning Center que se habían matriculado como estudiantes en la selectiva casa de estudios superiores.

"Siento que pertenezco a este lugar", señaló Díaz esta semana, después de una mañana de clases y justo antes de su práctica de trombón con la banda.

Foshay Learning Center, ubicado en una zona marginada, a menos de una milla al oeste del campus universitario, envió más estudiantes a USC este otoño que cualquier otra preparatoria, pública o privada. Es un gran logro, y no es un éxito del momento sino fruto de una colaboración entre la escuela y la universidad que ha durado más de 25 años. "Esa es una de las grandes historias de USC", afirmó Timothy Brunold, decano de admisiones.

"Nos estamos conectando con la comunidad circundante y construyendo un ducto directo hacia USC para los estudiantes, especialmente para aquellos que son los primeros en su familia en ir a la universidad".

Díaz, de 18 años, se ajusta a esa descripción. Su familia emigro de El Salvador. Su padre, trabaja como camarero, terminó la preparatoria en su país natal; su madre, conserje y empleada de inventario, dejó la primaria para ayudar en casa. Ambos querían más para su hija. Se emocionaron ampliamente cuando la maestra de quinto grado animó a la tranquila y estudiosa niña a solicitar un lugar para la Neighborhood Academic Initiative de USC, un programa de enriquecimiento de siete años, con el fin de acceder a la universidad.

Foshay, una escuela integral que va desde jardín de infantes hasta el grado 12, es perfecta para esto: los estudiantes pueden progresar en el programa anualmente, sin cambiar de escuela.

Al principio, Díaz se vio obligada a cambiarse de escuela tres veces, a medida que su madre soltera se trasladaba por el trabajo. Pero después empezó a asistir a Foshay, en sexto grado, y se quedó allí firme, incluso cuando su madre se mudó a Virginia con sus tres hermanos más chicos. Todos coincidieron en que era necesario que Díaz siguiera con el programa, por lo cual se fue a vivir con su padre, cerca de Foshay y de USC.

En juego estaba una educación preparatoria superlativa y gratis -con un valor de unos $70,000 al año-, si la joven lograba llegar a esa universidad.

"Entendimos que su mamá tenía que irse, pero nosotros siempre estábamos aquí", señaló la subdirectora de Foshay, Yolanda McCoy.

Cerca de 115 estudiantes de sexto grado, repartidos en tres aulas, ingresan al programa cada año en Foshay. Para cuando llegan a la preparatoria, el grupo generalmente se ha reducido, por agotamiento o competencia, a unos 70 alumnos.

Los estudiantes del programa deben mantener por lo menos un promedio de calificación ‘C’, y las familias deben comprometerse a participar de actividades extra académicas y de enriquecimiento personal, durante el horario escolar y después de éste. De lunes a viernes, de 8:00 a 10:00, las clases de preparatoria se llevan a cabo en USC.

"La experiencia de estar en el campus de lunes a viernes es fundamental para el éxito del programa", aseguró Michael Laska, un profesor de matemáticas que ha estado en Foshay durante 28 años.

Díaz rápidamente se sintió bien en el programa. "Fue muy emocionante estar en un aula universitaria cuando sólo tienes 11 ó 12 años", expresó. "No sentí ansiedad o nerviosismo, porque estaba rodeada de estudiantes de mi mismo origen. Llegué para estar con mis amigos".

La escuela de verano es obligatoria, tal como las clases durante los sábados, por 20 semanas al año. Los estudiantes toman cursos difíciles, como cálculo, y sus padres deben asistir a talleres sobre temas como planificación para la universidad y comunicación con los profesores.

Incluso se espera que aquellos estudiantes que salen del programa se gradúen, y muchos de ellos asisten a otras importantes universidades. En la clase de Díaz, 56 estudiantes lo lograron. Las reglas requieren que todos ellos soliciten su admisión a USC. Díaz fue una de los 21 que lo consiguieron, y de los 19 que se inscribieron fehacientemente (los otros dos eligieron Harvard y Wesleyan). Los once alumnos que salieron del programa de Foshay se transfirieron a USC este año, después de terminar uno o dos años de clases en otros lugares.

Un principio inamovible del programa es que USC no bajará sus estándares. En cambio, la universidad se compromete a ayudar a que los estudiantes de Foshay  a que eleven los suyos. Foshay se convirtió en el campus proveedor de alumnos más importante de USC, aun cuando la universidad informó que había admitido a sólo el 17% de los solicitantes, su matrícula más selectiva. Entre los 3,068 estudiantes, 610  tuvieron promedios perfectos y el promedio general o GPA fue de 3.75.

Al mismo tiempo, el 13% son estudiantes universitarios de primera generación. Foshay es crucial para lograr la diversidad de la escuela. En general, la clase de primer año de USC está compuesta por un 41% de alumnos blancos, un 20% de asiáticos, un 14% de jóvenes internacionales, un 13% de latinos, un 6% multiétnico y un 5% de alumnos negros.

Foshay, por el contrario, es 80% latina y mayormente negra. Alrededor del 93% de sus estudiantes provienen de familias de bajos ingresos.

USC ha tenido una relación compleja con sus barrios aledaños; a veces la universidad parece tan brillante como un faro, otras veces se parece más a una isla o una fortaleza, que intenta resguardarse a sí misma entre sus muros. El cuerpo de seguridad de USC patrulla en los alrededores de los sitios de mayor incidencia de crimen para ofrecer protección al campus y las calles adyacentes, donde viven muchos estudiantes.

Pero la universidad ha hecho un verdadero compromiso con Foshay y otras escuelas cercanas. En Foshay, la ayuda va más allá del programa. Todos los alumnos se benefician de escuchar a los profesores invitados, de la tutoría después de clases y del programa de lectura para sus pequeños compañeros de primaria.

Sin embargo, Foshay no le deja todo el trabajo pesado a USC. La escuela cuenta con cuatro academias temáticas y un equipo de expertos docentes que han trabajado allí por cuatro décadas. Sus equipos de robótica han ganado prestigiosos concursos; su banda de jazz -en la cual participa Díaz- recaudó los fondos para viajar a París.

Este mes generó un recuerdo del desafiante entorno de Foshay. Carlos Segovia López, de 19 años y graduado de dicha escuela, fue baleado y murió mientras estaba sentado en sus coche, a unas cuadras de la escuela. Había completado el programa para USC y luego decidió unirse a la Armada. Michael Hooks, consejero de la institución, recordó el deseo de Segovia López de ayudar a las personas en situación de calle.

USC ha ampliado recientemente su iniciativa a varias escuelas del este de Los Ángeles. El presupuesto, financiado por donantes y por USC, es de $1.6 millones, pero tendrá que crecer para estar a la altura de las cada vez más crecientes ambiciones.

"Este programa cambia la pregunta ‘¿Voy a la universidad?’ o ‘¿Puedo ir a la universidad?’ por ‘¿A qué universidad voy a ir?’”, afirmó Kim Thomas-Barrios, directora ejecutiva de asociaciones educativas de USC. “Ahora, estos jóvenes tienen este maravilloso problema”.

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Traducción: Diana Cervantes

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