El futbol unió a dos jugadores muy distintos de Cathedral High  

Eric Sondheimer
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Dylan Robinson mide 6 pies y 4 pulgadas, y es afroamericano. Alejandro Lugo mide 5 pies y 7 pulgadas y es latino. Los dos jugadores de tercer grado de preparatoria son inseparables en L.A. Cathedral pues fueron unidos por su amor al futbol. El verlos juntos es un ejemplo muy fuerte de cómo los deportes pueden ayudar a borrar las barreras sociales y a erradicar estereotipos.  

“Estamos muy unidos”, declaró Robinson.

 Lugo dijo: “Cuando lo conocí por primera vez, me decía a mí mismo ‘¿por qué está jugando futbol?’ No sabía que se iba a convertir en un amigo tan cercano. Siempre estamos haciendo cosas juntos”.

Cuando primero llegaron a Cathedral en su primer año, tomaban el Gold Line juntos para llegar a sus casas en Altadena. Ahora Lugo tiene su licencia de manejar y lleva a Robinson a la escuela.

Ahora ellos dos destacan en el equipo de futbol de Cathedral que enfrentará a Paramount el miércoles como parte de los playoffs de la División I del Southern Section en el futbol de preparatoria. Están los mejores equipos, pues los clasificados número 1, 2, 3  y 4 aún siguen vivos. Anaheim Servite es el favorito. Seguramente habrá grandes encuentros si los mejores clasificados se mantienen vivos en la siguiente ronda.

Robinson, quien es conocido por sus clavadas en el básquetbol en las canchas de Cathedral, tiene ocho goles y ocho asistencias. Lugo lidera el equipo con 20 goles y 11 asistencias. Cathedral tiene récord de 15 triunfos, tres empates y tres derrotas y conquistó el campeonato Del Rey League.

“Su química en la cancha tiene una relación directa con su amistad fuera de la cancha”, dijo Arturo López, entrenador del equipo.  

Robinson comenzó a jugar cuando tenía seis años. También jugó básquetbol y béisbol.  

“Me gusta mucho correr”, dijo Robinson. “Me gusta gastar mis energías. El futbol fue el deporte que me permite hacer eso. También me da mucha alegría y energía cuando anotamos. Me enamoré de ello”.

Primero jugó ante Lugo en sexto grado y los dos se convirtieron eventualmente en compañeros de equipo. El reto más grande de Robinson fue el de convencer a la gente que jugaba futbol, no básquetbol.

“Ha sido difícil”, dijo. “Me preguntan mucho eso cuando entreno o cuando me ven en la calle. La gente no para de preguntar: ‘¿por qué no juegas básquetbol?’. Mi familia ya comenzó a aceptarlo”.

El tamaño de Robinson lo hace destacar en cualquiera cancha y Lugo siempre está buscando a su amigo en los tiros de esquina. Robinson también es probablemente el jugador más rápido en Cathedral, lo que lo hace un prospecto muy intrigante a nivel de colegio.  

“El ser tan alto, le ayuda a él y también al equipo”, dijo Lugo.

Robinson se dio cuenta desde hace mucho que el anotar goles era más emocionante que hacer clavadas en el básquetbol.  

“Lo hago por el equipo”, dijo Robinson. “Cuando haces clavadas es para ti, son tus puntos personales”.

De todas maneras, Lugo señaló que no le importaría si Robinson lo carga un día y vive lo que se siente clavar una canasta. Se acuerda que Robinson lo alzaba después de que anotaba un tanto y ganaban el partido cuando estaban en su primer año.

“Me decía a mí mismo, me gusta estar tan alto”, dijo Lugo.

El ver a los dos juntos, muestra la magia del deporte.

“Te muestra cómo el futbol puede unir a dos razas”, dijo Lugo. “No es nada más un gran jugador de gutbol. Es una gran persona en la cancha”.

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