Estados Unidos dividido: el país rojo y el azul vieron el mismo discurso de Trump pero entendieron mensajes diferentes

Estados Unidos dividido: el país rojo y el azul vieron dos discursos de Trump muy diferentes

Al principio de su discurso ante el Congreso, cuando el presidente Trump comparó su elección con un terremoto político, Kristen Rossow prácticamente se levantó de su sofá.

Sentada en la sala familiar de su casa de dos plantas, en este barrio ordenado de los suburbios de Boise, junto con su esposo e hija -todos fanáticos del nuevo mandatario- la mujer se paró y llevó sus dos puños al techo. “¡Sí!”, gritó exultante, con una amplia sonrisa. “¡Esto es un verdadero milagro!”.

En Las Vegas, José Venturi miraba el martes por la noche la TV con brazos cruzados, hundido en su sofá color naranja, como protegiéndose de las palabras que salían de la pantalla. A él no le gusta Trump; ciertamente no votó por él y, mientras el presidente hablaba de la construcción de energía y sus partidarios se levantaban y celebraban, él miraba impasible. Ninguna expresión; sin sonido alguno. Sólo resignación.

Trump le habló al país durante 60 minutos el martes por la noche, en un discurso con cerca de 5,000 palabras y una visión que pareció completamente diferente -inspiradora para algunos, espantosa para otros- según quién la escuchara.

Ningún discurso podía achicar el abismo de una nación tan profundamente dividida o cerrar las heridas después de una elección tan polémica; ni siquiera satisfacer levemente a toda la audiencia. Pero al verlo con miembros de bandos opuestos, escuchar a través de sus oídos y filtrar con sus perspectivas, el momento sólo subrayó la enorme grieta política del país y la falta de elementos comunes.

A Rossow, de 39 años, dueña de un pequeño negocio y madre de cinco hijos, hubo poco que no le gustara. Trump habló con audacia, remarcó ella, y con el tipo de claridad y propósito que la atrajo a él en primer lugar, durante su candidatura. La mujer se rió con ganas cuando el mandatario se refirió a que los miembros de la OTAN finalmente pagarán lo justo por su defensa militar, y gritó: “El dinero está en camino. ¡Muy bien!”. “Es un perfecto ejemplo de cómo el presidente toma una cuestión, y mediante su experiencia y audacia, la resuelve”, remarcó, pero -tal como después señalaron algunos verificadores de hechos-, los incrementos comenzaron antes de que Trump llegue al cargo. “Lo que más me entusiasma es eso. Ésa es la clase de persona que necesitamos aquí ahora mismo”.

Para Venturi, de 26 años, un empleado de cocina en un hotel en el Strip de Las Vegas, el discurso tristemente confirmó lo que ya sabía: el presidente siempre culpa a la gente. Su retórica -acerca de construir un muro en la frontera con los EE.UU. y responsabilizar por las pérdidas de empleos a los inmigrantes indocumentados- lo hace sentir aislado y no estadounidense, expresó, pese a que nació en La Mirada, en el sur de California.

“Trump dice que quiere que todo el mundo cumpla sus sueños y viva como quiera”, dijo Venturi, desde su pequeño departamento, iluminado por las luces de los casinos cercanos. “Creo que eso debería ser para todos los estadounidenses”.

Mucho más que 600 millas separan a Las Vegas de Meridian. Idaho es firmemente republicano, tiene una de las poblaciones minoritarias más pequeñas del país y un escaso movimiento obrero organizado. Trump ganó ese estado por casi 30 puntos porcentuales sobre Hillary Clinton; Idaho no apoyado a un demócrata para presidente desde Lyndon Johnson, en 1964.

Su vecina sureña, Nevada, refleja los cambios demográficos y políticos que modificaron la costa oeste, con una población latina importante y en auge, y una inclinación cada vez más demócrata. Clinton superó allí a Trump con el 48% del apoyo, para la tercera victoria presidencial consecutiva del partido en el estado. En el condado de Clark, donde vive Venturi y el gremio culinario es una fuerza potente, Clinton ganó por 10 puntos porcentuales. Venturi, un miembro leal del sindicato, votó por ella y, naturalmente, se decepcionó ante la derrota.

Durante una gran parte del discurso de Trump, Venturi se sentó en silencio, con el rostro impávido. Su gato, Manson (en homenaje a Marilyn), se paseaba por el pasillo del departamento de dos habitaciones, y cinco peces dorados nadaban ida y vuelta en un gran tanque dentro de la sala, débilmente iluminada, evocando una cierta elegancia rústica de los años 1960.

Entonces, Trump comenzó a criticar la Ley de Cuidados de Salud Asequibles, a la cual llamó un desastre. Después, señaló a una mujer de 20 años en la galería, cuyo padre desarrolló una droga para salvar su vida de una rara enfermedad. “Una joven increíble está aquí con nosotros esta noche, quien debería ser una inspiración para todos”, señaló el mandatario.

Venturi se inclinó hacia adelante. Sus ojos se estrecharon. El momento lo hizo pensar en su hermana, Samantha, quien murió a los 16 años de una extraña enfermedad cerebral. El hombre lleva un tatuaje en el torso, en homenaje a ella.

Su familia no podía pagar las visitas al médico o la medicina necesaria para mantener viva a Samantha. Oklahoma, donde vivían en ese momento, rechazó los fondos federales disponibles mediante Obamacare. “Sus entrañas estaban pudriéndose”, afirmó Venturi, con voz suave y reflexiva. “Fue horrible. Ella sufrió tanto al final”.

Sin un plan de reemplazo evidente para aquellos que necesitan seguro médico, a Venturi le preocupa que Trump deje sola a la gente como su hermana, aunque intenta mantener el optimismo. “Realmente espero que ayude a las personas”, afirmó.

Para Rossow, la perspectiva de terminar con Obamacare es una bendición. “Oh, hermano”, exclamó mientras Trump atacaba la ley y los republicanos en la Cámara se pusieron de pie, para apoyarlo.

 “No tienen ni idea de lo horrible que ha sido”. La factura del seguro médico de su familia escaló un 15% el año pasado, con la perspectiva de más aumentos por venir. Algunos de sus conocidos luchan por mantener su cobertura médica, o se enfrentan a costos enormes. No es que le falte empatía, afirma; una de las cosas que le gustan de Trump es que prometió arreglar, no sólo revocar, la Ley de Cuidados de Salud Asequibles, lo cual sugiere para ella lograr tanto sentido común como compasión. Rossow está segura de que tiene que haber una opción mejor.

A diferencia de otros que se acercaron al presidente a través de un proceso de eliminación de candidatos a regañadientes, ella respaldó al exmagnate de Manhattan desde el inicio de su candidatura. Rossow, quien lleva adelante una empresa de concursos de belleza, apreció la experiencia corporativa de Trump y le gustó su estatus de ‘forastero’ en Washington, impenetrable para los grupos de intereses atrincherados allí. Lejos de generarle alarma, cuanto más sus oponentes y los medios lo atacaban, mejor lucía Trump para ella. “Cuando la gente lo llamaba racista y fanático, a mí no me importaba”, afirmó, “Digo lo que creo basado en mis principios”, dijo Rossow con admiración. “Él era el único con valor para enfrentar los medios de comunicación y la corrupción de Washington”.

Esa misma audacia es lo que ella escuchó este martes por la noche, durante el discurso, además de mucho sentido común. Tiene sentido poner fin a los acuerdos comerciales que perjudican a los trabajadores estadounidenses, apuntó. Tiene sentido proteger las fronteras y mantener alejados a los inmigrantes que quieren dañar a los EE.UU. “¿No a todos los musulmanes?”, se preguntó su hija, Anna, de 16 años de edad. “No”, respondió Rossow.

Si había una preocupación para esta familia, ésa fue la falta de entusiasmo evidente entre los demócratas en el Congreso. “No se ponen de pie”, dijo Anna, durante una de las muchas oportunidades en que los republicanos sí lo hicieron, mientras la oposición permanecía sentada en el habitual cuadro de protesta partidaria. “Ni siquiera aplauden”, agregó su madre. “Me sorprende mucho que no haya más unidad. Realmente espero que vean todo lo bueno que Trump está haciendo”.

Pero esa fue apenas una pequeña decepción. La gran sonrisa y el entusiasmo llenaban la sala familiar, con sus libros, juguetes y animales de felpa. Incluso después de una hora de discurso, Rossow parecía ansiosa por más del nuevo presidente; su presidente.

Venturi, en cambio, estaba liquidado. Tan pronto como el discurso finalizó, la transmisión de YouTube se desvaneció y dejó lugar a una pantalla azul. El turno de la noche lo esperaba; debía prepararse para el trabajo.

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Traducción: Valeria Agis

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