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Después del incendio en Oakland, vecinos temen ‘una caza de brujas’ y desalojos masivos

En el Área de la Bahía temen ‘una caza de brujas’ y desalojos masivos de espacios de vivienda

Mientras la unida comunidad artística de Oakland sigue lidiando con las decenas de muertes ocurridas en el incendio del almacén Ghost Ship, también se ve agitada en estos días por una intensa investigación acerca de la seguridad de los espacios de vivienda de similares características.

Muchos artistas del Área de la Bahía viven en almacenes y otros espacios no convencionales, a menudo en los límites de las leyes de zonificación, mientras que quienes cobran la renta hacen la vista gorda. Pero desde que el fuego llamó la atención acerca de estos hogares, algunos residentes se enfrentan al desalojo y expresan su preocupación por esta nueva y agresiva aplicación de la ley, que muchos llaman una “cacería de brujas”.

Angela Scrivani señaló que el encargado de su vivienda le dio el miércoles pasado menos de un mes para mudarse del almacén West Oakland, donde vivió por casi diez años. El espacio no está marcado como apto para residencias, afirmó la mujer, y su propietario ya no quiere que nadie más viva allí. “Hemos estado en las sombras durante mucho tiempo por alguna razón… y funcionó muy bien para mucha gente, durante mucho tiempo, hasta este incidente”, expresó Scrivani, una fotógrafa que también produce espectáculos de arte. “En este momento, el foco está puesto en nosotros”.

Desde el incendio, la tensión entre los propietarios, la ciudad y las personas que viven en estos espacios ha comenzado a agitarse. El miércoles, Dorothy King invitó a los equipos de noticias de TV a su restaurante cerca de la costa de Oakland para una conferencia de prensa. King afirmó que un almacén vecino es una amenaza de incendio, aunque no se han presentado quejas contra el edificio, según los registros de la ciudad.

King reconoció que no había estado en el sitio en cinco años, y que tampoco había hablado con los inquilinos que viven o trabajan allí, lo cual desató un griterío con un grupo de artistas quienes afirmaron sentirse aturdidos por las acusaciones públicas.

B.G. Anaraki, un artista cercano a alguna de las víctimas del incendio en Ghost Ship, señaló que King estaba “capitalizando una tragedia para llamar la atención de los medios” en lugar de hablar con los inquilinos personalmente. En tanto, la hija de King, Nina Moore, respondió: “Prefiero ser una soplona y salvar vidas, que estar callado como un ratón”.

Sam Lefebvre, un periodista especializado en música que cubrió el incendio para el periódico semanal East Bay Express y que perdió amigos en el siniestro, contuvo sus lágrimas mientras defendía el almacén señalado por King. Lefebvre, quien es inquilino en el edificio, señaló que éste cuenta con dos salidas y una vía de incendios.

En una entrevista realizada al día siguiente, Lefebvre mencionó que los residentes del almacén, que es también un estudio de grabación, han hablado en privado con King y comenzaron a resolver sus problemas. Sin embargo, aclaró, hay un miedo generalizado entre los artistas, que temen ser expulsados de sus hogares.

La ansiedad se extiende más allá de lo que el gobierno o los propietarios podrían hacer: una publicación en línea alentó a la gente a reportar los espacios ilegales. En tanto, los artistas han comenzado a limpiar internet de información que mencione la localización de sus estudios.

Lefebvre señaló que los almacenes “son importantes para las personas que habitan cuerpos diferentes, o son homosexuales, o para quienes de alguna manera son una afrenta a la sociedad dominante. Todos ellos pueden congregarse allí, y hacerlo en un espacio seguro”.

Sólo tres días después del incendio, Hunter Savoy Jaffe, quien dijo ser amiga de al menos tres víctimas del Ghost Ship, advirtió a la comunidad de artistas que lucharan para defenderse. “Este mundo no fue construido para nosotros”, afirmó en una vigilia por los fallecidos. “Denunciarán la forma en que vivimos y deshumanizarán nuestro paso; cerrarán nuestros espacios”.

Las emociones brotaron el pasado jueves por la noche en una iglesia cercana al almacén, ahora conocido como 1919 Market, que se convirtió en una causa célebre de la comunidad artística de Oakland. La ciudad vetó el edificio en enero pasado alegando graves peligros para la seguridad, y le concedió a sus residentes 72 horas para abandonar el lugar.

Danny Haber, desarrollador de San Francisco y quien controla la propiedad, se reunió en la iglesia con exresidentes para discutir sus planes para el lugar. Haber les mostró dibujos arquitectónicos de un sitio limpio, bien iluminado y seguro que busca construir “para recrear la intención” del espacio anterior, pero fue criticado y considerado un “intruso”. Cuando Haber intentó señalar que el antiguo 1919 Market era un peligro de incendio, la audiencia le gritó: ¡No te atrevas! No menosprecies las vidas que se perdieron esta semana para usarlas a tu favor”.

En tanto, en la vecina Richmond, el alcalde Tom Butt afirmó la semana pasada que los funcionarios de la ciudad inspeccionarán lo que llamó ‘una sala de conciertos sin licencia en un almacén’, y que podrían pedir órdenes judiciales para ingresar si el dueño no se los permite.

Al otro lado del país, en Baltimore, las autoridades expulsaron a los residentes de Bell Foundry, un almacén convertido, por posibles violaciones de seguridad. El alcalde mencionó que no quería repetir el incendio del Ghost Ship.

Los almacenes no siempre son sitios ideales para vivir, pero ofrecen una alternativa económica a los caros apartamentos de la creciente Área de la Bahía, sostienen los residentes, y son a menudo un lugar donde las minorías y personas que se sienten fuera de la sociedad pueden hallar un sentido de pertenencia.

“Nos cuidamos uno al otro en nuestros espacios inseguros, que pueden sentirse muchos más seguros que los suyos”, escribió la cantautora Kimya Dawson en una publicación en Facebook que fue ampliamente compartida. “No intentamos ponernos en peligro; intentamos salvarnos la vida”.

La alcaldesa de Oakland, Libby Schaaf, remarcó la semana pasada que creará un grupo de trabajo para mejorar el cumplimiento de las normas de construcción y aumentar las inspecciones contra incendios, requisitos de alarmas de humo, permisos para eventos y monitoreo de eventos ilegales. “Necesitamos hacer todo esto y, a la vez, proteger a nuestros artistas y trabajadores creativos de esta gran ciudad, asegurando que ellos y todos los residentes tengan espacios de trabajo y vivienda asequibles”, le dijo a los reporteros.

John Burris, un prominente abogado de derechos civiles de Oakland que negoció un acuerdo para poner al Departamento de Policía de Oakland bajo supervisión federal en 2003, afirmó que se reunió el jueves último con media docena de personas que viven en almacenes, entre ellos algunas que dijeron haber sido amenazadas de desalojo desde el incendio. “Hablamos de desarrollar algún tipo de relación con la ciudad, para asegurar que sus lugares sean seguros sin sacarlos de la comunidad”, afirmó.

Kelley Keogh, auditora de salud ambiental y seguridad de Santa Rosa, ofreció desde el incendio consultas gratuitas de seguridad a personas que habitan espacios de esta clase. Hasta el momento, detalló, recibió 20 llamadas pero no encontró mucho que cambiar. La mayoría de los residentes ya han tomado precauciones para vivir de forma segura, aunque no sea legal, afirmó. “Los sitios que he visto hasta ahora son hermosos, son seguros”, dijo. “El incendio de Oakland fue una combinación de mala planificación y gente que no prestaba atención. La gente con quien he estado hablando no es así”.

La cautela extra es evidente también en San Francisco, donde el encargado del edificio donde reside Nathan Holguín convocó a una reunión para discutir la seguridad contra incendios en el almacén donde vive hace tres años. El edificio está dividido para estudios de arte, pero la gente ha vivido allí por los últimos diez años, señaló. Actualmente 19 personas residen en el sitio.

Holguín, técnico y actor de circo y teatro, definió su situación de vivienda como perfecta, porque tiene una pista de baile donde puede practicar sin la necesidad de rentar otro espacio. No obstante, agregó, esos espacios son cada vez más difíciles de encontrar, y “no hay mucha gente llorando por los artistas que se han ido de San Francisco”.

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Traducción: Valeria Agis

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