El muro fronterizo de Trump puede ser polémico, pero hay empresas que quieren construirlo

El muro fronterizo de Trump puede ser polémico, pero hay empresas que quieren construirlo

México ha dicho que no pagará por él. Las encuestas muestran que el público estadounidense no tiene tanto apetito por su construcción. Sin embargo, la administración del presidente Trump avanza con sus planes de levantar un muro a lo largo de la frontera (2,000 millas) con dicho país, un proyecto que podría costar a los contribuyentes de los EE.UU. entre $15,000 millones y $40,000 millones (o entre 101 y 270 veces el presupuesto anual para la Fundación Nacional de las Artes).

Pese a que los fondos no se han identificado -y mucho menos autorizado- todavía, el proyecto ha entrado en fase de diseño y prototipo. El viernes pasado, el Departamento de Seguridad Nacional publicó un aviso de presolicitación en el sitio de Oportunidades de Negocios Federales, para “el diseño y construcción de varios prototipos de estructuras de pared en las cercanías de la frontera de los EE.UU. con México”.

El aviso dice que el departamento espera realizar el pedido formal online el lunes, y los documentos de concepto deberán presentarse cuatro días después. El plan es solicitar propuestas con estimaciones de costos para fin de mes.

Es una velocidad vertiginosa, especialmente para los estándares de gobierno: cuatro días para diseñar un prototipo que podría servir como modelo a uno de los mayores proyectos de infraestructura gubernamental de la historia. Aun así, en los primeros días en que el aviso fue publicado, más de 300 potenciales proveedores de todo el país se registraron.

La especialista en diseño Kriston Capps, de Citylab, analizó esta lista, que incluye a contratistas de defensa, firmas de arquitectura y pequeñas compañías de construcción.

Hasta este jueves por la mañana, el resumen incluía a unas 50 entidades de California. Entre ellas está Halbert Construction, de El Cajón, cerca de San Diego, que posee experiencia en trabajos con el gobierno federal y algunos proyectos específicos en la frontera. La compañía trabajó en el puente peatonal que conecta San Ysidro con Tijuana y construyó una pequeña franja alrededor de la estación fronteriza.

Es demasiado pronto para saber qué forma puede tomar el muro, porque el gobierno aún no ha emitido especificaciones formales para el prototipo, sostuvo Jimmy Benavente, coordinador de proyecto en Halbert. Pero “si va a suceder, nos gustaría un trozo de ello”, dijo. “Intentamos no mezclar nuestras creencias políticas con el tema”.

La construcción del muro fronterizo no es un proyecto de infraestructura ordinario. Por un lado, su escala es enorme. Trump desea “una pared contigua y física” a lo largo de las 2,000 millas que lindan con México, lo cual significa una cantidad colosal de acero y hormigón (además de empleos).

Pero el plan enfrenta innumerables desafíos. Hay un tratado de 47 años de antigüedad con México que dicta que ninguna estructura puede interferir con el flujo de canales transfronterizos, como el Río Grande. También hay preocupaciones ambientales. Una estructura contigua podría impactar potencialmente en más de 111 especies en peligro de extinción, así como en varios refugios de vida silvestre y humedales protegidos.

Además, hay muchos factores políticos. El muro fronterizo sigue siendo controvertido. Al menos seis de cada 10 votantes estadounidenses se oponen a su construcción, según una encuesta publicada por la Universidad de Quinnipiac, a finales de febrero.

El representante Will Hurd (R-Texas), cuyo distrito incluye 800 millas de frontera, se opuso a él. Todo ello sin mencionar el hecho de que la inmigración no autorizada a los EE.UU., ha disminuido en los últimos años.

Por otra parte, para algunos en la comunidad del diseño, el muro ha planteado todo tipo de dudas estéticas. El año pasado, el sitio de arquitectura ArchDaily generó protestas al anunciar una competencia llamada “¿Construyendo la Muralla Fronteriza?”.

Un arquitecto llamó a boicotear el website; otros se preguntaban si la competencia alentaba la xenofobia. Un largo artículo en el New Republic exploró si la competición había olvidado por completo las necesidades más apremiantes de la frontera, como la infraestructura municipal para los asentamientos informales conocidos como colonias.

En su análisis, Capps escribe que “cualquier empresa ( o empresas) seleccionada para el trabajo enfrenta un riesgo severo de reputación. ‘No a la prohibición, no al muro’ ha surgido como un grito de guerra para las comunidades musulmanas y latinas -y sus aliados- en manifestaciones de todo el país”, agregó. “La firma que gane la propuesta final también podría ganar una exposición indeseable por parte de los activistas”.

Dada la naturaleza tensa del emprendimiento, genera curiosidad saber por qué las compañías se interesan en el contrato, y cómo podría lucir una nueva pared allí. (La idea de levantar un muro no es nueva. Ya existen más de 650 millas de barreras fronterizas, que han costado a los contribuyentes cerca de $2,300 millones -o cerca de $3.5 millones por milla).

Algunas firmas fueron reacias a hablar. Un gerente de proyecto de una pequeña compañía de construcción con sede en Alta Loma afirmó: “No estoy seguro de que sea algo en lo que realmente queramos participar”.

Otros estaban intrigados por la cuestión de la economía.

Kevin Rouhani, de Meridian Precast Inc., una empresa con sede en Westwood que produce paredes prefabricadas y paneles de hormigón -y que ha trabajado en infraestructura gubernamental, como las estaciones BART en el área de la bahía- también dijo que era demasiado pronto para saber cómo luciría un muro.

“No se ha hecho nada parecido”, sostuvo. Sin embargo, la magnitud del proyecto le llamó la atención cuando se publicó el aviso. “Es un gran proyecto, mucho dinero. Queremos un trozo de ese pastel”. También él intenta “mirar más allá” de la política del muro: “Si es algo que se hará, se hará y yo no puedo cambiarlo”, aseguró.

Benavente, de Halbert Construction, remarcó: “Ha sido un tema desde que comenzó la campaña, y en nuestra oficina, dejando de lado las creencias políticas, nos gusta mantener las puertas abiertas”. Si bien es demasiado pronto para hablar de estética, también apuntó que “nada será infalible”. “A menos que se construya una pared de 200 pies de altura y otros 100 bajo tierra”, explicó, “hay gente que hará túneles por debajo o creará estructuras móviles para lanzar por encima”.

Uno de los proveedores más inusuales que aparecen en la lista fue un pequeño estudio de diseño bicostal llamado JuneJuly, fundado por los arquitectos Jake Matatyaou, con sede en Los Ángeles, y Kyle Hovenkotter, en Nueva York.

Matatyaou es docente de SCI-Arc, o Southern California Institute of Architecture, ubicado en el centro de L.A. Hovenkotter enseña en la Universidad de Columbia y en Pratt Institute, entre otras instituciones. Para ambos, el muro es un área de interés hace tiempo. “Nos interesan las conversaciones sobre las ciudades del futuro, especialmente con respecto a las fronteras”, afirmó Hovenkotter. “Queremos abordar este proyecto con la mayor honestidad posible”.

En el pasado, la dupla ha trabajado en un proyecto conceptual llamado “Aproximación a las fronteras”, que intenta subvertir la infraestructura limítrofe para que se convierta en un punto de vinculación más que de separación. Por ejemplo, mediante la colocación de canales de video bidireccional en puntos a lo largo de la pared, para que la gente de la frontera pueda conectarse visualmente con personas de otras ciudades, como Washington, Nueva York y Ciudad de México -una manera de usar las herramientas de vigilancia para conectarse-.

“Si comenzamos por el hecho de que estamos construyendo una frontera dura, algo físico y material, nos preguntamos: ‘¿Qué cosa podría ser estética y con pensamiento humanitario?’, relató Matatyaou. ‘¿Puede tener una interfaz más humana, en lugar de ser sólo algo técnico y táctico, y que se trata de demarcación y territorialización?’”.

Cuando se les pregunta si les preocupa la ética de trabajar en una pieza de infraestructura tan polémica, Hovenkotter responde: “Honestamente, tomo una posición postnacional. Creo que la nación y el estado son construcciones anticuadas. Creo que generan más problemas que soluciones. Pero también entiendo que hay un sistema en el cual jugar, y yo quiero jugar y hacer lo mejor que puedo con él”.

Matatyaou concuerda: “Queremos ver una respuesta; tratar de desarrollar algo que no sea un muro”, afirmó. “¿Podríamos llegar a algo más humano, más estético?”.

Tienen cuatro días para resolverlo.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis

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