El EI tiene menos de mil combatientes en Afganistán; ¿por qué Trump lanzó allí ‘la madre de todas las bombas’?

¿Por qué Trump lanzó allí ‘la madre de todas las bombas’?

El pasado jueves por la noche, el ejército estadounidense arrojó una bomba de 20,000 libras -una de las armas nucleares más grandes de su arsenal- sobre un complejo de túneles que, según el Pentágono, fue utilizado por combatientes del Estado Islámico en el este de Afganistán.

Se trató de una dramática escalada de las operaciones estadounidenses contra la filial del grupo militante en el sur de Asia, que ocurrió cuatro días después de que un soldado de las fuerzas especiales estadounidenses muriera junto a fuerzas afganas que luchaban contra combatientes del Estado Islámico en el mismo distrito.

Funcionarios afganos señalaron que varios militantes murieron, pero no hubo información inmediata acerca de las bajas civiles mientras las fuerzas estadounidenses y afganas continuaban sus operaciones en la zona montañosa, el pasado viernes.

Durante su candidatura, el presidente Trump prometió “bombardear la totalidad de Estado Islámico”. Pero el uso de la bomba Massive Ordnance Air Blast -conocida para el Pentágono como MOAB, o ‘la madre de todas las bombas’- fue sorpresiva porque el grupo no es considerado una gran amenaza internacional.

A continuación, un manual básico acerca de la presencia de Estado Islámico en Afganistán y lo que este bombardeo podría significar para un conflicto que ya va por su decimosexto año:

¿Quiénes son los socios de Estado Islámico en el sur de Asia?

Estado Islámico en la provincia de Khorasan, tal como ellos se autodenominan, está formado en su mayoría por comandantes militantes del vecino Pakistán y miembros descontentos del Talibán, el principal grupo insurgente de Afganistán. Khorasan es un nombre histórico de una región que incluye partes de los actuales Afganistán y Pakistán.

Lejos de su base en Irak y Siria, Estado Islámico anunció su presencia en Afganistán a principios de 2015, pero no ha podido expandirse más allá de algunos distritos en la provincia oriental de Nangarhar, a lo largo de un tramo rugoso y poroso de la frontera paquistaní.

Los militantes han demostrado ser poco populares con los aldeanos afganos, que resienten sus tentativas de prohibir los cultivos de adormidera y que han sido castigados tanto por los talibanes como por los ataques aéreos de la coalición liderada por los EE.UU. Una embestida con drones estadounidenses mató al exlíder del grupo, Hafiz Saeed Khan, en Nangarhar, en julio del año pasado. Para los analistas, el grupo se sostiene gracias a la extorsión, el secuestro y los fondos del liderazgo central de Estado Islámico.

¿Qué tan grave es la amenaza que plantea Estado Islámico en Khorasan a los intereses de los EE.UU. y Afganistán?

De un estimado de entre 1,000 a 3,000 combatientes hace un año, el Pentágono cree que las fuerzas de Estado Islámico en Afganistán se han reducido a entre 600 y 800, concentradas en tres distritos fronterizos de Nangarhar.

El Talibán es, por lejos, el grupo insurgente más grande y poderoso de Afganistán. Pero los funcionarios estadounidenses temen que la presencia de Estado Islámico atraiga a militantes extranjeros de países asiáticos y árabes, complicando así los esfuerzos para poner fin a las hostilidades y forjar un acuerdo de paz entre los talibanes y el gobierno afgano.

Estado Islámico, por su parte, ha mostrado su disposición a infligir fuertes bajas civiles. El año pasado, el grupo musulmán sunita se atribuyó la responsabilidad por el bombardeo de una manifestación de chiítas minoritarios en Kabul, que mató a más de 80 personas e hirió a cientos.

También se responsabilizó por otros ataques mortales en Afganistán y Paquistán, incluso contra un hospital militar en Kabul el mes pasado, aunque algunos expertos creen que el grupo exagera sus hazañas.

¿El bombardeo representa una intensificación de la guerra de los EE.UU. en Afganistán?

Es difícil de precisar. Trump apenas ha hablado públicamente sobre Afganistán -ni siquiera ha nombrado allí a un embajador-, a pesar de tener 8,400 miembros en las tropas estadounidenses desplegadas en la zona, realizando entrenamientos y operaciones antiterroristas.

Pero está claro que el ritmo de las operaciones aéreas de los EE.UU. se ha acelerado desde que el primer mandatario asumió el poder. Los aviones de guerra del país dispararon 403 armas en Afganistán entre febrero y marzo pasados, según estadísticas de la Fuerza Aérea, la mayor cantidad en un bimestre desde 2014.

Funcionarios del Pentágono han remarcado que quieren enviar más tropas para ayudar a las fuerzas afganas, pero el mayor desafío de los afganos siguen siendo los talibanes, que están causando grandes bajas entre soldados y civiles y controlan en territorio donde vive más de un tercio de la población.

Si los analistas afirman que la amenaza talibán es superior, ¿por qué dirigir una bomba tan poderosa a un grupo militante más reducido?

“Una de las preguntas es: ¿Por qué un nivel tan desproporcionado de respuesta?”, señaló Timor Sharan, analista de Afganistán en el International Crisis Group. “[Estado Islámico] puede haber matado a uno o dos soldados estadounidenses, pero los talibanes han matado a miles de ellos en los últimos 15 años”.

¿Cómo afectará esto las relaciones de los EE.UU. con Afganistán?

La reacción al bombardeo fue ambivalente. El gobierno afgano, que temía que la lenta retirada por parte del gobierno de Obama de las tropas en su país dejara el sitio vulnerable a los talibanes, ha presionado a Trump para aumentar la participación estadounidense.

El viernes, el presidente ejecutivo afgano, Abdullah Abdullah, afirmó en una serie de tuits que el bombardeo estadounidense se había llevado a cabo “en coordinación con el gobierno [de Afganistán]” y que había mostrado “nuestra resolución común de eliminar [a Estado Islámico] y el terror de nuestro país”.

Pero Omar Zakhilwal, embajador afgano en Pakistán, lo calificó de “reprensible”, y muchos afganos temen que “la madre de todas las bombas” pueda servir como herramienta de reclutamiento para Estado Islámico.

¿Podría Trump haber pretendido que la bomba actúe como advertencia a otros rivales?

A lo largo de su historia, Afganistán ha visto cómo su territorio sin salida al mar fue usado como peón por las potencias más fuertes, desde el “Gran Juego” del siglo XIX entre Gran Bretaña y Rusia, hasta la Guerra Fría, cuando los EE.UU. apoyaron a los rebeldes afganos contra la ocupación soviética. Muchos temen que el bombardeo sea el último ejemplo de una explotación de Afganistán como parte de un plan geopolítico más amplio.

Funcionarios de los EE.UU. y de Afganistán están preocupados por informes acerca del fortalecimiento de lazos entre Rusia y los talibanes, en su búsqueda de impedir que Estado Islámico llegue a Asia Central. El bombardeo podría entenderse también como una forma de demostrar que las fuerzas de la coalición están en una ofensiva contra Estado Islámico, contrarrestando la influencia rusa.

Trump ya ha mostrado una mayor predisposición que Obama para usar el poderío militar estadounidense al lanzar ataques con misiles contra Siria la semana pasada, en represalia por el presunto ataque químico del presidente

Bashar Assad contra civiles, y crece el temor de que el presidente de los EE.UU. pueda atacar Corea del Norte si prueba un arma nuclear.

Sharan afirmó que el bombardeo del jueves “suena más a un mensaje contra rivales internacionales, entre ellos Rusia y hasta Corea del Norte, que un intento serio del gobierno de Trump de involucrarse más profundamente en tierra afgana”.

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Traducción: Valeria Agis

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