Con el lanzamiento de X Artists' Books, Keanu Reeves se embarca en la edición de libros de artistas

“¿Qué son los libros para ti?”, decía una diapositiva proyectada en el lanzamiento de X Artists’ Books, mientras tres de sus fundadores -Alexandra Grant, Jessica Fleischmann y, sí, ése Keanu Reeves- tomaban el escenario en NeueHouse Hollywood la semana pasada para discutir su nueva editorial independiente, que publica libros de artistas no convencionales, interdisciplinarios y colaborativos.

En este espacio de trabajo privado para creativos no hay un sillón de color cappuccino para compartir en la sala de proyección; el pequeño grupo se acomodó en sillas ubicadas sobre los pasillos, algunos ya con “High Winds” y “The Artist’s Prison”, los dos primeros títulos de X Artists', en sus manos.

Arriba, preparándose para el evento, Grant, una artista visual, conversó acerca de cómo sus diferencias creativas alimentan la editorial. “Tu trabajo es leer un guión y descubrir cómo encarnarlo”, le dijo a Reeves. “El mío es dar forma a un texto en una pintura, y el tuyo -continuó, dirigiéndose a Fleishchmann- es ponerlo en un libro”.

“Creo que de eso se trata X Artists’ Books”, agregó el actor. “Es gente que se une, con todo su talento y creatividad”.

Sentados alrededor de una mesa, los editores lucían emocionados -casi incrédulos- de que el lanzamiento por fin hubiera llegado. “Todo ese talento, pasión, alegría por los libros y el arte, luego vuelve al lector”, prosiguió Reeves.

Grant acordó. “Pondremos un libro en el mundo y alguien lo tomará como un punto de partida”, expuso. “Todos hemos tenido esos momentos en los cuales una biblioteca nos ha salvado la vida… Me encanta imaginar ese encuentro con nuestros trabajos”. Los libros de artistas, explicó, son polivalentes, tienen múltiples puntos de acceso. “Distintas personas llegarán a ellos a través de diferentes puertas”, atraídos por la poesía, las imágenes, o el diseño. Fleischmann, quien es diseñadora, analizó el atractivo del género: “Las ideas pueden presentarse en un contexto y una forma que no son necesariamente los esperados”.

 

Grant, quien trabaja con escritores y con textos como fuentes para sus pinturas, fotografías y escultura, conoció a Reeves hace unos años a través de un amigo en común para quien, al comienzo de su relación, organizaron una fiesta de cumpleaños en conjunto, cocinando filetes (“Trabajamos juntos desde el principio”,  dice ella). La artista realizó dos libros con Reeves, “Ode to Happiness” y “Shadows”, publicados por Steidl. También conocía socialmente a la diseñadora Fleischmann, de Still Room, antes de colaborar con ella en otro libro, “Interior Forest”.

Si el espíritu de X Artists’ Books es la creatividad, el diálogo y la colaboración, su génesis comenzó cuando Grant finalizó “The Artist’s Prison” (en una inversión de sus roles tradicionales: Grant, artista visual, escribió el texto, mientras que Eve Wood, una poeta, se ocupó de las imágenes). Alguien de Hollywood mostró interés en comprar los derechos; sobre el escenario, Fleischmann recordó que Grant le dijo: “Si creen que estos derechos son valiosos, entonces lo haré yo misma”.

“Fue maravilloso poder soñar el libro y luego su impresión en torno a una necesidad real que yo tenía”. Como finalmente resultó, “Jessica también tenía un proyecto secreto para un libro, y luego [Keanu] tenía otro proyecto”, relató Grant. “Para mí es realmente emocionante pensar cuántas otras personas creativas tienen ideas secretas para libros”.

Fleischmann ya había trabajado con Sylvan Oswald en “High Winds” por tres años. Reeves aportó el próximo “(Zus)”, de Benoit Fougeirol.

Los libros de artistas son obras de arte que utilizan el libro como medio. “Une Semaine de Bonté”, del surrealista Max Ernst, en donde intervino ilustraciones victorianas, y “Twentysix Gasoline Stations” (Veintiséis gasolineras), de Ed Ruscha, que es exactamente lo que su título describe, son libros de artistas. Una característica que distingue estos volúmenes, apuntó Fleischmann, es que “están completamente hechos por artistas”.

A diferencia de, por ejemplo, los libros para niños, resaltó Reeves, cuyas ilustraciones están a menudo directamente ligadas a la narrativa, los libros de artistas, que pueden no son narrativos en absoluto, están “más desarrollados”; sus textos e imágenes “no son una experiencia individual” sino un “punto de partida”.

“En cierto modo, uno hace una proposición con un libro de artista”, señaló Grant, “la cual es: podría sorprenderte, podría deleitarte, podría confundirte”. Eso se aplica para los colaboradores y los lectores.

Reeves citó un capítulo del libro llamado “Prisoner: 38” como ejemplo (el texto alude a un suicidio por envenenamiento; el dibujo contiene una pistola). “Realmente ayuda a mejorar la experiencia de leer, mirar y ver”, expuso.

 

Fleischmann añadió que los libros de X Artists’ Books comparten un “valor emocional”. Grant agregó: “Hay un fuerte sentido de interés político y social que atraviesa cada uno de estos volúmenes”. Reeves, en cambio, lo dice de forma más sencilla: “No son historias para leer antes de dormir; pueden ser hermosas, pero son complicadas”.

Los primeros dos títulos de X Artists’ Books cuestan $35 dólares cada uno y alcanzaron una tirada de 1,300 y 1,500 ejemplares, un número, detalla Grant, que “realmente permite que el precio sea más razonable y la calidad más alta”, lo cual asegura que los productos de la editorial estén democráticamente disponibles y que los artistas conserven los derechos de autor de su trabajo. La edición de alta calidad es una prioridad para un producto táctil, indicó Fleischmann. “Hacemos objetos físicos; el olor, la tinta en el papel”.

Misteriosamente, Fleischmann definió “High Winds”, su colaboración con Oswald, como “un libro para leer antes de dormir”. Luego explicó: “En parte, se trata de su transición de mujer a hombre, y la testosterona, los efectos que ésta tenía… Él escribió todo esto cuando no podía dormir”. Apoyó una palma en su mejilla y prosiguió: “Por su tamaño y forma [del libro], uno podría ponerlo aquí. Más aún, es tan flexible que uno puede estar en la cama con él”.

“High Winds” es un texto colaborativo que continuará en otro intercambio. “Él acaba de ganar una subvención para convertirlo en una actuación”, destacó Grant. “¿Y por qué no? Nos estamos dando permiso”, explicó, para crear ampliamente, con la mente abierta. “Esperamos que el lector reciba ese permiso también”.

 

Permiso recibido. En la fiesta después de la inauguración, realizada en el bar de la azotea de NeueHouse, observé la puesta de sol sobre Sunset Boulevard, con las palmeras y la pendiente brillando, antes de escabullirme para disfrutar de “High Winds”. Altamente gráfico, sus páginas están saturadas de color, y aunque no es explícito, comprendí que estaba mirando una representación de lo que acababa de ver: una mezcla de luz suave rosada y azul, en un libro que -tal como el autor había contado a la audiencia momentos antes- había escrito después de mudarse a L.A. Era una muestra de eso que los libros de artista pueden lograr: expandir y elevar su forma y contenido.

“¿Por qué lo hacemos y para qué?”, había preguntado Reeves antes. “Por el placer de leer y pensar e imaginar, y para emprender una aventura”.

 

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Traducción: Valeria Agis

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