Tecnología prueba que maestros de preescolar tienen ciertos prejuicios contra estudiantes afroamericanos

Tecnología prueba que maestros de preescolar tienen ciertos prejuicios contra estudiantes afroamericanos

Para los niños afroamericanos, la presunción de culpa comienza antes de haber entrado en un aula de jardín de infantes, según demostró una nueva investigación.

En un estudio presentado en una reunión de funcionarios de políticas en educación, los investigadores descubrieron que  los educadores de preescolar a quienes se les advirtió que podían tener problemas en su aula, pusieron sus ojos especialmente en los estudiantes afroamericanos -varones, esencialmente- y luego se enfocaron en los niños blancos.

Cuando se les preguntó cuál de los cuatro niños grabados en vídeo -un niño y una niña de color, y otra pareja de niño y niña de raza blanca- requerían más de su atención, los docentes (tanto afroamericanos como blancos) señalaron con mayor frecuencia al niño de color. En un distante segundo lugar se ubicó el varón blanco del estudio, y las dos niñas requirieron el menor escrutinio por parte de los maestros.

Pero cuando se les pidió en un nuevo estudio que calificaran la gravedad de la conducta disruptiva de los niños e hicieran recomendaciones de consecuencias para ellos, la raza jugó un papel más inesperado: los educadores de preescolar afroamericanos juzgaron con mayor dureza el mal comportamiento atribuido a un niño negro que los educadores blancos. Y se inclinaban más a recomendar la suspensión o expulsión del niño del salón de clase.

La nueva investigación, llevada a cabo por el psicólogo Walter S. Gilliam y sus colegas en el Centro de Estudios Infantiles de la Universidad de Yale, se dispuso a explorar los prejuicios -muchos de los cuales operan de manera inconsciente- que pueden crear un patrón preocupante en primaria y secundaria en los maestros de todo el país: que los estudiantes afroamericanos son suspendidos o expulsados más del doble de veces que los niños de cualquier otro origen étnico.

En el nivel de preescolar, Gilliam halló un patrón aún más oscuro que en 2005. En aulas de preescolar financiadas por el estado, los niños de 3 y 4 años de edad fueron expulsados de la escuela tres veces más que los estudiantes mayores. Y los niños afroamericanos -mayormente varones- tuvieron aproximadamente el doble de probabilidades de ser expulsados que los niños latinos y los blancos.

Este "fenómeno de expulsión" de la escuela para infantes causa más que una ‘incomodidad’ para los padres y un castigo para los niños traviesos: muchos investigadores sospechan que se configura desde muy temprano al niño para el fracaso escolar al erosionar su interacción con los profesores y sus compañeros de clase y al enviar el mensaje de que el alumno no puede ser rescatado.

En una conferencia anual de profesionales de la educación y atención temprana, los autores del nuevo estudio reclutaron a 132 educadores de preescolar (67% blancos, 22% negros y 68% de ellos docentes de aula). En primer lugar, los investigadores les dijeron que buscaban entender cómo los profesores detectan los primeros signos de comportamiento problemático. Luego, utilizaron la tecnología de seguimiento ocular (eye-tracking) para medir la cantidad de tiempo que ellos ponían su atención en cada uno de cuatro niños a quienes se veía jugando y trabajando juntos en un video: un niño blanco, uno afroamericano, una niña blanca y otra niña afroamericana.

Como grupo, los docentes pasaron más tiempo observando la actividad en video de un estudiante varón afroamericano que cualquiera de los otros. Y los maestros del mismo grupo estuvieron aún más vigilantes sobre los jovencitos afroamericanos; comparados con los participantes blancos del estudio, los docentes afroamericanos pasaron más tiempo observando a los chicos de su misma raza que a los otros niños.

En la segunda parte del estudio, los educadores leyeron historias que detallaban un patrón infantil de comportamiento extremadamente disruptivo. Los investigadores manipularon las suposiciones de los docentes sobre género y raza con diferentes nombres, tales como DeShawn o Latoya, para sugerir que se trataba de niños afroamericanos, y Jake y Emily para sugerir pequeños de raza blanca. En una escala de cinco puntos, los educadores clasificación la gravedad de la conducta y la probabilidad de recomendar una suspensión o expulsión del pequeño.

En esa instancia, Gilliam y su colega encontraron una tendencia sorprendente: los educadores afroamericanos fueron más severos en su juicio de la conducta disruptiva de un niño del mismo grupo. Los educadores blancos del estudio clasificaron la gravedad de la conducta del niño como muy baja cuando creyeron que el estudiante era afroamericano, y juzgaron más severamente cuando creían que el niño era blanco.

Este patrón, señaló Gilliam, sugiere dos hipótesis muy diferentes sobre el comportamiento y la raza del niño por parte de los educadores blancos y afroamericanos. Mientras que los docentes del mismo grupo mantuvieron su severo veredicto -quizás poco realista- las expectativas de los educadores blancos acerca del comportamiento de los preescolares negros, dijo, parecían ser mucho más bajas.

En la evaluación de mal comportamiento de los niños de color, los educadores blancos prácticamente parecían aceptar que se trababa de un comportamiento normal, cuando no lo era”, afirmó Gilliam. Este “cambio de estándares”, expresó Gilliam, se trata de una causa perniciosa de lo que los investigadores llaman “sesgo implícito”.

Más diferencias raciales surgieron cuando se les pidió a los sujetos leer una declaración de la situación de casa y de familia del niño rebelde, con un triste relato acerca de la ausencia del padre, una madre con exceso de trabajo, pocos recursos y un hogar caótico.

Cuando los profesores blancos leían la declaración de antecedentes y creían que describía la situación de un niño blanco, su juicio acerca de las perspectivas del pequeño para superar sus desventajas fue más amable y más positiva que cuando pensaron que el niño en cuestión era negro.

En tanto, cuando los profesores afroamericanos leían la declaración de antecedentes y creían que describía la situación de un pequeño de esa raza, juzgaron las perspectivas más amablemente que cuando pensaban que se trataba de un jovencito blanco.

A lo largo de la división entre “nosotros” y “ellos”, aseguró Gilliam, hay una brecha racial de empatía que debe superarse. "Tenemos que ayudarlos a sentir que estos niños y familias son sus niños y sus familias", dijo Gilliam. Los pequeños, especialmente los afroamericanos, pueden ser ayudados y pueden beneficiarse de las políticas y prácticas orientadas en varias direcciones, añadió.

Los programas que buscan sensibilizar a los maestros acerca de sus prejuicios implícitos y los que enfrentan a ellos son importantes, afirmó Gilliam. Pero también ayudaría  a tener prácticas que aumenten la empatía para todos los alumnos, como medidas para reducir el estrés y el caos en las aulas de preescolar en general.

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