Cómo cinco frases de una carta ayudaron a sembrar la adicción a los opiáceos en los EEUU

Cómo cinco frases de una carta ayudaron a sembrar la adicción a los opiáceos en los EEUU

Cerca de 200,000 estadounidenses murieron por sobredosis de analgésicos recetados, y un nuevo informe remonta parte de la culpa a cinco frases sencillas, escritas casi 40 años atrás.

Las oraciones, que contienen apenas 101 palabras, aparecieron en una edición de 1980 del New England Journal of Medicine, como parte de una carta al editor. En ella se describía un análisis rudimentario de 11,822 pacientes hospitalarios, quienes habían ingerido un analgésico narcótico al menos una vez. La amplia mayoría de ellos habían tolerado la droga sin incidentes, según Jane Porter y el Dr. Hershel Jick, del Boston Collaborative Drug Surveillance Program.

“Hubo solo cuatro casos de adicción razonablemente bien documentada en pacientes que no tenían antecedentes adictivos”, informaron por entonces Porter y Jick. “La adicción se consideró severa únicamente en un caso”.

En su opinión, la conclusión estaba clara: “Inferimos que, a pesar del uso generalizado de narcóticos en los hospitales, el desarrollo de la adicción es rara en pacientes sin antecedentes adictivos”.

Pero esa conclusión resultó errónea. Entre 1999 y 2015, millones de estadounidenses se volvieron adictos a los analgésicos opioides, y más de 183,000 murieron a consecuencia de ingerir medicamentos recetados. Conforme los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), hasta el 25% de los pacientes a quienes se les recetan opiáceos para tratar dolores no relacionados con un cáncer terminan peleando contra la adicción.

“La crisis surgió en parte porque a los médicos se les dijo que el riesgo de adicción era bajo cuando se prescribían opioides para dolores crónicos”, según los autores de una nueva carta dirigida a los editores del New England Journal of Medicine. La carta de 1980 fue “ampliamente invocada en apoyo de esta afirmación”, a pesar de que las cinco oraciones contenían virtualmente “ninguna evidencia” para respaldarlo.

Los autores de la nueva misiva -liderados por Pamela T.M. Leung, de la Universidad de Toronto- realizaron un análisis bibliométrico para determinar cuántas veces la carta de 1980 había sido citada por otros estudiosos. La respuesta: 608 veces, hasta el 30 de marzo de 2017.

Si dicha cifra parece alta, es porque así es. Leung y sus colegas también contaron las menciones de otras 11 cartas al editor, que se publicaron dentro de las cuatro semanas posteriores a la nota de Porter y Jick. El promedio de citas para éstas fue de 11.

Pero no se trata exclusivamente del gran número de veces que la nota de 1980 fue citada como prueba de que los analgésicos recetados no son adictivos, redactaron ahora Leung y sus colegas. Es la aceptación incondicional -a menudo engañosa- con la que esta afirmación fue repetida.

Por ejemplo, entre los 608 artículos que citaron la carta original, el 81% no mencionó que los pacientes considerados en la estadística de ‘4 en 11,882’ estaban siendo atendidos en un hospital. Su experiencia no se traduce necesariamente en pacientes ambulatorios, quienes no están bajo el control de los médicos y enfermeros.

Algunos de los informes que aludieron a la carta de 1980 lo hicieron, también, de manera bastante descuidada. Uno de los ejemplos más flagrantes apareció en un número de Seminars in Oncology, de 1994. “El Boston Drug Surveillance Program revisó los gráficos de casi 12,000 pacientes con dolores por cáncer, tratados durante una década, y halló que sólo cuatro de ellos podían ser considerados adictos”, escribió el Dr. Michael H. Levy

Fox Chase Cancer Center, en Filadelfia. De hecho, Porter y Jick no hicieron mención de lo que afligía a los pacientes en su muestra.

No fue el único caso de atribución descuidada. Entre otros que se destacaron para Leung y sus colegas se encontró esta gema de 2002, publicada en el International Journal of Clinical Practice: “El miedo a la adicción puede llevar a la renuencia del médico a prescribir”, escribió el Dr. Sian Iles, profesor asociado de radiología en la Universidad Dalhousie, en Halifax, Nueva Escocia, y sus colegas. “Sin embargo, no hay evidencia de que esto ocurra cuando se recetan opioides para el dolor”.

Nancy Kowal, enfermera practicante del Memorial Medical center de la Universidad de Massachusetts, fue aún más allá en un reporte de 1999 publicado en Nursing Economics. “Esta población con dolor, sin antecedentes de abuso, literalmente no está en riesgo de caer en adicciones”, escribió.

Leung y sus colegas observaron un aumento en las citas de la misiva de 1980 después de que OxyContin llegara al mercado, a mediados de los años 1990. Vendido por Purdue Pharma, la droga fue una nueva formulación del opioide oxicodona, que prometía aliviar el dolor durante 12 horas. Si los médicos estaban preocupados acerca de los riesgos de adicción que éste presentaba, aquí había un informe publicado en una reputada revista médica que podía tranquilizarlos.

La ley eventualmente alcanzó a Purdue Pharma y tres de sus máximos ejecutivos; en 2007 se declararon culpables de los cargos penales de engañar a los reguladores, médicos y pacientes acerca de las cualidades adictivas de OxyContin.

“Purdue aceptó la responsabilidad de las acciones que algunos de sus empleados tomaron antes de 2002, y desde ese momento hemos liderado la industria en el desarrollo de tecnologías de prevención de abuso, defendiendo el uso de programas de monitoreo de medicamentos recetados y apoyando el acceso a la naloxona; todos componentes importantes para combatir la crisis de los opiáceos”, afirmó la compañía en un comunicado.

Sin embargo, la carta de 1980 sigue apareciendo en la literatura médica como evidencia de que los analgésicos opioides plantean poco o ningún riesgo para los pacientes.

La amplia confianza en estas cinco frases ayudaron a “dar forma a una narrativa que disipó las preocupaciones de los médicos acerca del riesgo de adicción asociado con las terapias a largo plazo con opiáceos”, concluyeron Leung y sus colegas.

Cerca de dos millones de estadounidenses todavía luchan con las consecuencias.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis

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