Combate la ciudad de Santa Ana aumento de desamparados

Santa Ana lucha con aumento de desamparados en las inmediaciones del Centro Cívico

Bonnie y Dennis Smith solían acampar cerca del edificio de Hacienda de Santa Ana, hasta que la policía les dijo que se trasladen a las inmediaciones del Centro Cívico.

Así, se establecieron en una esquina de la Plaza of the Flags de dicho centro, donde pasan gran parte del día protegiendo su espacio. Cerca de otras 70 personas sin hogar también han instalado allí sus pertenencias. “Siempre nos dicen que podrían mudarnos de aquí”, afirma Dennis.

De hecho, eso podría ocurrir pronto si el Ayuntamiento de Santa Ana declara esta semana al campamento de desamparados como “una crisis de salud pública”. Los funcionarios señalan que la población sin hogar en la zona aumentó a más de 400 a comienzos de este año, y les preocupa que el complejo del Centro Cívico deje de ser un sitio seguro para los más de 15,000 trabajadores gubernamentales de la zona, muchos de los cuales se han quejado por la cantidad de orina, basura y jeringas halladas en las aceras.

Ramie Vera, un asistente legal que se desempeña para el departamento de compensación del Centro Cívico, afirmó que aún recuerda con temor una confrontación que vivió recientemente. “Un tipo se me acercó y me preguntó si estaba mirando a su novia”, cuenta. “Me quedé sin habla. Le dije que no, y él me advirtió ‘Mejor que así sea’. Fue realmente aterrador”.

En lo que va del año, la policía ha realizado más de 54 arrestos por delitos graves y 281 detenciones por delitos menores y violaciones del código en la zona, según la concejal Michele Martínez. Muchos de los desamparados se reúnen en un área comprendida entre Broadway y Flower Street, bordeada por Civic Center Drive y Santa Ana Boulevard. 

En un proyecto de resolución, Martínez le pide a la ciudad que aumente la vigilancia y el control del código en la zona del Centro Cívico, mientras que presiona a la vez para que el condado dé un paso adelante y ofrezca un plan de salud y seguridad en los próximos 30 días. Los concejales Roman Reyna y Vincent Sarmiento apoyan su propuesta.

“En lugar de que sea un problema únicamente de Santa Ana, es importante comprender que la falta de vivienda es un tema regional”, señaló Martínez en un email. “El Centro Cívico en Santa Ana es el hogar regional del condado, por lo cual éste es un problema y una cuestión de todo el condado. Santa Ana no puede resolverlo por si sola; la solución no depende de ninguna ciudad exclusivamente”.

La población de indigentes del condado de Orange se estima en 15,300 personas, aproximadamente, comparada con la cifra de 12,700 que regía dos años atrás, conforme un recuento realizado por 2-1-1 Orange County, una entidad sin fines de lucro que ayuda a los residentes con servicios de salud y humanitarios.

Los funcionarios de Santa Ana sostienen que las autoridades del condado no comprenden la urgencia del problema. La resolución de la ciudad le pide al condado que realice una cumbre acerca de la falta de vivienda, con participación de sus 34 ciudades.

En mayo pasado, la Junta de Supervisores contrató a un gerente para revisar y organizar los servicios del condado para los desamparados, y el mes último instaló baños portátiles en Ross Street, cerca del campamento. Así lo informó en un comunicado el supervisor Andrew Do, quien representa al primer distrito, que incluye a Santa Ana.

El otoño pasado, Do y sus colegas supervisores dieron el visto bueno para convertir un almacén ubicado cerca de la Autopista 91, en Anaheim, en un hogar con 200 camas que se convertiría en el primer refugio del condado y que incluiría un centro de servicios para ayudar a los ciudadanos a encontrar empleos y alojamiento permanente.

La semana pasada, Do afirmó que el condado debería transformar una antigua terminal de autobuses del centro de Santa Ana en un refugio permanente.

Bonnie Smith, quien -tal como su esposo- es nativa de Santa Ana, afirmó que fue multada recientemente por acampar en la zona. “La policía me dice que me traslade nuevamente”, comentó. “Estamos atrapados. ¿Dónde más podemos ir?”. Cerca de ella, una mujer que se identificó como Carmen G., contó que vive en el campamento hace dos años. “La gente aquí genera su propia comunidad. Nos cuidamos unos a otros; somos como una gran familia”, aseguró.

Pero Vera, el empleado del Centro Cívico, sostiene que el número de desamparados en la calle crece constantemente, y que el tema no puede resolverse pronto. Otros trabajadores señalaron que están preocupados por las drogas, la falta de saneamiento y la violencia que ven en la zona. “Solía ver las mismas caras de siempre”, dijo Vera, acerca de las personas que se congregan en el lugar. “Pero ahora hay rostros nuevos, y muchos. La población ha crecido a pasos agigantados”.

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Traducción: Valeria Agis

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