Científicos pueden decir cuándo aumenta la posibilidad de un terremoto, pero usted no quiere saberlo

Científicos pueden decir cuándo aumenta la posibilidad de un terremoto, pero usted no quiere saberlo

Es una de esas habilidades de supervivencia que uno adquiere cuando vive en una zona de terremotos: quitar el riesgo de la mente, hasta ese momento en que se siente el temblor.

Pero esta forma de negación es ahora desafiada, gracias a las redes sociales y a un pequeño esfuerzo por parte de algunos expertos en seguridad sísmica, que corren la voz e informan cuando el riesgo de un terremoto aumenta.

Los científicos sostienen que no pueden predecir cuándo ocurrirá un sismo. Sin embargo, han sabido durante mucho tiempo que el 50% de todos los grandes terremotos son precedidos por temblores más pequeños. Por otra parte, décadas de investigación muestran que los pequeños temblores que ocurren cerca de grandes fallas -tal como la de San Andrés- pueden desencadenar sismos mayores.

Por ello, cuando un cúmulo de más de 200 pequeños temblores agitaron la zona de Salton Sea hace algunas semanas, los científicos inmediatamente tomaron nota. Como los sismos -que alcanzaron magnitudes tan importantes como 4.3- ocurrieron tan cerca de la falla de San Andrés, los expertos señalaron que la posibilidad de un temblor de magnitud 7.0 o más grande sobre la poderosa falla se había incrementado significativamente, pasando del estimado de 1 posibilidad en 6,000 -el promedio para una semana cualquiera- a 1 en 100 durante esos días en particular.

Hasta hace poco, esas probabilidades llamaban poco la atención fuera del mundo sísmico. Pero esta vez, por una variedad de motivos, el aumento del riesgo explotó en las redes sociales, generando la curiosidad de muchos y una gran ansiedad por parte de la mayoría.

Esta respuesta agradó a muchos expertos en la materia, quien han luchado durante años por llegar más al público y concientizar acerca del riesgo de un temblor devastador. El cúmulo de Salton Sea, esperan, puede ser el comienzo de un mayor foco en “el pronóstico operativo de terremotos”, que implica una evaluación de los cambiantes riesgos de un sismo y compartir dicha información con el público.

“Esto es, en cierto sentido, una suerte de reporte meteorológico sísmico”, señaló Thomas H. Jordan, director del Southern California Earthquake Center, ubicado en el California Earthquake Prediction Evaluation Council. “No veo motivo por el cual la información no deba estar continuamente disponible para la opinión pública”.

La idea de los pronósticos de terremotos ha sido motivo de polémica entre los científicos. Algunos sostienen que dichos pronunciamientos no son remotamente tan acertados como los reportes meteorológicos. Otros permanecen escépticos de lo útil que pueda ser compartir estas probabilidades con el público.

Los científicos del gobierno ya trabajan en un sistema de pronóstico computarizado centrado en réplicas, que podría informar más rápidamente a los funcionarios de la alta probabilidad de un temblor luego de la irrupción de un evento sísmico, manifestó Morgan Page, investigador geofísico del U.S. Geological Survey, que también pertenece al comité de predicción de terremotos del estado.

Hay algo de astucia para explicar los riesgos sísmicos.

Los científicos saben que la falla de San Andrés sur se romperá nuevamente algún día, y los científicos creen que hace tiempo debería haber ocurrido un gran terremoto en ella. El extremo sur de la falla se quebró por última vez hace más de 330 años, y se cree que su promedio de ruptura es cada 250 a 300 años. Algunos científicos sostienen que, aun cuando la probabilidad de un gran terremoto aumenta, las chances son tan inciertas que las advertencias públicas pueden ser contraproducentes.

“Realmente hablamos de un aumento de probabilidades de ‘prácticamente imposible’ a ‘extremadamente improbable’”, aseguró Kelin Wang, científico investigador de Geological Survey of Canada, quien ha sido uno de los más escépticos en materia de predicción de terremotos. “No creo que sea muy útil”.

Pero en California, muchos científicos dicen que un gran terremoto sería tan devastador que cualquier preparativo vale la pena. “Usted y yo probablemente no llevaríamos paraguas si la probabilidad de lluvias fuera de 1% a 5%… [Pero] la consecuencia de no estar preparado para un sismo de magnitud 7 o superior en la falla de San Andrés sería muy, muy seria”, aseguró James Goltz, exdirector de emergencias sísmicas del estado.

“Más información es mejor: si compartimos completamente lo que sabemos, los rumores son menos probables”, agregó la sismóloga Lucy Jones. Las previsiones también ayudan a recordar a la gente qué deben hacer en preparación para un sismo, explicó la experta, como hablar con los niños acerca de qué hay que hacer si un terremoto corta las líneas telefónicas.

Otros consejos al respecto: asegurarse de tener agua en casa, o incluso llenar la bañera durante un día, o dos. Si la vajilla antigua de la abuela está exhibida, mejor retirarla por unos días.

También es bueno refrescar la memoria acerca de qué se debe hacer: arrojarse al piso, cubrirse y sujetarse. Además, diríjase a la tienda y compre lo necesario para sujetar las bibliotecas, estanterías y televisores a las paredes, e instale cerraduras de seguridad en los gabinetes de cocina para evitar el riesgo de lesiones mortales en la cabeza durante un temblor.

Después del cúmulo de sismos reciente, las autoridades de San Bernardino decidieron cerrar sus oficinas (inseguras en materia de terremotos) por dos días.

Algunos de los temblores más intensos han sido precedidos por otros más pequeños. En la primavera pasada, un temblor de 7.0 que sacudió el sudoeste de Japón en abril y mató al menos a 32 personas fue precedida por una serie de sismos menores.

Y en 2011, el terremoto de 9.0 que sacudió el este de Japón y provocó un tsunami devastador fue precedido 50 horas antes por un terremoto de 7,2, explicó Jordan. En esa ocasión, no se emitió ninguna advertencia de la posibilidad de un sismo mayor y un tsunami. Parte del problema fue que el modelo oficial japonés informó que un sismo de magnitud 9.0 en esa parte del mundo era imposible. Pero un modelo de pronóstico experimental, en Tokio, sí mostró una mayor probabilidad.

Italy ya ha anunciado su deseo de establecer un sistema operativo de predicción de terremotos. Y, tal como indicó Jordan en un reporte reciente, hay una razón estratégica para eso.

En enero de 2009, la ciudad medieval de L’Aquila fue sacudida con una fuerte actividad sísmica. En un esfuerzo por calmar el nerviosismo, los funcionarios del gobierno llevaron a cabo una conferencia de prensa a fines de marzo, para “tranquilizar al público”. Uno de ellos le dijo a los reporteros: “La comunidad científica nos informa que no hay peligro, porque hay una descarga constante de energía. La situación parece favorable”. La declaración fue errónea.

Dejándose llevar por la seguridad, hubo poca preocupación pública luego de que un terremoto de 3.9 se sintiera en L’Aquila, antes de la madrugada del 5 de abril. Pocas horas después, un temblor de 6.3 se desató, y más de 300 personas murieron. Entre los fallecidos estaba la esposa y la aterrorizada hija, de 9 años de edad, de un hombre que convenció a su familia de permanecer en casa durante la noche, convencido por las declaraciones oficiales. Su edificio colapsó durante el sismo principal.

Los fiscales italianos acusaron después a un funcionario y a seis miembros de la comisión asesora del gobierno por homicidio, en parte por cómo manejaron la situación antes del terremoto más grande. Las condenas iniciales de los seis comisionados fueron revocadas durante la apelación, pero la del funcionario prevaleció, aunque éste no fue encarcelado.

California comenzó a restablecer procedimientos para el pronóstico de sismos durante la década de 1980. Durante las tres décadas pasadas se emitieron cerca de 10 avisos de aumento de probabilidades. Sin embargo, ninguno de ellos captó la atención generada por el reciente cúmulo de sismos de Salton Sea. Parte del motivo es el advenimiento de las redes sociales; la gente reaccionó con su familia y amigos, compartiendo la noticia, y así un pronóstico que podría haber sido abstracto hace años, de repente pareció más real.

“La gente quiere contar con información autorizada”, afirmó Goltz. “Las personas procesan la información, la discuten con amigos… hacen una suerte de evaluación del riesgo. Y creo que, si el tema es importante para ellos, hacen algo al respecto”.

Aunque también hubo algunos problemas con el despliegue del aviso, el mes pasado. La Oficina de Servicios de Emergencia del Gobernador no publicó un anuncio en su página web hasta 39 horas después de que el primer sismo de 4.3 se desencadenara, el 26 de septiembre.

Mientras que los científicos habían dicho al estado que la probabilidad de un terremoto de magnitud 7 o superior se había incrementado, los funcionarios informaron que habían aumentado las chances de un sismo de 4.3. El U.S. Geological Survey, por otra parte, emitió un comunicado con los números correctos y publicó horas antes que el estado.

Los funcionarios modificaron la alerta tres días después de que la noticia fuera publicada en los medios masivos, después de una investigación realizada por L.A. Times.

“El protocolo es algo que siempre está en evaluación”, señaló Kelly Huston, directora adjunta de la Oficina de Servicios de Emergencia del estado. “¿Eso quiere decir que pensamos que hicimos algo mal? No. ¿Podemos cambiarlo? Siempre debemos estar atentos a una mejor manera de hacer las cosas”.

Con el auge de las redes sociales y la posibilidad de que rumores incorrectos se difundan, es importante que la información oficial se envíe con rapidez y precisión, estiman los científicos. “Ahora que las cosas se propagan tan rápidamente, es más importante todavía que la información correcta se dé a conocer y que sea a través del contexto adecuado, para que la gente entienda qué está sucediendo”, concluyó Jordan.

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