Científicos creen haber hallado los fósiles más antiguos de la Tierra

Científicos creen haber hallado los fósiles más antiguos de la Tierra

Los científicos sostienen que estos tubos de hematita de 3,800 millones de años de antigüedad representan la evidencia más antigua de la vida en la Tierra, aunque otros no están tan seguros.

Los científicos han descubierto lo que consideran los fósiles más antiguos conocidos en la Tierra, incrustados en rocas canadienses que poseen al menos 3,700 millones de años.

De estar en lo cierto, el descubrimiento sugiere que la vida en el planeta comenzó entre los 200 millones y los 500 millones de años del nacimiento del planeta, 4,500 millones de años atrás.

“Estos hallazgos muestran que la vida logró surgir y evolucionar muy rápidamente en la Tierra”, afirmó Matthew Dodd, estudiante de posgrado del University College London y autor principal de un estudio publicado este miércoles en la revista Nature.

Dodd agregó que los organismos parecen ser bastante complejos en cuanto a diseño. “Eso significa que no llegamos aún al origen mismo de la vida”, afirmó.

El descubrimiento se realizó en rocas recolectadas del cinturón supracrustal de Nuvvuagittuq, en Québec.

En 2004, científicos descubrieron que las rocas más antiguas de esa zona datan de casi 3,800 millones de años, y pueden remontarse hasta 4,300 millones de años. “Hay menos de cinco lugares en el planeta con piedras tan antiguas como éstas”, remarcó Dodd.

Dominic Papineau, un geoquímico y astrobiólogo también perteneciente al University College London y coautor del estudio, recogió muestras de roca -del tamaño de la palma humana- en el sitio en 2008, y las llevó al laboratorio para su posterior estudio.

El equipo las cortó en secciones de unos 30 micrones de ancho, lo suficientemente delgadas como para ver el brillo de la luz a través de ellas. Con la ayuda de un microscopio, los investigadores pudieron mapear los minerales en cada rebanada. Después de ello, escanearon el lado cortado de las rocas con un láser, lo cual les dio una visión aún más fina de la química interior.

Trabajos anteriores ya habían revelado que las formaciones de hierro en el cinturón de Nuvvuagittuq poseían características químicas similares a las del agua del mar. Otras pistas indicaban que se habían formado cerca de respiraderos hidrotermales muy por debajo de la superficie del océano.

En el nuevo estudio, financiado en parte por la NASA y el Consejo de Investigación de Ingeniería y Ciencias Físicas del Reino Unido, los autores identificaron tubos y filamentos microscópicos incrustados en las rocas, incluidos aquellos adheridos a formaciones de hierro. En su opinión, los filamentos parecen notablemente similares a los microfósiles en rocas muchos más jóvenes, halladas cerca de fuentes hidrotermales en Noruega y en la costa de California.

Dodd, Papineau y sus colegas también señalan que los filamentos de las rocas del cinturón Nuvvuagittuq son similares en tamaño y forma a los filamentos microbianos que se encuentran actualmente en fuentes hidrotermales de baja temperatura que están asociadas con bacterias metabolizadoras del hierro.

“Lo que vemos es un continuo bastante coherente en las formas de estos organismos, con filamentos de torsión unidos a masas de hierro”, expresó Dodd. “Esto sugiere que los organismos habrían tenido un estilo de vida similar al de las bacterias oxidantes del hierro hoy en día, y una forma similar de derivar energía”.

Dodd sabía que dichas conclusiones serían polémicas -de hecho, lo son-, por lo cual tanto él como sus coautores buscaron más evidencia para reforzar su caso de que lo encontrado representaba verdaderamente rastros de vida antigua.

Por ejemplo, determinaron que el grafito que descubrieron junto con los fósiles tenía una huella digital isotópica consecuente con el procesamiento biológico. También encontraron patrones de carbonatos circulares que se han visto en otros sedimentos de hierro con actividad microbiana.

Otras pistas de que los tubos y filamentos fueron creados mediante procesos biológicos incluyeron la presencia de gránulos dentro de las rocas, que contienen material carbonoso. Gránulos similares se asocian a menudo con fósiles con rocas más jóvenes, escribieron los autores.

Además, los investigadores señalaron que consideraron todos los escenarios conocidos y probables que podrían haber formado estas estructuras sin la ayuda de un organismo vivo. “Ninguno de ellos puede unir todos los hallazgos con una sola explicación”, remarcó Dodd. “La única que puede hacerlo es la explicación biológica”.

Sin embargo, algunos expertos no están de acuerdo. Uno de ellos es Martin Van Kranendonk, un investigador de vida temprana y director de  la Escuela de Ciencias Biológicas, Terrestres y Ambientales de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia.

“En el mejor de los casos, éstos caen en la categoría de biofósiles”, dijo, “pero yo diría que no son fósiles en sí”. También señaló que los propios autores del estudio mencionaron que las características que describen son coherentes con fósiles de origen biológicos, pero no sin cierta ambigüedad. “La realidad es que no tenemos idea de cómo se formaron las estructuras, o por qué”, expresó.

Abigail Allwood, geóloga del Laboratorio de Propulsión a Reacción de NASA en La Cañada Flintridge, coincidió con la evaluación de Van Kranendonk. “Soy escéptica sobre las interpretaciones del estudio”, afirmó.

Por ello, parece que los autores tienen más trabajo por delante para convencer a sus pares de que estos fósiles antiguos son lo que ellos dicen. No obstante, si están en lo cierto, las implicaciones son emocionantes.

Apenas seis meses atrás, otro equipo de científicos encontró evidencia de vida formada en aguas poco profundas aproximadamente en el mismo período. Si ambos hallazgos son validados, eso significa que la vida florecía en una variedad de entornos cuando el planeta tenía una décima parte de la edad con la que cuenta hoy.

“El hecho de que estos organismos hayan surgido tan rápidamente sugiere que la vida puede no ser un proceso tan complicado como pensamos”, señaló Dodd, y agregó que si la vida apareció tan velozmente en el planeta, hay probabilidades de encontrarla en otros sitios también; especialmente en Marte.

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Traducción: Valeria Agis

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