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La historia del primer boxeador de EEUU que peleó como mujer y ahora lo hace como hombre

Cuando Pat Manuel corre a lo largo de las calles de Altadena, no solo lo hace por hacer ejercicio.

Principalmente, él usa este tiempo para reflexionar sobre el camino que ha recorrido hasta ese punto, uno que fue mucho más largo y complicado que las lomas que atraviesa.

Tras conquistar cinco títulos en el boxeo amateur, Manuel está a solo meses de hacer su debut profesional.  

Ha pasado por varios trabajos “sin futuro” y ahora es dueño de una compañía de mercadotecnia digital. 

No obstante, Manuel contó que lo que más le indica que ya ha tomado el control sobre su vida es cuando se ve en el espejo cada mañana. Por muchos años, veía a una mujer incierta regresarle la mirada. Ahora ve a un hombre joven que goza de mucha confianza.

Aunque aún le queda mucho camino por recorrer en su odisea personal, su “nuez de garganta” y su desaliñado vello facial, son muestras de que va en la dirección correcta.

“Todavía pasó por instantes en donde no me reconozco. Sin embargo, la mayoría del tiempo me siento más cómodo que nunca con mi cuerpo”, dijo Manuel, quien se sometió a una cirugía de reasignación de sexo para convertirse en el primer pugilista en la historia de los Estados Unidos en competir primero como mujer y luego como hombre.

“Jamás pasó por mi mente darme por vencido. Ha valido la pena pasar por esta odisea para poder vivir públicamente como la persona que verdaderamente soy”.   

Creciendo en el área del South Bay, Manuel no sabía exactamente quién era. Sin embargo, para su madre, Loretta Butler, era obvio que sus hijas Patricia y Megan tenían algo peculiar.

“Cada navidad compraba juguetes y todos me decían, ‘¿tienes dos niños en casa verdad?’”, expresó. “Ninguna de las dos jugaba con muñecas. Ambas usaban ropa de niño”.     

Viendo hacia atrás, Butler lamenta el no haber identificado las señales que ya comenzaban a mostrar Pat y Megan, quien es gay.

“A una edad temprana, Pat exhibió señales que probablemente indicaban por lo que estaba pasando, pero yo no era lo suficientemente educada o sensata para darme cuenta”, comentó Butler. “Los hombres actúan así y las mujeres así, y tienes que caber dentro de estos moldes. Esto es ridículo porque la gente no cabe dentro de estas normas”. 

“Pat siempre ha sido hombre, solo que, al nacer, no le asignaron el sexo apropiado”.   

Finalmente decide hacer la transición

Manuel, quien es de ascendencia irlandesa, mexicana y afroamericana, realmente nunca conoció a su padre. Pero su mamá y su abuela, Patricia Jean Butler, siempre estaban cerca, apoyándolo a lo largo de su niñez y su desbalanceada carrera boxística, una que le ha dado el mismo número de lesiones y triunfos.    

Los tres compartían secretos y se respaldaban. La abuela de Manuel lo impulsó hacia el boxeo cuando él iba a la preparatoria para ayudarle a perder peso y le dio una membresía de gimnasio como regalo navideño.

Pese a que la presencia femenina era rara, Manuel se acopló de inmediato a este deporte y a su ambiente super masculino. Fue a entrenar al Commerce Boxing Club en donde pasó largas horas trabajando con Roberto Luna, quien había entrenado a tres boxeadoras olímpicas.         

Manuel iba a ser su cuarta, pero en las pruebas olímpicas de mujeres de 2012 se tuvo que retirar después de una pelea debido a una lesión de hombro. Este combate, en el cual fue derrotada ampliamente, terminó siendo su último como mujer.  

Hasta antes de las pruebas, Manuel ya había pensado en hacer la transición de mujer a hombre. No obstante, la esperanza de poder representar a los Estados Unidos en el primer torneo de boxeo para mujeres en unos Juegos Olímpicos, lo detuvieron.

Después de este suceso ya no tenía alguna razón más para esperar. En el viaje a casa, le dijo a Butler que su hija pronto se convertiría en su hijo. Espero atentamente para escuchar su respuesta.

“Dije ‘Si esto es lo que te va a hacer feliz, OK’”, recordó Butler. “Le dije que lo apoyaría en un cien por ciento en lo que decidiera hacer. Al final de cuentas, no me importa. Solo quiero que sea feliz”.  

Para Butler la transición fue natural y necesaria. Manuel empezó con la terapia de sustitución hormonal en septiembre de 2013 y en menos de cinco meses ya había subido 15 libras, ya le había crecido el vello facial y su voz ya era más profunda. 

26 meses después de su última contienda como mujer, Manuel viajó a Salt Lake City para someterse a la cirugía con la cual le removieron los senos y le formaron el pecho de manera masculina.

Su abuela pagó los casi $6,000 que costó la operación, que para este punto ya no tenía vuelta atrás. 

“Soy una persona masculina pero no necesariamente quiero ser un hombre”, dijo Manuel antes de procedimiento. “Supongo que quiero librarme de estas ataduras. Pero debido a que vivimos en un mundo en donde solo puedes ser masculino o femenina, tengo que irme al otro lado. Quiero poder competir contra hombres”.  

Su nueva realidad

Manuel indicó que ya como hombre, la mayoría de sus compañeros de sparring eran respetuosos y algunos hasta lo admiraban, sin embargo, cuando el director de un gimnasio en Carson se dio cuenta que era un boxeador transgénero, fue expulsado el mismo día.        

Y Luna, quien había estado a lado de Manuel por seis años y más de 70 peleas, también cortó su relación con él. Ninguno de los dos quiso hablar en detalle sobre las razones del rompimiento.    

“Es desafortunado. Esta situación nos puso en un lugar en donde teníamos que tomar una decisión”, expresó Luna, quien dejó el boxeo por un año después de alejarse de Pat.

“Realmente no hablamos”, dijo fríamente Manuel.

Algunos amigos ya no eran tan amigables cuando notaron su bigote. Dos potenciales empleadores decidieron que ya no tenían puestos abiertos en sus empresas después de que la mujer que entrevistaron se presentó a trabajar como hombre. 

Sin embargo, Vic Valenzuela, quien ha entrenado a varios pugilistas sobresalientes en el Duarte Boxing Club, no tuvo problemas para estar en la esquina de Pat. 

“Honestamente, él es un tipo más”, señaló Valenzuela.

El entrenador comentó que atentamente corregía a los boxeadores que se referían a Pat como “ella” mientras terminaba con su transición.  

La comisión de boxeo de California jamás había tenido un caso similar al de Manuel, entonces se demoró para otorgarle un permiso para pelear a Manuel. Pero USA Boxing, el organismo rector de este deporte a nivel amateur en el país, les dio una salida.

Cuando el año pasado el Comité Olímpico Internacional (COI) cambió sus reglas y determinó que los atletas transgénero que han hecho la transición de mujer a hombre deben de tener el derecho para competir, USA Boxing le aprobó la licencia a Manuel.    

Lo que el organismo no pudo lograr es forzar a alguien para que peleara contra él. Un rival en Long Beach se marchó del gimnasio cuando le informaron que estaría enfrentando a un peleador transgénero. Otros dos, ni llegaron hasta estas instancias. Se hicieron para atrás al darse cuenta de los antecedentes de Pat.

“Lo más duro de mi transición ha sido el tener combates ya programados caerse inexplicablemente”, comentó el púgil. “Yo y Vic hemos ido a funciones y hemos visto a rivales irse sin dar alguna explicación momentos después de que se había pactado una contienda”.  

Pelea como Pat por primera vez  

Valenzuela no mencionó nada del pasado de Manuel cuando el año pasado lo inscribió para pelear ante Adán Ochoa, de 18 años de edad, en una función del Cinco de Mayo en el South El Monte Community Center.

Con 30 años de edad en ese entonces, Manuel era el peleador más viejo de la cartelera. Y también era el único que iba a hacer historia ya que su combate a tres rounds fue el primero en la historia del boxeo en EE.UU. que fue protagonizado por un atleta que había hecho la transición de mujer a hombre.    

Pero a Manuel nunca le interesó el ser el primero en algo; solo quería sentirse cómodo.  Para él el vencer a alguien era igual de importante que poder ser él mismo.

“Es difícil explicar esto si nunca te has sentido incómodo dentro de tu propia piel. Es como si finalmente estoy viviendo mi verdad”, dijo. “Por mucho tiempo forcé una narrativa que realmente no creía simplemente porque no sentía que tenía otra opción”.   

Pat se preparó para su duelo dentro del pequeño centro comunitario haciendo sombra enfrente de máquinas dispensadoras que estaban repletas de bolsas de papitas y bebidas deportivas. Luego subió al ring para la séptima contienda de las 11 que estaban pactadas.  

Butler fue parte de una concurrencia de menos de 100 personas que mostraba algo de aburrimiento. Luciendo unos calzoncillos rojos con vivos negros y una camiseta del Duarte Boxing Club, Manuel bailó alrededor de su joven rival mientras que en ocasiones se le acercaba para lanzar un jab de izquierda o derechazo.  

Después de nueve minutos, la pelea terminó en una clara, pero poco espectacular, victoria para Manuel.

Pero, aunque el escenario no fue el más atractivo, fue un triunfo que le dio algo más preciado que un lujoso cinturón de campeonato, una medalla de oro o un cheque con muchos ceros.  

Fue un resultado que le ayudó a solidificar una nueva identidad, su felicidad y tal vez una carrera boxística.    

 Ahora su mayor rival es el tiempo

Manuel, quien cumplió 32 años el mes pasado, solo ha peleado una vez en los últimos 14 meses. Su siguiente combate está programado para llevarse a cabo más tarde en el año. Será su tan ansiado debut en el boxeo de paga a una edad cuando la gran mayoría de pugilistas ya están contemplando el retiro.   

Pero Manuel no es el tipo de persona que se hace a un lado. Mientras que Patricia ha librado una gran cantidad de rigorosas peleas como campeona amateur, Patricio apenas va empezando como púgil profesional. El desgaste del pasado ha sido reemplazado por la emoción y el entusiasmo que le produce el pensar en su futuro.  

También ha experimentado otros cambios. Tiene una novia, Amita Swadhin, de 39, quien trabaja como consultante y aboga por las victimas del abuso sexual infantil.  Manuel también ha encontrado la aceptación como un hombre afroamericano dentro de un vecindario tan diverso como su etnicidad.      

Cuando termina de correr cada mañana y sube los escalones hacia su apartamento, realmente siente que está en casa.   

“Ya finalmente soy yo mismo”, dijo Pat. “Finalmente me siento cómodo dentro de mi propia piel, aquí y conmigo mismo”. 

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