Adrián González podría terminar su era con Dodgers tras un raro final

Adrián González pegó 18 jonrones en 2016. Empató como líder de los Dodgers en carreras bateadas. Luego terminó la temporada en .784 en porcentaje de bateo con hombres en base. Hasta hace poco, era un bateador productivo en Grandes Ligas.

Pero esa historia ya parece parte de un pasado distante tras la temporada 2017. González pasó la mayor parte del tiempo en la lista de lesionados por primera vez en su carrera. Su porcentaje de bateo con gente en base fue la peor. Mientras Cody Bellinger brillaba en primera base, González se convirtió en un fantasma. No estuvo con el equipo en las primeras dos rondas de playoffs, y algunos de sus compañeros se quejaron cuando regresó a los vestuarios durante la Serie Mundial.

Ahora que los Dodgers contemplan mejorar su plantilla para 2018, el buscar un puesto para González no es prioridad alta para ellos. Andrew Friedman, el presidente de operaciones de béisbol, ha indicado que el equipo espera que González esté saludable y que pueda contribuir en la primavera. A González le deben $22.4 millones en el último año de su contrato.  

“Hay valor en hacer que las cosas sigan su curso”, dijo el gerente general Farhan Zaidi en la junta de gerentes generales el martes pasado. “Hay tipos que pueden regresar, él ha sido muy, muy bueno para nosotros”.

La flexibilidad de Bellinger, quien ha jugado las tres posiciones de jardinero, mantiene la posibilidad de que los Dodgers se queden con González. Pero la organización tiene una variedad de jardineros, incluyendo a Yasiel Puig, Chris Taylor, Joc Pederson, Enrique Hernández y Andrew Toles. Y González probablemente querrá salir de la banca.

Así que los Dodgers deben de considerar mover a González. El encontrar a un reemplazante no será fácil. Pocos equipos querrán agregar a un jugador con figuras de 10 números a su nómina, especialmente si ya está a punto de llegar a sus 36 años y viniendo de su temporada menos productiva. Hasta el ofrecer parte de su salario tiene complicaciones.  

González tiene el control de la mayor parte de la situación. Su contrato contiene una cláusula que limita la flexibilidad a los Dodgers en caso de que lo quieran intercambiar. Podría resultar en los Dodgers dando de baja a González, si es que quieren un espacio en la plantilla activa de 40 jugadores.  

La decisión puede que se tome antes de los entrenamientos primaverales. O los Dodgers podrían retener a González, como un seguro en caso de que alguien se lesione en el roster, antes de hacer un movimiento.  

Bellinger excedió las expectativas en su temporada como novato. Se esperaba que llegara a las ligas mayores en septiembre. Superó las expectativas cuatro meses antes, al llevar a la ofensiva en abril. Luego lo mandaron como jardinero y Bellinger nunca dejó las Grandes Ligas.  

González también colaboró con el surgimiento de Bellinger. En mayo, mientras los Dodgers pensaban en bajar a Bellinger para que Pederson regresara de la lista de lesionados, González se hizo voluntario como bateador designado para que Bellinger se mantuviera en el equipo. González buscaba recuperarse de las lesiones de la espalda.  

González entonces regresó dos veces de la lista de lesionados. Ninguno despertó el bate. Cuando los Dodgers le informaron en septiembre que no sería parte de los playoffs, González respondió al pedir permiso para pasar la primera parte de octubre ayudando a su esposa y su familia establecerse en Italia, donde su esposa tomará un curso para estudiar.  Los Dodgers le dieron ese permiso para irse.  

Su ausencia se convirtió en algo más notable cuando regresó durante la Serie Mundial. González comenzó a entrenar en uniforme antes de los Juegos 2 y 3 ante Houston, lo que molestó a algunos compañeros, de acuerdo a cercana. Antes del Juego 4, el mánager Dave Roberts le pidió a González que viera las acciones desde un suite.  

Los Dodgers insisten que este final raro no influirá cuando decidan el puesto de González en la plantilla. Aún si el camino lleve a darlo de baja, los Dodgers no quieren apresurarse.  

“Es importante dejar que pasen las cosas”, dijo Zaidi. “Y no dejarse llevar por el pasado reciente”.

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