Aumenta el temor a las inundaciones, mientras otra poderosa tormenta llega al norte de California

Aumenta el temor a las inundaciones, mientras otra poderosa tormenta llega al norte de California

Mientras el sur de California se recupera de las dañinas tormentas invernales, crece la ansiedad en el norte del estado ante el pronóstico de otra ronda de lluvias y nevadas que castigarían la región esta semana y agravarían aún más los tensos sistemas de control de inundaciones.

Varios sectores del norte de California ya están en vías de experimentar su invierno más húmedo en la historia, que ha incrementado la tensión sobre ríos, represas, diques y otras obras de agua en sitios como el Valle Central, propensos a las inundaciones.

“[En] casi todo el norte de California, diremos a la gente que esté preparada para inundaciones”, afirmó Bill Rasch, del Servicio Meteorológico Nacional. “No hará falta mucha agua para causar problemas… por eso se exacerbará la situación actual”.

Muchas represas del norte y centro de California están cerca de alcanzar su capacidad máxima gracias a las lluvias. Algunas comunidades sufrieron inundaciones. El agua se encontraba aún a un pie de altura en Maxwell, un pequeño pueblo rural en el condado de Colusa, al norte del estado, este sábado por la mañana. Los equipos de trabajo debieron evacuar a 100 personas en el lugar, cerca de las 2 de la mañana, debido a las inundaciones. Algunas de ellas fueron rescatadas en botes.

“Al menos 50 casas antiguas, de madera y estuco, se inundaron”, afirmó Jim Saso, sheriff adjunto del condado de Colusa. No se reportaron heridos ni lesionados.

Mientras el agua sucia y cargada de desechos pasaba por delante de su casa, Bill Barrett asentía con la cabeza y miraba una hilera de colinas a lo lejos.

“La lluvia ha caído por esas colinas anoche con mucha fuerza. Eso convirtió a la zona en una bañera”. El problema comenzó cerca de las 4 a.m. del sábado, cuando Barrett, un bombero jubilado, se despertó con un informe emitido por su radio de emergencia, ubicada en su mesa de noche. “Salté de la cama para pedir ayuda”, relató el hombre, de 80 años de edad y quien ha residido casi cinco décadas en esta comunidad pequeña y agrícola. Sacudiendo la cabeza, añadió: “Había habido inundaciones en este lugar antes, pero ninguna como ésta”.

Blanca Velásquez, de 31 años, caminaba con agua hasta los tobillos por San Francisco Street, de Maxwell, el sábado por la tarde, con un iPhone pegado a su oreja, intentando hallar señal para llamar a sus amigos y parientes preocupados. Tal como muchos otros vecinos, Velásquez se despertó temprano por la mañana con los agentes del Sheriff golpeando a su puerta y gritando: “¡Hay una inundación! ¡Salga de allí! ¡Salga de allí!”.

“Todos nos pusimos algo de ropa y botas de agua, y salimos”, relató la mujer. “Cuando eché un vistazo, las calles eran ríos”. Ella y sus tres hermanos saltaron a sus pickups y “condujeron en la oscuridad, buscando un terreno seco”. A una cuadra de distancia, dijo, “una señora flotaba por Orange Street en un bote”.

Maxwell está a unas 50 millas de Oroville, que durante la semana pasada fue escenario de un drama cuando ambos vertederos de la represa se dañaron, desataron pánico ante una posible inundación masiva y generaron la evacuación de más de 100,000 personas. Las autoridades pudieron reducir los niveles de agua en la represa esta semana, y sostienen que están preparados para las nuevas tormentas.

A medida que el sol se alzaba sobre la atestada represa de Oroville, el sábado, un trabajador realizaba la riesgosa tarea de cortar las líneas eléctricas por encima de las instalaciones dañadas, colgado desde un helicóptero. Cientos de pies más abajo, trabajadores de construcción, camiones, grúas, palas cargadoras y equipos de dragado se reunían cerca de un charco turbulento de agua turbia en el fondo de ese vertedero, preparándose para retirar montañas de escombros apiladas bajo la superficie.

A la vez, los ingenieros del Departamento de Recursos Hidráulicos del estado comenzaron a disminuir gradualmente el flujo de agua en el vertedero, de 70,000 pies cúbicos por segundo a 55,000, para dar espacio a los equipos de tareas y permitirles eliminar los cerca de 150,000 pies cuadrados de desechos.

Todo era parte de la iniciativa para bombear suficiente agua fuera del lago, absorber la corriente de las tormentas entrantes y evitar que éste desborde, como ocurrió el pasado fin de semana. Ese desborde erosionó gravemente un vertedero de emergencia y permitió el paso de desechos al fondo, lo cual obligó al cierre de una planta hidroeléctrica subterránea.

Hasta este sábado, el costo estimado de apuntalar el vertedero principal de la presa y el de emergencia, adyacente al central, se calculaba en $10 millones de dólares, según un informe al cual accedió The Times. El área seguirá bajo vigilancia el lunes, afirmó el meteorólogo Rasch.

Aunque el sur de California podría experimentar algunas lluvias dispersas este domingo y lunes, y posiblemente otra tormenta el próximo fin de semana, aguaceros tan intensos como los de este viernes son poco probables, adelantó Carol Smith, del Servicio Meteorológico Nacional. “Una tormenta de esta magnitud es algo que vemos cada cinco o 10 años en el sur de California”, explicó.

Más de 100,000 personas en todo el sur del estado quedaron sin electricidad y 50,000 residentes del condado de L.A. seguían sin servicio el sábado por la tarde.

En el condado de San Bernardino, dos carriles de la autopista Interestatal 15 cerca del cruce con la Autopista 138, en Cajon Pass, seguían cerrados el sábado luego de que una porción del camino, debilitado por el agua, se derrumbara el viernes por la noche. Caltrans estima que las reparaciones de emergencia costarán unos $3 millones.

Tres bomberos lograron escapar cuando los neumáticos posteriores del vehículo comenzaron a hundirse en la autopista antes de que ésta cediera, afirmó el capitán de bomberos del condado de San Bernardino, Mike McClintock.

Amtrak suspendió su servicio el sábado por la mañana entre Los Ángeles y San Luis Obispo, debido a aludes en el área de Santa Bárbara, afirmaron los funcionarios.

En el Valle de San Fernando, dos automóviles cayeron en un gigantesco hoyo el viernes por la noche. Un ocupante quedó atrapado brevemente pero fue rescatado ileso por bomberos de L.A.

Maggie Prvinic, quien vive cerca del pozo, narró que estaba mirando por la ventana de su departamento, en el segundo piso, cuando vio un segundo automóvil caer en el sumidero. La mujer, quien espera un hijo para dentro de dos semanas, aseguró que está preocupada por la seguridad de su edificio. “¿Y si debo evacuarlo? Tengo miedo de que el suelo sea frágil y el sumidero se expanda”, afirmó.

Autoridades de la ciudad aseveraron que el hoyo, ubicado en Woodbridge Street y Laurel Canyon Boulevard, en Studio City, fue causado por una combinación de lluvia excesiva y una posible falla de las alcantarillas. Equipos de trabajo de la ciudad y contratistas de emergencia trabajaban este sábado para rellenar el problema, lo cual podría tomar días.

Al menos cinco muertes han sido atribuidas a la tormenta. El viernes, un hombre de 55 años de edad fue electrocutado por la caída de una línea eléctrica en Sherman Oaks, y los rescatistas hallaron a una persona fallecida dentro de un vehículo sumergido, en Victorville.

Dos pasajeros perecieron en dos accidentes en la Interestatal 15, en Mira Mesa y City Heights, también el viernes, informó la Patrulla de Carreteras de California (CHP). Se sospecha que los conductores se desplazaban a velocidad rápida, precisó el oficial de CHP Jake Sánchez. “En estas condiciones, la velocidad juega un rol importante. Si uno conduce rápido es muy fácil perder el control”, aseguró.

Los rescates continuaron durante todo el viernes y sábado. La policía de Santa Ana socorrió a una madre y su hijo de 8 años de edad, que cayeron al río Santa Ana el sábado por la tarde, así como a un hombre que había saltado para salvarlos.

En Arroyo Conejo, Thousand Oaks, la policía rescató a tres hombres el viernes por la tarde y halló el cuerpo de un ahogado en el arroyo, el sábado por la mañana, informó el detective Tim Lohman. El área, un sitio habitual de senderismo, permanece cerrada durante condiciones climáticas extremas. “Cuando tenemos dos días de lluvia como estos… los ríos o arroyos son impredecibles”, afirmó Lohman. “Las aguas rápidas pueden llevarse a alguien o arrastrarlos si se acercan demasiado”.

Las órdenes de evacuación comenzaron temprano el sábado en Duarte, donde flujos de lodo amenazaban a decenas de hogares el viernes por la noche. La ciudad había erigido barreras de concreto y madera para proteger los vecindarios luego de los incendios forestales registrados durante el pasado verano, y la zona quedó vulnerable a los deslizamientos de tierra.

Sin embargo, algunos residentes decidieron quedarse.

“No hay necesidad de evacuar”, señaló Mike Shane, delante de su casa, el sábado por la mañana, mientras observaba cómo los equipos recogían la fina capa de barro que cubría su acera. “Yo quiero quedarme aquí, en mi casa y con mi perro”.

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Traducción: Valeria Agis

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