Pedro Valencia es un gran corredor en su escuela de North Hills, pero pocos saben que es boxeador profesional 

Eric Sondheimer
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Es jueves por la noche en Pacoima y Pedro Valencia tiene una camiseta roja de Monroe High, mientras baila sobre el ring, golpea una pelota repetidamente, la cual es sostenida por su entrenador.  

Con cada golpe, Valencia produce tanto ruido y energía que cualquiera que lo observaría se sorprendería con cada impacto.  

“Creo que mi mejor golpe es el golpeo al cuerpo”, dijo Valencia. “Si no los noquea, los deja más lentos”.

Con cinco pies y 130 libras de peso, Valencia pelea en la división superpluma. Tiene 17 años y acude en su último año en Monroe, quien ha mantenido sus habilidades boxísticas como un secreto en la escuela de North Hills.  

Es actualmente el número 1 en el equipo de campo a través y competirá el próximo sábado en los campeonatos City Section en Pierce College. También tiene récord de 4-0 como boxeador profesional en México. Cuando cumpla 18 años el 27 de junio, ya podrá pelear en Estados Unidos. Tiene récord de 89-5 como amateur y no ha perdido desde el primero año que comenzó a pelear a los ocho años.  

“No me gustaba cómo se siente”, dijo. “A mí me gusta ganar”.

Y ¿por qué sus compañeros no saben sobre sus habilidades boxísticas?

“Trato de no decirle a nadie”, dijo. “Mis papás desde el principio me dijeron que no le diga a nadie porque no quería que nadie me retara. Me metería en problemas si peleo. Así que lo mantengo como un secreto”.

Su entrenador de “cross country”, Leo Hernández, se dio cuenta del secreto un día. Vio que Valencia corría en la clase de educación física y le preguntó si quería unirse a su equipo de correr en su primer año. También le preguntó si boxeaba.

“Tiene la nariz de un boxeador… es chato”, dijo Hernández.  

Valencia ganó el título de “freshman-sophomore” de City Section y encontró en ese deporte el vehículo perfecto para entrenar y un deporte que le ayudaría en el boxeo. Le ayuda en su aguante y le ayuda a ser fuerte mentalmente.  

Sus compañeros del equipo de a campo traviesa le llaman “Hércules” porque se daban cuenta que era musculoso cuando no tenía su camisa, dijo Hernández.  

Al verlo entrenar con la cuerda y trabajar en el medio del ring en el Centro Recreacional de Pacoima, destaca como un adolescente determinado a trabajar y vencer a competidores. Su concentración es intensa y se puede ver en cada satisfacción y diversión, que le genera cansancio y una energía inagotable.  

“Me gusta pegar y que me peguen”, dijo. “Me gusta la adrenalina y lo que se siente después”.

Marcos Murillo y su hijo, Damon, han entrenador a Valencia desde que entró al gimnasio como un niño de ocho años. Llegó al gimnasio cuando tenía seis años, pero le dijeron que tenía que tener ocho para entrenar.

“Es alguien especial”, dijo Damon.

Entrena cinco veces a la semana en boxeo y luego corre seis a ocho millas todos los días en su equipo de a campo através. Podría competir en la competencia de la ciudad en la carrera de dos millas durante la temporada de atletismo pero no pudo competir en las preliminares debido a un compromiso de boxeo que tenía en la primavera.  

Esperemos que los estudiantes de Monroe lo dejen ser cuando esté caminando por la escuela, sabiendo que es un boxeador profesional. Le gusta sonreír, es humilde y le gusta pelear en el ring. Pero puede golpear. Vamos a verlo y admirarlo lanzar esos golpes en los próximos años.  

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