Amantes de las aves se reunieron para ver cuántas especies podían identificar en L.A. en 24 horas

Amantes de las aves se reunieron para ver cuántas especies podían identificar en L.A. en 24 horas

Como parte de la tercera edición anual del Bird LA Day, de Audubon California, un grupo cuenta especies de aves durante un período de 24 horas en la ciudad de Los Ángeles, comenzando por Griffith Park. 

 Faltaba poco más de una hora para el amanecer el sábado último cuando un pequeño grupo de naturalistas se congregó bajo las ramas de un bosquecillo de robles nudosos en Griffith Park, y luego se quedó inmóvil, escuchando atentamente las espeluznantes llamadas de pájaros nocturnos. 

Súbitamente, una serie de suaves silbidos alertó al clan de que unos búhos volaban sobre sus cabezas. En lo alto de un árbol cercano, un gran búho cornudo chilló en voz alta y profunda. El sonido fue música para los refinados oídos del biólogo Dan Cooper. 

Cooper y sus compañeros acababan de comenzar una maratónica jornada para identificar tantas especies de aves como fuese posible durante un día, dentro de los límites de la ciudad de Los Ángeles. Tenían el trabajo perfecto para ellos mientras caminaban a través de arbustos y peleaban contra el tránsito de la autopista para ir de un sitio de observación a otro en la metrópolis de 503 millas cuadradas, con forma de llave para tuberías y que es hogar de cuatro millones de personas. 

En ruta hacia la siguiente ubicación -MacArthur Park, en la bulliciosa esquina de 7th y Alvarado, cerca del centro- Cooper no bromeó del todo cuando anunció: “Si no identificamos al menos 100 especies al final del día, colgaré los binoculares”. 

La inspección se realizó en el marco de una serie de actividades llevadas a cabo el sábado en una decena de sitios en todo el condado de Los Ángeles, para celebrar la tercera edición anual de Bird LA Day (Día de los pájaros de L.A.). El evento incluyó caminatas por la naturaleza, excursiones, talleres de dibujo de aves, clases de fotografía y oportunidades de unirse a expertos de Audubon para explorar parques, terrenos baldíos, colinas y playas, en pos de sorprendentes avistamientos de las especies avícolas de la región. 

Las organizaciones participantes incluyeron a Loyola Marymount, University Center for Urban Resilience, UCLA Institute of the Environment and Sustainability, Theodore Payne Foundation, Friends of the Ballona Wetlands y el Museo de Historia Nacional del Condado de Los Ángeles. 

La extraña forma de los límites de L.A. fueron un obstáculo para los miembros del grupo, entre ellos Cooper, de 43 años; David Bell, de 50, desarrollador de software y amante de las aves de toda la vida; Teodelina Martelli, de 16 y Dessi Sieburth, de 14. Las reglas de la búsqueda les impedían contar cualquier pájaro divisado -dando zancadas, acicalándose, flotando o volando- fuera de los límites de la ciudad, incluso si estuviera a unos pocos pies de distancia. 

En general, sin embargo, fue un día abundante de aves, e incluso con algunas rarezas. Por ejemplo, la biodiversidad no es sencilla de hallar en MacArthur Park, rodeado de edificios y pavimento, y de muchas familias económicamente desfavorecidas. No obstante, un extraño ganso de Ross fue encontrado allí, mordisqueando la hierba cerca de un campamento de desamparados. “¡Notable!”, afirmó Bell, luego de que el ejemplar se acercó para picotear sus botas de senderismo. 

El condado de L.A. se encuentra a lo largo de la ruta migratoria del Pacífico, una importante vía norte-sur para las aves migratorias en el país. En la primavera y el otoño, la región atrae a millones de ejemplares que llegan del sur de California en su camino de regreso a las zonas de cría, en el norte, o para pasar el invierno, en el sur. 

El extenso desarrollo durante el último siglo ha llevado a severas pérdidas de hábitat; sin embargo, en todo el condado de L.A. se han registrado más de la mitad de las 800 especies de aves que habitan el país entero. 

Para identificar pájaros, Bell y Sieburth utilizaron telescopios para blanco de tiro y anunciaban sus especies a Martelli, quien llevó el registro de la cuenta. “Tengo un colimbo común y uno del Pacífico, un zampullín cuellinegro,

una sterna fornsteri y un zarapito trinador”, afirmó Bell, observando por el telescopio en White Point Nature Center, un tramo de tierras altas costeras con vistas panorámicas del Océano Pacífico, justo al norte del extenso imperio industrial del Puerto de Los Ángeles, con grúas de 400 pies de altura, grandes plataformas y buques cargueros de todo el mundo.

“¡Perlita californiana!”, agregó Cooper. 

En el cercano muelle de Cabrillo, un tattler errante hizo una breve pero agradable aparición en el borde de un embarcadero, donde los cangrejos se escabullían en la oscuridad mientras los ostreros negros probaban las grietas en las rocas con sus picos rojo-anaranjados. 

A media milla de la costa, pagazas piquirrojas y pardelas culinegras se movían por el aire, sobre las olas, en busca de peces. 

Otros ejemplares destacados fueron un martinete coronado y un vencejo de Vaux, divisados en Ballona Wetlands, una reserva de 600 acres cerca de Culver City y al norte del Aeropuerto Internacional de L.A. 

Pero el ave estrella fue un único chorlo gritón hallado debajo de un banco de arena en Ballona Wetlands, cerca de las 10:30 a.m. “Este pájaro playero común fue nuestra centésima especie del día”, afirmó Cooper. “Para la 1:30 p.m.  llegaremos a las 110 especies, y ni siquiera habremos buscado aún en el Valle de San Fernando. Así que no, creo que no colgaré mis binoculares”. 

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Traducción: Valeria Agis

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