Al fin en casa: el sinuoso camino de un grupo de veteranos desamparados hacia su nuevo hogar permanente

Al fin en casa: el sinuoso camino de un grupo de veteranos desamparados hacia su nuevo hogar permanente

Para Kenneth Salazar, el pasado volvió como una serie de escenas de una cronología fraccionada. La vida después del ejército estaba llena de trabajos sin futuro, y los episodios de dormir en vehículos finalizaban cada vez que el automóvil era confiscado. “Me despertaba en un vehículo frente a la casa de otras personas y me preguntaba: ‘¿Qué demonios estoy haciendo aquí?’”, relató.

Después, comenzó a dormir en un parque. Fue allí donde un trabajador social lo llevó hasta Courtyard, un refugio que abrió el año pasado en la exterminal de autobuses de Santa Ana. Allí, Salazar dormía en un colchón.

Ese episodio resultó ser un trampolín para salir del pasado. Por primera vez desde que fue dado de alta en el ejército, este hombre de 60 años tiene ahora un hogar permanente que no puede ser confiscado, como aquellos vehículos donde solía dormir.

Salazar fue uno de los 15 hombres sin hogar -casi todos ellos veteranos- seleccionados para trasladarse a Potter’s Lane, un proyecto de viviendas pionero en su estilo, construido a partir de contenedores reciclados. Allí pagará $69 dólares al mes por su unidad. El saldo de la renta mensual, de $1,259, será subsidiado.

Potter’s Lane es un ejemplo de viviendas de apoyo permanente; apartamentos subvencionados y con servicios, que brindan el respaldo que los desamparados crónicos necesitan para adaptarse a la vida bajo techo. El complejo fue financiado con una combinación de préstamos gubernamentales y privados de bajo interés, y será apoyado por subsidios de programas estatales y federales para veteranos y personas crónicamente sin hogar.

En Los Ángeles, los votantes han aprobado $1,200 millones en préstamos para ayudar a construir 10,000 unidades por el estilo. En línea con el ejemplo de Potter’s Lane, algunos de estos proyectos están siendo diseñados con contenedores de carga como elemento clave en su estructura.

Los nuevos residentes de Potter’s Lane fueron examinados por el Departamento de Asuntos de Veteranos y la Illumination Foundation, una agencia de servicios para desamparados del condado de Orange. Los 15 seleccionados cumplían con el requisito de estar crónicamente sin hogar, lo cual significa que tenían una experiencia de larga data en las calles, complicada por una discapacidad mental o física, o una adicción.

Ocho de los nuevos residentes son veteranos que fueron dados de alta con honores. Su renta es subvencionada por cupones para veteranos del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano. Dos de ellos son financiados por un programa de CalVet para ayudar a los veteranos que tuvieron dificultades para hallar hogar debido a licencias o bajas menos honorables.

Ocho más de ellos son asistidos por subsidios federales que no requieren estatus de veteranos. Sin embargo, como se da preferencia a ellos, la mayor parte lo son, explicó Steve Harding, director de relaciones externas de American Family Housing, la agencia de servicios para desamparados que construyó Potter’s Lane. “Mientras que califiquen, se quedan aquí”, afirmó.

Algunos de estos hombres tienen planeado trabajar, explicó Harding. Según sus ingresos, la porción de su renta podría aumentar. Cualquier persona que gane por encima de la norma federal deberá mudarse. Pero es una opción poco probable, remarcó el funcionario, considerando sus experiencias de vida.

Kurt Carson llegó a Potter’s Lane desde el puente East Katella Avenue, sobre el río Santa Ana. Allí vivió seis años, pero sin quejas: una perspectiva ganada por sus 14 años como infante de marina. “Vengo de sitios donde la gente hubiera matado por tener lugar bajo ese puente”, aseguró Carson. “No tenemos mucho de qué quejarnos en este país”.

Carson contó que había hablado con un trabajador social por años, alguien que, al igual que él, antes había vivido en las calles. En agosto pasado, después de que le robaran algunas de sus pertenencias, le dijo al asistente comunitario que estaba listo para salir del puente. “Él trabajó en ello desde ese momento”, reconoció Carson.

El día de la mudanza, a mediados de marzo pasado, Salazar y Carson llevaron con ellos una serie de sus pertenencias y se instalaron en sus cuartos de 480 pies cuadrados, cada uno con una cama, un tocador, una TV, un sillón, un comedor, una cocina y un armario.

A pesar de su estoicismo, a Carson le agradó mucho el complejo. “No tendré que preocuparme de que mis cosas desaparezcan”, dijo. “Tengo una puerta; puedo trabarla. No tengo que vivir con gente que grita y chilla”. También está haciendo planes para el futuro. “Creo que iré a la Administración de Veteranos y haré que me extraigan el resto de los dientes. Haré algo para conseguir unos nuevos”, afirmó.

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Traducción: Valeria Agis

 

 

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